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El arquero argentino dio otra muestra de solidez. Aunque no tuvo demasiado trabajo, se mostró atento y seguro en las intervenciones más complicadas, sobre todo en los centros cruzados. También reaccionó con acierto en dos remates desde lejos de Dirk Kuyt.
Se lesionó y apenas jugó 23 minutos. No tuvo problemas por su sector hasta que sintió las molestias; luego se vio algo desbordado con los intentos de Kuyt y debió ser reemplazado.
Dejó en claro su jerarquía internacional. Estuvo impecable en el juego aéreo y también casi siempre acertó en el juego al ras del suelo. Impuso presencia y aplomo cada vez que intervino y hasta supo corregir algunos pasos en falso de sus compañeros.
Nunca le pesó la responsabilidad de reemplazar a Gabriel Heinze, uno de los referentes. Se acopló a la perfección con Ayala y estuvo resolutivo y ágil en los cruces; el anticipo fue uno de sus puntos fuertes. Poco a poco creció como una alternativa más que interesante.
Fue el único que no estuvo a tono con el bloque defensivo. Al principio dio la sensación de que iba a tener problemas con Robin van Persie, pero se asentó y controló a su adversario. Su materia pendiente fue la salida con la pelota: deprolija y algo imprecisa.
Siempre al servicio del equipo, aunque jugó mejor el primer tiempo que el segundo; colaboró con la recuperación y también pasó por sorpresa al ataque, tal como marca su función utilitaria; estuvo dos veces cerca del gol, pero sus remates salieron desviados por poco.
No tuvo una marca fija porque el seleccionado holandés jugó sin enganche. Sin una referencia, se convirtió en una rueda de auxilio para los otros mediocampistas y para los defensores; se manejó con equilibrio, aunque tuvo poca salida con la pelota.
Nunca perdió la concentración; se desprendió más en el aspecto ofensivo durante la primera etapa; en la segunda, formó parte del bloque defensivo del medio campo y se cerró bien. Sin tanto lucimiento individual, su tarea cobró valor en el aspecto colectivo.
Llamativamente, se lo vio más participativo que decisivo. Entró mucho en contacto con la pelota, pero generalmente eligió los toques laterales y no marcó grandes diferencias. Trabajo aceptable, aunque fue una pieza más y no la llave del partido.
Entró frío y poco participativo. De a ratos, cuando entró en contacto con la pelota, se excedió algo con el individualismo y no siempre eligió la mejor opción para el final de las jugadas. No fue todo lo desequilibrante que se esperaba en los papeles.
Recorrió todo el frente de ataque y exigió siempre con sus gambetas; fue el argumento ofensivo más profundo y sólo le faltó algo de justeza en la definición. Nunca dejó de ser un punto de apoyo y una referencia para los mediocampistas; una amenaza constante.
Reemplazó a Burdisso y se adaptó rápido a las circunstancias del partido. Primero marcó Kuyt y cuando este fue reemplazado siguió de cerca a Ryan Babel, que le ocasionó algunos contratiempos. Pocas veces dejó espacios libres y cumplió. No tuvo salida por su sector.
No le favoreció el momento en el que ingresó, a los 24 minutos del segundo tiempo, cuando la Argentina atacó menos. Sus compañeros casi no lo habilitaron y apenas apareció con un buen pase de cabeza para Tevez.
Sólo jugó once minutos y entró por Riquelme. Intentó tener la pelota, pero sus intentos no alcanzaron para modificar el juego colectivo ni para abrir el marcador.


