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El seleccionado femenino de hockey sobre césped está muy cerca de un desafío importante. El 20 del actual debutará ante Corea del Sur en la 9ª Copa del Mundo que se jugará en Utretch, Holanda. El conjunto nacional defenderá el subcampeonato obtenido hace cuatro años en Dublín, Irlanda, e intentará demostrar que los cambios hechos por Sergio Vigil desde que asumió la dirección técnica, en diciembre de 1996, sirvieron para borrar el fracaso del anteúltimo puesto en los Juegos Olímpicos de Atlanta.
No es fácil quitarse de encima el peso de la época en que Rodolfo Mendoza condujo al seleccionado. En ella se obtuvieron los mejores resultados de la historia en este deporte; pero desde que Vigil asumió el cargo, tomó sus propias decisiones. El seleccionado se convirtió en un lugar en el que nadie tenía las puertas cerradas, como tampoco ninguna jugadora tenía un lugar seguro.
Lo más llamativo de esta historia fueron las convocatorias de Laura Mulhall y Gabriela Liz, 40 y 36 años respectivamente. Ellas no jugaban en el seleccionado desde el torneo Premundial de Auckland `91, en el que la Argentina no se clasificó para los Juegos Olímpicos de Barcelona. La razón de la elección fue clara: eran las mejores en sus puestos.
"Para mí, -aclaró Mulhall- esta llamada fue una sorpresa. Me fui a vivir a Nueva Zelanda por seis meses en 1993 y cuando volví intenté jugar en el seleccionado, pero no pude. Entonces, emigré nuevamente. Cuando regresé a la Argentina, a fines de 1996, jugué para divertirme; la selección no estaba en mis planes. Esto es muy importante, aunque lo tendría que haber pensado más. A esta altura me pesan los dolores y tengo que pasarme la mayor parte del tiempo en el kinesiólogo".
Para la arquera, esta será la cuarta Copa del Mundo. Estuvo presente en Kuala Lumpur `83, Amsterdam `86 y Sydney `90; para Liz será el quinto; además de participar en los mencionados, estuvo en Buenos Aires `81.
A pesar de la experiencia y la extensa inactividad internacional, para Gabriela Liz, este certamen no es especial. "El estímulo es que te gusta jugar, y un mundial es suficiente desafío. Internacionalmente, seguro que es el último, pero no lo vivo como algo diferente", comentó la delantera.
Durante las giras previas, el equipo jugó 21 partidos con rivales de primer nivel. Ganaron 7, empataron 6 y perdieron 8. Aunque los resultados no parezcan optimistas, el equipo encontró su verdadero juego. "Al seleccionado lo veo bien, -acotó Liz-, pero no se lo puede comparar con equipos anteriores. Cada grupo es distinto y la época también lo es. Hoy, el ritmo de juego es muy alto y estamos a un buen nivel."
"Yo -agregó Mulhall- al equipo lo veo con posibilidades de hacerle partido a cualquiera y con un poquito de suerte estaremos entre los cuatro primeros. Holanda y Corea van a ser los rivales más difíciles; pero, a Nueva Zelanda, a la India y a Inglaterra se les puede ganar".
"Con respecto a esta preparación la diferencia más notable es la parte táctica y la comunicación entre el cuerpo técnico y las jugadoras. Ahora debemos entender la forma de juego para desarrollarla. Antes jugábamos a ver lo que hacía el contrario y a tratar de hacer un gol de casualidad. Hoy se busca el protagonismo", concluyó Mulhall.
Este es el desafío más importante de esta preparación, demostrar que romper con los esquemas es, a veces, una forma de lograr el éxito, quizá la más difícil. Sólo los resultados que obtenga este equipo en la Copa del Mundo, demostrarán que porcentaje de razón tuvo Sergio Vigil al comandar este proceso de esta manera.


