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A las 16.30, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, junto con el subsecretario de Deportes, Francisco Irarrázaval, y el ministro de Desarrollo Económico, Francisco Cabrera, recibió a la ajedrecista húngara Judit Polgar. "Es un gusto que estés otra vez de visita en el país", se adelantó Macri. "Siempre es un gusto estar en Buenos Aires; ésta es mi 7ª visita, vine por primera vez a los 9, en 1986", le respondió la maestra. Tras el saludo formal, Macri se interesó por la situación política en Hungría y sobre los logros de Judit frente al tablero; el líder del Pro sorprendió a propios y extraños cuando se refirió a su pasión por el ajedrez. "Entre los 15 y los 18 años me dediqué intensamente al ajedrez. Le puse mucho empeño, pero tenía un profesor de lujo, el recordado maestro don Miguel Najdorf". Esas palabras, acaso, despertaron la curiosidad de la visitante, que tras ser homenajeada con una medalla y un libro histórico de esta ciudad, le obsequió un juego y un tablero a Macri e inmediatamente lo desafió a jugar una partida. El duelo se extendió casi 10 minutos, incluso realizaron casi 15 movimientos por bando. Judit sonreía con cada jugada mientras Macri parecía cada vez más abstraído del entorno. Analizaba seriamente cada respuesta. Se notaba que quería ganar; incluso rechazó tablas en la 5ª jugada. Finalmente, Judit llevó su corcel blanco hasta casilla e6 y allí el político comprendió que no había más defensa. "No, así no se puede", dijo, y le extendió la mano a su rival.
Todavía sorprendido por el remate de Polgar, Macri se refirió al porqué de la invitación de la N° 1 del ajedrez femenino. "Todo lo que estimule a que nuestra juventud tome contacto con el ajedrez es bueno; se trata de un deporte muy formativo, ayuda a una mayor concentración a los alumnos, los ayuda a pensar, a planificar. Estoy convencido de que el ajedrez debe profundizarse en las escuelas", dijo antes retornar a su función. Atrás había quedado una batalla sobre un tablero, ahora solitario, y antes testigo de una pasión compartida.

