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Conforman un caso atípico. De eso no hay dudas. A pesar de la diferencia de edad, el parentesco se percibe enseguida. Similares rostros delatan que ellos son hermanos. Y por eso llaman la atención del público. Stephen y Robert Ames vienen de Trinidad y Tobago, un pequeño país en el mar Caribe, sin demasiada tradición en el mundillo del golf, y ésa es la razón de que sean algunos de los más buscados por los chicos una vez terminada la vuelta. Los más jóvenes se les acercan y le gritan "ball, ball" (pelota, pelota), y ellos responden con gusto.
Para muchos sería difícil explicar cómo es que dos hermanos juegan en el más alto nivel del golf y en un mismo equipo. O no..."Si vienes de una isla pequeña, donde no hay muchos golfistas, entonces ahí entiendes por qué hay dos hermanos jugando juntos. No es tan complicado", afirma, seguro, Stephen, el mayor de ellos, de 36 años.
Se refiere a su patria, que está compuesta por dos islas ubicadas al noreste de Venezuela y que tiene poco más de un millón de habitantes. Que arroja una expectativa de vida de 68 años, y en la que el idioma oficial es el inglés, aunque también se habla español, francés y chino e hindí. La independencia del Reino Unido sólo la logró en 1962, dos años antes del nacimiento de Stephen.
Sus registros en esta Copa del Mundo son, por así decirlo, discretos.Y la explicación puede hallarse en que sólo Stephen tiene una trayectoria reconocida en las giras más importantes del mundo. Su currícula señala dos triunfos en el Tour Europeo: el Open V33, en 1994, y el Benson & Hedges International Open, en 1996. Ahora reside en Alberta, Canadá, y compite en el tour norteamericano, donde este año tuvo como mejor posición un cuarto puesto en el Compaq Classic de Nueva Orleans, en julio último.
Robert, en cambio, no sale más que a islas vecinas, como Barbados, Jamaica y Puerto Rico para disputar el desconocido Caribbean Tour. A sus 28 años, él se dedica más a aprender cosas de su hermano mayor. "¿Si es difícil jugar con mi hermano? No, nos llevamos muy bien; en realidad, en nuestra relación hay más enseñanza que otra cosa. Stephen tiene muchos conocimientos para darme. El está siempre aconsejándome y yo estoy dispuesto a recibir tanto como puedo", confesó Robert, tras una vuelta de 67 golpes (-5) y un total de 202 (-14), ubicándose en la 17a posición.
"Siempre estoy marcándole detalles, todos los que me son posibles. A veces me escucha, pero otras no", retruca Stephen. "Hay muchos jugadores de golf en mi país, pero muy pocos son profesionales. Y por eso creo que hacemos lo mejor que podemos", explica el mayor de los Ames.
En cada palabra, cada concepto de Robert sobre su hermano se nota que existe entre ellos una buena relación y casi una mirada de devoción. Se siente orgulloso de él y lo hace saber.
"Hay un buen nivel en mi país. Recibimos una vez al año un torneo del Caribbean Tour. Y jugamos en muchas islas del Caribe. Pero en términos de profesionalismo, Stephen es el único capaz de salir de ese circuito y hacer algo espectacular", cuenta Robert.
"Empezamos en forma lenta -analiza sobre el torneo-; pero cada día estamos un poco mejor. Y creo que eso es porque yo he mejorado; Stephen ha jugado siempre igual. Mis contribuciones para el equipo aumentaron con los días."
Las posibilidades de avanzar no son muchas. Ellos lo tienen claro. "Esta semana ha sido buena porque él juega mejor cuando me enseña; hace que se sienta mejor consigo mismo".
Stephen y Robert Ames conforman una historia singular, que bien valía conocerse.


