Lindsey Vonn, la vida de una estrella del esquí después del grave accidente en el que casi pierde una pierna
Fue sometida a varias intervenciones quirúrgicas y atraviesa una larga rehabilitación; “no me arrepiento de haber sido agresiva en la pista: ser conservadora no era el plan”, sostiene
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Los días de Lindsey Vonn están llenos.
“Es mucha rehabilitación”, dijo desde una sala de conferencias en Los Ángeles.
“Me levanto a las 7.30, desayuno a las 8, de 9 a 11 hago rehabilitación en mi casa”, contó. “Hago una pequeña pausa, como algo. Voy a una cámara hiperbárica. Paso unas dos horas ahí, con descompresión, y después vuelvo y descanso un poco. Luego, normalmente, me entreno de 17 a 18.30, otra pausa, ducha, cena. Ese es básicamente mi día, todos los días, seis días a la semana. El domingo es más bien un día libre, sin un programa establecido. Pero, por supuesto, siempre voy al gimnasio por mi cuenta”.
Nada sorprendente.

Hablar con Vonn siempre ha sido una experiencia casi fantástica. Esquiadora estadounidense, ha pasado por prácticamente todas las alfombras rojas. Es una de las personas más duras que se pueden conocer. También es propensa a emocionarse cada vez que la conversación gira hacia su entrenador de la infancia y mentor de toda la vida, Erich Sailer, quien murió el pasado agosto, dos meses antes de cumplir 100 años.
También se ha caído tantas veces compitiendo en descenso sobre hielo a 130 km/h y se ha levantado para volver a hacerlo, aparentemente sin miedo, que a veces parece más una heroína de película de acción que una atleta olímpica. A estas alturas es prácticamente biónica… y aún fantasea con lo que se siente estar frente a una puerta de largada en lo alto de una montaña.

Después de su brutal lesión en los Juegos Olímpicos de Invierno de febrero, eso podría ser demasiado incluso para Vonn. No evita la honestidad al hablar de lo solitarios y duros que han sido los últimos dos meses.
Basta decir que esta no es la vida postolímpica que Vonn imaginaba a fines de enero, cuando, a los 41 años, volvía a ser la mejor esquiadora de velocidad del mundo. Lideraba la clasificación de descenso y era una de las favoritas para ganar varias medallas en los Juegos de Invierno en Cortina d’Ampezzo, Italia.

Entonces llegó la caída en Crans-Montana, Suiza, nueve días antes del descenso olímpico, un momento en el que muchos otros atletas habrían optado por protegerse al máximo. Vonn, que se rompió el ligamento cruzado anterior izquierdo, estaba buscando una ventaja, como siempre lo ha hecho.
Su equipo pensó que la temporada había terminado. Ella les dijo que no y se preparó para competir en los Juegos. Después de su última bajada de entrenamiento, su entrenador, el ex campeón de descenso Aksel Lund Svindal, que había sido escéptico tras la caída en Crans-Montana y la rotura del ligamento, dejó de serlo.

Y entonces, a los 13 segundos de su descenso en busca del oro, se fue apenas unos centímetros de más hacia la derecha en la cuarta puerta y se enganchó el brazo. Aprendió por las malas que no se trataba de una de esas puertas flexibles que los corredores golpean y superan sin mayores consecuencias en la mayoría de las carreras de la Copa del Mundo.
“Es una discusión que se va a tener”, dijo.
En una fracción de segundo, rodaba cuesta abajo sobre el hielo en una nube de nieve, esperando sobrevivir a un accidente que estuvo a punto de ser catastrófico. Se fracturó la tibia y el peroné izquierdos y el tobillo derecho. Tras la cirugía inicial, la parte inferior de su pierna izquierda se llenó de líquido.

Tom Hackett, médico jefe del equipo de esquí de Estados Unidos, que conoce bien la anatomía de Vonn por operaciones anteriores, prácticamente tuvo que abrir su pierna para permitir que los fluidos salieran y se restableciera la circulación sanguínea adecuada. De no haber sido así, Vonn corría riesgo de daño nervioso permanente y otras complicaciones, como necrosis e infección, que podrían haber dejado la pierna prácticamente inutilizable.
Luego vinieron días de inmovilidad en terapia intensiva. Un dispositivo llamado fijador externo, con clavos atravesando la piel y los músculos dañados, estabilizaba los huesos. Su equipo fue al hospital. Lloraron juntos.
Una semana y media después del accidente, voló a Vail, Colorado, a la clínica Steadman, donde Hackett utilizó un arsenal de tornillos, clavos, placas y una varilla para reconstruir su pierna.
Y entonces, finalmente, comenzó otro largo y lento proceso de rehabilitación.
“Normalmente, cuando tenés una lesión de ligamento cruzado o algo así, empezás despacio, pero después de una o dos semanas avanzás bastante”, explicó Vonn.
Este no es un proceso normal, no con huesos rotos en ambas piernas y el daño causado por el fijador externo para salvar la extremidad.
Los clavos que estabilizaban el hueso provocaron la formación de tejido cicatricial. Incluso doblar la pierna resultaba difícil. Además, Hackett tuvo que cortar tanto músculo en la última cirugía que todo quedó distendido y desordenado.
Y el tobillo de la otra pierna también estaba roto. Y todavía tenía el ligamento cruzado desgarrado.
El accidente de Lindsey

“Todo eso llevó tiempo”, lamentó. “Había muchas capas en el problema. Eso lo hacía más desafiante. Y, por supuesto, cuando el progreso es tan lento, inevitablemente también se vuelve más duro a nivel mental”.
Ha estado publicando videos de sus sesiones de rehabilitación en el gimnasio. No se necesitan piernas sanas para hacer dominadas: basta con poder agarrarse de la barra.
Aun así, recién a comienzos de la semana pasada dejó por completo la silla de ruedas. Sigue usando muletas. Tiene un andador. Su objetivo es poder dejarlas a fin de mes. Por ahora, sólo puede apoyar alrededor del 30% de su peso sobre la pierna.
Quizá pueda jugar algo de tenis este verano. Probablemente necesite usar una rodillera. No tiene ligamento cruzado en la rodilla izquierda.

“Siento que eso está todavía muy lejos como para pensarlo ahora, pero incluso si puedo hacer sentadillas en el gimnasio o salir a andar en bicicleta, voy a estar feliz”, dijo.
Está avanzando poco a poco para recuperar su vida y retomar la exposición pública que se había vuelto tan importante para ella. En las últimas dos semanas, apareció en la portada de Vanity Fair y recibió en su casa de Utah al periodista Craig Melvin, del programa “Today”. Viajó a Los Ángeles —lo cual en sí mismo ya es una señal de su recuperación— para dar entrevistas como parte de una campaña de una empresa biofarmacéutica, Invivyd.
Cuenta que hizo todo lo posible para no enfermarse antes de los Juegos Olímpicos: se aisló cuando sus compañeros se enfermaban, evitó buffets y a veces usó barbijo. Se cuidó. Y luego se cayó. ¿Se arrepiente de no haber esquiado unos centímetros más a la izquierda?
“Esa habría sido una línea más conservadora, y no era mi plan”, respondió.
Nunca lo fue.
Además, su compañera Breezy Johnson había hecho una bajada espectacular y estaba en el primer puesto al pie de la montaña. Vonn quería el oro. Siempre lo quiere. Solo había una cosa que hacer: ir a buscarlo.
La rehabilitación

Ya había estado en esa situación 16 años antes, en Vancouver. Julia Mancuso había hecho una bajada extraordinaria antes que ella. Sabía que tendría que esquiar “al límite” para superarla. Sabía dónde podía recuperar unas centésimas valiosas. Y lo hizo.
Ahora estaba en lo alto de Cortina y creía haber descubierto dónde podía ser más rápida que Johnson.
“Por eso adopté un enfoque agresivo”, explicó. “Para eso fui. Fui a ganar, sin importar quién estuviera abajo o quién saliera detrás mío. Estaba ahí y tenía toda la intención de jugármelo todo, y eso es lo que se necesita para ganar los Juegos Olímpicos. Me funcionó antes, pero lamentablemente esta vez no”.
Vonn, el 30 de marzo
¿Y ahora qué? Preguntarse si volverá a competir resulta irrelevante en este momento. Está aprendiendo a caminar otra vez. Si todo va bien, tendrá otra operación en septiembre para retirar parte del metal de su pierna izquierda. Luego, junto a sus médicos, deberá decidir la mejor forma de reparar el ligamento cruzado. Y después, rehabilitar esa lesión.
No se ve a sí misma como entrenadora a tiempo completo, como lo fue Svindal para ella el último año. Fue una circunstancia especial.
Pero vive en Park City, Utah, el corazón del esquí estadounidense. En una carrera de la Copa del Mundo, basta preguntar a cualquier corredor si tiene alguna historia sobre cómo Vonn lo ayudó: casi todos la tienen. Algunos incluso se alojaron en su casa en momentos difíciles.
Gran parte del descenso se basa en el conocimiento. Ella quiere transmitir el suyo.
Sofia Goggia, la estrella italiana que ganó el bronce olímpico en descenso, la llamó la noche anterior a la prueba en Pekín 2022. Allí, Goggia ganó la plata.
“Lo que más me entusiasma es poder ser mentora”, dijo Vonn. “Siempre estoy dispuesta a ser alguien a quien puedas recurrir si me necesitás”.
Vonn se cayó en Cortina. Podría haber perdido la pierna izquierda. No se va a ir a ningún lado.
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