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Avejentado, enfermo y agotado, el legendario ajedrecista norteamericano Robert James Fischer, de 61 años, se alista para la última gran batalla en la que está en juego su libertad.
Tras la detención, el 13 del mes último, en el aeropuerto de Narita, Tokio, cuando intentaba marcharse rumbo a Filipinas con un pasaporte revocado por la embajada norteamericana, Bobby Fischer, que aún permanece en prisión, presentó una apelación para evitar ser deportado a su tierra natal. Allí lo aguardaría una condena de hasta 10 años de cárcel y una multa superior a tres millones de dólares, cifra equivalente al premio del match por el título mundial oficioso, disputado frente a Boris Spassky, en la ex Yugoslavia, en 1992, cuando pesaban embargos económicos dispuestos por la ONU a esa nación balcánica.
Ahora es el turno de la respuesta de la justicia japonesa: de esa jugada, extradición o libertad provisional, dependerá el destino del futuro del mejor ajedrecista de la historia. Sin duda, una mente prodigiosa frente al tablero, pero que alejado de los reyes y los enroques sufre paranoia. Sin disimulos, manifiesta un odio exacerbado hacia su país, las mujeres, los rusos, los negros y el pueblo judío. Bobby Fischer, el que juega para la memoria y habla para el olvido, enfrenta hoy los mismos dolores y tristezas que testimoniaron los años de infancia.
Hubo una historia oficial que toda la bibliografía ajedrecística repitió: el nacimiento en Chicago, Illinois, el 9 de marzo de 1943; que su niñez transcurrió en el marginal barrio de Brooklyn entre la limitada crianza de su mamá Regina Wender, médica suiza de religión judía, y los cuidados de su hermana, Joana, cinco años mayor; que Bobby descubriría en el ajedrez el compañero de la vida y que crecería carente de la figura paterna, porque Gerhard Fischer, un biofísico alemán, lo había abandonado cuando tenía sólo dos años.
Sin embargo, casi seis décadas después y tras la muerte de su madre y su hermana, en 1999, el FBI rompió aquel mito y reveló que un brillante científico húngaro, Paul Nemenyi, fue el verdadero padre biológico, fallecido cuando Bobby era muy pequeño. Que su madre, durante el embarazo, fue declarada enferma de paranoia y que su padre adoptivo fue, además, un espía ruso que se refugió en Chile, cuando Bobby cumplió dos años.
En la vejez, Fischer descubrió la respuesta a tantos traumas que marcaron sus años de niñez que lo convirtieron en un adolescente díscolo y con gran capacidad de ensimismamiento; tiempos en los que había abandonado el colegio porque lo aburría y una leyenda alimentaba que poseía un coeficiente intelectual superior al del científico Albert Einstein.
Misógino declarado, sólo se le conocieron amoríos de una noche. Se entregó sólo a una pasión: el ajedrez. A los 29 años, en 1972, logró el título mundial frente al campeón soviético Boris Spassky y un ejército ruso de espías, analistas y maestros que lo secundaban. Recibió las felicitaciones del presidente Richard Nixon y regresó a su patria como un héroe en tiempos de la Guerra Fría. Sin embargo, como un hechizo, cuando lo tuvo todo lo perdió o, lo que es peor, lo dejó ir.
Los casi cien mil dólares obtenidos en el Mundial los donó a una secta religiosa, la Iglesia Universal de Dios. Fue despojado del título de campeón tres años después por negarse a jugar con Anatoly Karpov y, en 1981, confundido con un vagabundo, fue arrestado en Los Angeles; por ello, en 1982, publicó su último libro, "Fui torturado en Pasadena", en el que contó la experiencia de sus días en la cárcel.
En 1992, tras 20 años de soledad, regresó al ajedrez y desafió al gobierno norteamericano. Luego, estuvo prófugo 12 años, visitó la Argentina en 1996, y más tarde se lo vio en Alemania, Suiza y Hungría. En una emisora filipina, "Bombo radio", efectuó sus peores declaraciones, negó el Holocausto, festejó el ataque a las Torres Gemelas, acusó a la comunidad judía de conspirar contra él, defendió a los nazis y soltó el peor lenguaje.
Ahora fue detenido cuando se marchaba a visitar a su hija, fruto de la relación con una china-filipina, Justine, de 22 años. Miyako Watai, presidenta de la Federación de Ajedrez Japonesa; Jean Bertrand, titular de la Federación Francesa; el ex campeón mundial Garry Kasparov, y miles de aficionados, mediante cadenas de e-mails, piden por su libertad o por la extradición a un tercer país para eludir el duro castigo de la condena en los Estados Unidos.
El futuro de Bobby Fischer está en juego, quizás, en la última partida. Aunque él ya no pueda decidir, ni siquiera, el destino de sus propias piezas.
Fecha y lugar de nacimiento:
9 de marzo de 1943, en Chicago, EE.UU.
Trayectoria:
A los 6 años jugó su primera partida; a los 8 tuvo su primer profesor, Alex Pavey; a los 15 se convirtió en el Gran Maestro más joven de la historia; a los 29 obtuvo el campeonato mundial. A los 32 años, en 1975, se retiró del ajedrez.
A los 49, en 1992, jugó su última partida ante Boris Spassky en la ex Yugoslavia. A los 61, tras permanecer prófugo durante 12 años, fue detenido en Tokio, el 13 del mes último.


