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Noche increíble debe haber vivido Marcelo Gallardo en la oscuridad del jueves; apenas unas horas antes tocó la Supercopa y sus oídos aún retenían los gritos de los hinchas, pero en el tiempo de dormir otro pensamiento ocupaba una buena parte de la almohada, ya que una horas después iba a casarse...
Sensaciones diversas se mezclaron en el día inolvidable para el volante de River, por más que todo pasa rápido para él. A las 13.30 Gallardo, de 21 años, se metió en el registro civil de San Isidro, tomado de la mano con quien minutos después sería su esposa: Alejandra Larrosa, de 21 años. Siete años pasaron desde que un beso los unió por primera vez en Merlo, por lo que la mujer de Gallardo sabe bien los presionantes horarios que impone el fútbol profesional; no debe haberla sorprendido, entonces, que el brindis en el salón Portal del Sol, en Olivos, tuviese la velocidad necesaria para que el Nº 10 volviese al entrenamiento.
"Ya me acostumbré", dijo más feliz que resignada. "Me hubiese gustado casarme de otra manera, con más tiempo para dedicarle a mi familia; pero esta era la única forma", comentó Gallardo antes de quitarse el saco y ponerse otra vez los botines.
En la ceremonia no estuvieron los restantes jugadores de River; es más, sólo Matías Biscay, ex compañero y hoy en Huracán, fue el único futbolista presente. Seguramente, será más concurrida la celebración religiosa, que se desarrollará pasado mañana, minutos después de finalizar el Apertura.
Ni tiempo para la vuelta olímpica -si River se consagra- tendrá Gallardo; ya se sabe que un patrullero lo trasladará desde Liniers a la iglesia Nuestra Señora de Fátima, en Martínez, donde la unión será bendecida.
Después llegará el momento de festejar más tranquilo en los salon de Sance Souci, en San Isidro. Eso sí, la luna de miel programada en el Caribe también depende de que River no deba jugar un desempate con Boca. Y sí River enhebra ese título, la semana de Gallardo será casi imposible de igualar.
Sí, en estas noches Gallardo tiene varios temas con que soñar.




