Magnus Carlsen redivivo: el éxito que nadie esperaba y lo devuelve a los primeros planos
El noruego se impuso en un certamen de ajedrez clásico, a pesar de algunas dudas
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Contra todo pronóstico, Magnus Carlsen se alzó con la victoria en el torneo Sigeman, que se disputó en Malmö, Suecia. Era la vuelta del número 1 del mundo al ajedrez pensado clásico. Que es el ritmo de juego que rige el ranking internacional, el campeonato mundial, y según el cual se otorgan los títulos.
En tiempos recientes, Carlsen había preferido los ritmos de juego rápidos, o alternativos, como el ajedrez 960. El torneo no parecía muy exigente, apenas ocho jugadores, algunos de los cuales le ofrecían a Carlsen una clara probabilidad de triunfo en la partida individual. Pero sí le planteaba algunos desafíos. Sobre todo por sus escasas incursiones en los torneos clásicos. Sus principales rivales eran Nodirbek Abdusattorov, de Uzbekistán, tal vez el jugador en mejor forma deportiva del momento, ya que venía de ganar tres magistrales de élite consecutivos, y el indio Arjun Erigaisi, consistentemente ranqueado entre el top 10 desde hace un par de años.

Luego estaba el jugador al que el propio Carlsen declaró como un desafío para él: el turco Yağız Kaan Erdoğmuş, de 14 años, que viene dando pasos agigantados hacia la élite del ajedrez mundial. Completaban la grilla el neerlandés Jorden van Foreest, el local Nils Grandelius, la jugadora china Zhu Jiner, y el promisorio joven norteamericano Andy Woodward.
Siguiendo el guion lógico, Carlsen venció previsiblemente a los tres últimos nombrados, pero, promediando el torneo, cayó vencido inesperadamente por Van Foreest. Además, como dato desalentador para él mismo, la partida que perdió fue un final teórico, de caballo y dos peones, contra torre y peón, en un mismo flanco, que, aunque requiere una precisa defensa, es considerado como tablas por los libros de finales, y por los módulos de análisis informáticos. Un tipo de final que uno piensa que otros campeones del pasado, como Capablanca o Botvinnik, hubiesen empatado fácilmente.

En general, a Carlsen se lo notaba inseguro, cometiendo más errores de lo habitual. No parecía que pudiera ganar el torneo jugando así. Era claro que su alejamiento mental y físico del ajedrez clásico le estaba pasando factura. Pero si hay algo que a Carlsen nunca le falta, que viene con él, es el orgullo competitivo, el carácter ganador. Llegó a la última ronda, medio punto por detrás de quien iba primero, Erigaisi. Por su parte, Abdusattorov se había mostrado extrañamente conformista, y aunque terminó el evento invicto, sólo ganó una partida, con lo que quedó excluido de la lucha por el primer lugar.
Carlsen, entonces, llegaba segundo, empatado en puntos con Erdoğmuş, con quien le tocaba jugar. La partida tenía morbo, porque Magnus estaba obligado a ganar, mientras que el joven turco estaba invicto y podía jugar sin presiones, dado que las tablas era un buen resultado para él. En la apertura quedó una posición igualada, que luego derivó en un final también parejo.
Carlsen empezó a hacer lo de siempre: jugar a ganar con el pecho, dando vueltas con las piezas aquí y allá, esperando el error del rival, y dejándole claro que no iba a concederle respiro, mientras hubiera alguna chance, por mínima que fuere, de crear desnivel. Así, Erdoğmuş, después de haber jugado una partida impecable a nivel defensivo, cometió un único error bajo presión. Fue suficiente. Otra vez, el hombre de la bolsa se llevó el punto entero, que le permitió alcanzar en el primer puesto a Erigaisi, que había empatado su partida, tal vez a la espera de que el noruego no ganara.
Todavía había que jugar un desempate a partidas rápidas entre ellos para definir al ganador del torneo. Pero todos los espectadores, los demás jugadores del torneo, y ellos mismos, sabían quien iba a ganar, y efectivamente así pasó. Carlsen, con más voluntad que juego, cosechó su enésimo laurel. Puede decir con presunción, juego bien o juego mal, pero gana siempre.
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