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Un verdadero templo del rugby como la añeja cancha del CASI los 15 jugadores de Buenos Aires se apretaron en un rito pagano en un alocado festejo futbolero: todos apiñados al borde de la asfixia y sin energías para otra cosa que no fuese abandonarse a la euforia.
Terminaban de aguantar la última arremetida de Francia -con un par de penales cometidos y no sancionados- para clausurar la tarde con el épico triunfo por 29 a 26 que sirvió para romper la hegemonía visitante (cinco victorias en los cinco partidos anteriores) y para autorregalarse una alegría que perdurará para el resto de sus vidas.
Ahora se impone rescatar el alma del éxito la razón fundamental para que al final el champagne bajase burbujeante por las entrañas de los argentinos. Buenos Aires jugó con el corazón entregó hasta lo que no tenía en cada tackle se manejó con inteligencia y temple en idénticas proporciones y con esa fuerza interior fue sobrellevando una lucha desventajosa en un rubro tan valioso como la obtención.
El line -se supone que por falta de tiempo de trabajo- funcionó con cuentagotas; en el scrum hubo complicaciones por la presión del pack francés. Sin embargo ese marcado déficit se compensó con criterio (bien Fernández Miranda) muchas agallas (nadie se reservó combustible) y algunos rendimientos individuales que encendieron los motores de la convicción (Camerlinckx y Sporleder entre los forwards y Panchi García entre los backs).
Contaron claro con la complicidad de un equipo francés que no ahorró esfuerzos para cometer penales infantiles para repartir invitaciones al contraataque con kicks increíblemente defectuosos para un seleccionado de esa categoría.
Mientras tanto Buenos Aires no se apartó de su compromiso inviolable con el tackle y la presión (su estilo de ataque) no extrañó en demasía la prematura salida del lastimado Martin -el juvenil Fernández Lobbe lo reemplazó con la solvencia de los consagrados- y Cilley castigó implacablemente la tendencia visitante a cometer infracciones en situaciones prohibidas.
No hubo caso para Francia que mostró pimienta cuando sus delanteros jugaron profundo que tuvo a Olivier Roumat como referente pero que claudicó ante su propio descontrol.
Y Buenos Aires se dio el gustazo de un triunfo histórico. Con armas bien argentinas con un Pablo Camerlinckx descomunal y con el eterno aporte de los viejos gladiadores (Loffreda Cuesta Silva y compañía) que a su manera siguen mofándose de las trabas cronológicas: poniendo el lomo y algo más...
Algunos minutos antes del partido Emilio Perasso entrenador de Buenos Aires y agudo observador del rugby nacional acertó con una reflexión: "Mirá -dijo señalando a las tribunas- aquí se respira un verdadero ambiente de rugby. En una cancha de fútbol nos perdemos todos; el alambrado nos separa y si no se llena hay mucha frialdad. Hoy es distinto es más lindo el clima". Dos horas después hubo otro encuentro con Perasso. Y realmente se coincidió en la magnífica elección del escenario porque en el venerable campo del CASI los abrazos se sucedían sin pausa sin límites para la confraternidad entre los jugadores y su público enfrascados en un interminable festejo algo caótico pero muy folklórico.
Rescatado de las felicitaciones Perasso alcanzó a decir: "Estoy orgulloso por la soberbia actitud del equipo. Este seleccionado es una realidad a partir de un grupo de hombres que comprendió el juego y tuvo la capacidad para desarrollarlo. El triunfo es para todo el rugby de Buenos Aires".
Rodeado de chiquilines se pudo conversar también con Pedro Sporleder uno de los que mucho hizo para la victoria y futuro capitán de los Pumas: "Hoy (por ayer) se vio la ventaja de mezclar a gente experimentada con jóvenes. Ese equilibrio nos permitió mantener la concentración. Y eso es algo fundamental ante Francia un equipo al que no se le puede dar un metro porque un descuido significa perder por 40 puntos. En las formaciones fijas tuvimos algunos problemas sin embargo creo que Buenos Aires creció muchísimo y lo demostró en los números".
Si se habla de gente con muchas batallas la referencia inevitable será para Marcelo Loffreda por lo que su opinión fue una de las más buscadas: "Conseguimos concretar nuestra táctica que fue mantener el control cerca de las formaciones para que Francia no tuviese espacios. Logramos que no moviesen mucho la pelota gracias al gran trabajo de los forwards. ¿Si ésta es una buena manera de despedirse? Yo ahora tengo un objetivo inmediato que es jugar para el SIC y ganarle el lunes a Alumni". Ya en el vestuario el Tano se olvidó de tácticas y se estrechó en un conmovedor abrazo con Rodolfo Michingo O`Reilly. Como en otros imborrables éxitos.
En el recinto íntimo de los ganadores se encontró a Pablo Camerlinckx el que impulsó a todos y fue abanderado de la victoria. Recién infiltrado por un golpe en la espalda el octavo de Regatas ponderó el juego de Buenos Aires y agregó: "Tuvimos presión tackle y ataque; francamente me gustó lo que hicimos pese que nos complicaron en el line. En esa formación nos tomaron el tiempo enseguida algo que marca que no hay que desmerecer a este Francia porque son buenos en serio. ¿Si jugaré el próximo sábado? Eso habría que preguntárselo a Imhoff. Me dijeron que puedo ser el N° 7. Vamos a ver qué pasa.
Ya que por allí estaba Imhoff se aprovechó para consultar al técnico de los Pumas. "Mis principales dudas para el test son la tercera línea y el pilar izquierdo. Hoy no quiero referirme a alguien en especial porque sería injusto con todo un equipo que tuvo mucho temperamento. De Francia me sorprendió la dureza en las formaciones fijas y sé que su actitud será diferente contra los Pumas. Esta victoria de Buenos Aires me alegra pero no condicionará el planteo que tengo previsto." Mientras espera por su tiempo el técnico argentino también se asoció a la fiesta.

