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La tragedia, llevada de la mano de la naturaleza, suele ensañarse con el hombre. El deporte no está exento de estos avatares y la ciudad colombiana de Cali lo sintió en carne propia. Anteayer, un poco después de las 16, en pleno entrenamiento de Deportivo Cali, un rayo terminó con la vida del mediocampista Herman Carepa Gaviria, integrante del plantel que participó sin fortuna del Mundial de los Estados Unidos 1994.
Fue aquélla una selección a la que el destino le mostró otra vez su mueca más trágica. Tras imponerse a la Argentina con un inolvidable 5-0 en las eliminatorias de 1993, llegó al gran país del Norte como firme candidata a hacer historia en el fútbol colombiano. No sólo se fue después de la primera rueda: a los pocos días de haber regresado el plantel a su país, fue asesinado el defensor Andrés Escobar, autor de un gol en contra ante el conjunto dueño de casa. Ahora, otra vez el luto y la consternación envuelven al fútbol colombiano y las sombras de la muerte retrotraen el vínculo con aquel equipo.
El técnico argentino Héctor Quintabani ordenó pasar a la cancha principal. Las últimas indicaciones, dos equipos y a jugar. Las primeras gotas le dieron paso a una intensa lluvia, acompañada por descargas eléctricas y un fuerte viento.
Todo ese cóctel no era más que una molestia para el trabajo táctico que pretendía realizar Quintabani. Pero lo que se avecinaba, definitivamente, estaba lejos de la imaginación de cualquiera. Todo se desencadenó cuando un rayo cayó justo sobre la humanidad de Gaviria, de 32 años, quien se desplomó sobre el suelo, fulminado en medio de una luz cegadora que iluminó por un instante todo el complejo deportivo.
"Lo vi boca abajo y pensé que era una de sus frecuentes bromas", dijo el técnico. Pero no. Todos comprendieron a los pocos minutos que se trataba de algo grave y trataron de reanimar a Gaviria. Fue inútil. El deceso del futbolista, algo que ya intuían sus compañeros, se conoció un par de horas después, en la clínica Valle de Lilí. Jaime Albarracín, médico del plantel, dijo que de la espalda del jugador salía humo y de su nariz, humo y sangre. La potencia de la descarga alcanzó al delantero Giovanny Córdoba, que permanece en la sala de cuidados intensivos de la clínica, debatiéndose entre la vida y la muerte, y a Carlos Chumi Alvarez, que fue atendido por un estado de shock del cual se recuperó. Inusual, inesperado, doloroso...
La tragedia de Gaviria ya tenía un antecedente en Colombia: la sufrió Juan Carlos Bonilla, de América, de Cali, quien tenía 19 años. Fue en 1993, y también en un campo de entrenamiento.
Los restos de Gaviria fueron trasladados hasta Medellín, donde reside su familia. El jugador actuó en Atlético Nacional, Deportes Tolima, Bucaramanga y Deportivo Cali, además de un paso por Kofu Shonan, en Japón. Estaba casado con Noemí Gamarra y tenía dos hijas.
¿Qué sucedería si en medio de un partido de fútbol en nuestro país se desata una tormenta eléctrica? “No hay ninguna indicación. Los partidos se suspenden por el estado del campo de juego, pero no por eventualidad de rayos. Ahora, si después del caso Gaviria la historia cambia, veremos”, le dijo a LA NACION el árbitro Horacio Elizondo. Se recuerda que en el golf y hockey sobre césped, la actividad se interrumpe al instante en caso de tormenta eléctrica pues los palos ofician de pararrayos.


