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Pasaron dos días desde que finalizó la 4a Copa del Mundo junior femenina de hockey sobre césped , que se jugó en el Estadio Nacional de Quilmes. El balance es altamente positivo, ya que la organización, en general, fue buena y, en lo deportivo, el subcampeonato obtenido por el seleccionado argentino, las Leoncitas, coronó una lucida campaña. Los puntos más salientes fueron:
Mantenerse en la categoría junior (Sub 21) implica que la base de jugadoras tiene un recambio efectivo. Si además le sumamos el hecho de que en este torneo 12 de las 18 provienen de clubes del interior, el crecimiento del deporte es todavía más interesante, ya que el hockey, tradicionalmente, se centralizó en Buenos Aires.
Pasó la 4a Copa del Mundo. El resultado, tanto en lo deportivo como en lo organizativo, no fue ideal, pero estuvo bastante cerca de serlo. Este equipo se desarmará porque todas dejan la categoría para el próximo mundial. Estas Leoncitas ya son historia, de esas que uno asocia con los mejores recuerdos.
Las Leoncitas estuvieron muy cerca de igualar la hazaña del Mundial femenino junior de Terrasa, España (1993), donde la Argentina obtuvo el único título en hockey sobre césped de su historia.
A pedido de La Nacion, Sergio Vigil, uno de los dos entrenadores del seleccionado nacional, describió, por orden alfabético, las principales virtudes de cada una de las chicas.
María Laura Aladro (18 años, Independiente, de Tandil, arquera): reacción, reflejos y, sobre todo, un apoyo vital para Angela Cattaneo.
Mariana Albarracín (20, Gimnasia, de Rosario, delantera): velocidad y, fundamentalmente, un aporte anímico esencial para sus compañeras.
Martina Arcostanzo (20, Ciudad de Buenos Aires): equilibrio y convicción para jugar en cualquier circunstancia.
María Carolina Armani (19, Los Tordos, de Mendoza, delantera): velocidad y desborde.
Victoria Baetti (19, Jockey Club de Rosario, defensora): presencia en los momentos difíciles.
Claudia Burkart (21, CASI, defensora): una muralla.
Matilde Canavosio (20, La Tablada, de Córdoba, defensora): incansable.
Juliana Carboni (20, Gimnasia y Esgrima, de Rosario, defensora): practicidad; siempre que se la requirió, aunque fueran sólo diez minutos, le aportó espíritu ganador al grupo.
Angela Cattaneo (19, Náutico Mar del Plata, arquera): seguridad e inteligencia.
Cecilia Del Carril (20, Universidad Nacional de San Juan, delantera): inventiva y talento.
Florencia D’Elia (19, Maristas, de Mendoza, volante): inteligencia táctica.
Natalí Doreski (21, Náutico Hacoaj, delantera): entrega; siempre estuvo para asistir a una compañera.
Soledad García (19, Universitario, de Córdoba, delantera): talento, grandísima capitana y el paladín de este equipo, a pesar de no estar condicionada por una lesión.
Vanina Raimondo (20, Bartolomé Mitre, delantera): lucha y tenacidad.
María Marta Reina Moya (19, Amancay, de San Juan, defensora): impasable, capaz de salir con tranquilidad de las situaciones más difíciles y de tirarse de cabeza para ganar una bocha.
Mariné Russo (21, Círculo Univ. de Quilmes, volante): explosión y despliegue.
Belén Simmermacher (18, San Isidro Club, volante): una gran promesa de buen juego, que apuntaló a las titulares, aunque estuviera fuera del campo de juego.
Lara Vargas (20, Jockey Club, de Córdoba, volante): inteligencia, pausa y manejo de los tiempos de un encuentro.



