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Si de caballos se trata, el hombre no lo disimula: es un apasionado. Sea el protagonista o no. Ricardo Kierkegaard, el flamante campeón nacional de salto, confiesa sin pudor que es un fanático de las jineteadas en Jesús María, Córdoba. "Es un espectáculo fascinante; admiro la destreza de los jinetes", comentó Kierkegaard; y siempre que los tiempos lo permiten, se acerca a Jesús María.
En su establecimiento Santa María de Giles, comparte con su mujer, Marlene Melchior, la cría de caballos deportivos del prestigioso studbook Zangersheide. Es hora de reflexión bajo los frondosos árboles del haras; mientras prepara un asado surge el inmediato recuerdo de la conquista del segundo título nacional -el primero fue el 1993-, y cuenta sus sueños y proyectos para esta temporada.
-Ganó con Rey Z, un ejemplar que había vendido hace tres años. ¿Cómo fue el reencuentro?
-Efectivamente, después del Campeonato Mundial de Salto de 2002 en Jerez de la Frontera, España, se vendió el caballo, que en aquel entonces se llamaba Prince de Revel, a una amazona mexicana, Ariana Azcarraga. Pero al llegar a México se accidentó y se cortó un 70% del tendón de Aquiles. Estuvo tres años sin competir; durante ese período prestó servicio como padrillo. A mediados de 2005, Ariana lo presentó en un concurso en Alemania; y por una de esas cosas del destino justo estaba yo en Europa, casualmente en busca de un caballo para el Campeonato Mundial de Aachen, que se hará en agosto próximo. Ariana me llamó porque lo quería vender pues se había puesto muy fuerte. Mi suegro, León Melchior, propietario del Haras Zangersheide en Holanda, me alentó para adquirirlo de nuevo. Y ahora está aquí.
-¿Cuándo llegó de nuevo el caballo a la Argentina?
-En octubre último; y no en buenas condiciones. Pude hacer sólo unos pocos concursos antes del Campeonato Nacional. Para mejorar su estado, lo llevé a nadar en el hipódromo de San Isidro. El resultado fue óptimo.
-¿Por qué le cambió el nombre...?
-Mi hijo mayor Joseph, de 5 años, dijo que el caballo era más que un príncipe, que merecía ser un rey.
-¿Pensó que podía adjudicarse el campeonato nacional?
-Fue mi propósito desde el momento en que lo compré de nuevo. Mis metas son dos: el título nacional -concretada- y tener una buena actuación en el Mundial de Aachen.
-Hace tiempo que se dice que está por retirarse de las pistas y dedicarse a la cría...
-Es posible que después del Mundial me retire. Me fascina la cría; en 2005 nacieron 147 potrillos en el haras, sin contar los ejemplares de dos y tres años, más los caballos que manda mi suegro desde Europa. Así que hay mucho por hacer.
-¿Qué le dio la equitación?
-Me ha dado todo. Muchas satisfacciones, una familia, conocí a mi mujer gracias al hipismo, tres hermosos hijos.
Kierkegaard proviene de una familia humilde y empezó a montar a los 15 años. Prefirió utilizar el dinero del viaje de egresados para hacerse socio del Club Hípico General San Martín; así empezó una carrera que lo llevó a valiosas conquistas nacionales e internacionales. Todo lo que soñó aquel muchacho que eligió la equitación a los 15 años.
10 de diciembre de 1952
Casado con Marlene Melchior. Hijos: Joseph, 5 años; Leslie, 4, y Richard, 3.
Participó en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires (1995), de Winnipeg (1999) y de Santo Domingo (2003); los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996); el Mundial de Roma (1998) y el Mundial de Jerez de la Frontera (2002).
Récord argentino de altura, 2,335 metros, con Trenk, (1992); Campeón Nacional, con Landlord Z, (1993); Campeón Nacional, con Rey Z, (2005).



