

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Personaje singular y pintoresco, se recuerda a Carlos Menditeguy al cumplirse treinta años de su muerte. "Charly", como se lo conocía, había nacido el 10 de agosto de 1915 en la Capital Federal y murió el 28 de abril de 1973. Menditeguy integró el histórico equipo de polo de El Trébol, ganador cinco veces del Campeonato Argentino, además de destacarse en tenis, billar, esgrima, pelota, golf, fútbol, squash, boxeo y automovilismo, su gran pasión.
// // //
El iba adelante. Lo perseguían el prestigio, la fama, el asombro. No lo alcanzarían nunca...Privilegiado física y mentalmente, Carlos Menditeguy, sin alarde, siempre buscó ser el primero en todo lo que deportivamente le proponía la vida. O a lo que sus propios amigos lo tentaban. El tiempo del país, entonces distanciado de acechanzas económicas, consentía que un representante de la clase social más alta pudiera alternar con un mecánico de taller, con el petisero de polo, con el "chico de la bolsa de palos", y entre los dos, sin protocolo, formalizaran convenios que no se escribían en ninguna parte. Pero que se respetaban a cal y canto.
Menditeguy fue el representante de aquella alquimia singular que el tiempo consentía. Lo combinación del rico y poderoso, "del sangre azul" del brazo con el plebeyo. Aquél era el que sobresalía, se mencionaba y era centro. Este, el que, sin pedir nada a cambio, complementaba al héroe para que como tal pisara el precioso escalón mayor de la idolatría popular que, a su vez, no indagaba en las peculiaridades del fenómeno.
La gente lo aceptaba porque lo necesitaba. Lo difundía porque lo hacía espejo de sus limitaciones. Y despreciando la mediocridad que no entraba en el negocio, el ídolo se erguía sobre sus condiciones de superdotado y el otro, en la propuesta lúdica de turno, confiaba en el talento natural del ganador que parecía estar adelante cuando se lo proponía.
"Charly" le proporcionó el argumento original a más de un desafío, en algún amanecer de La Biela. Cuando se lo perseguía azuzándolo para que fuera un tenista de primer nivel. Y entonces, el amanecer que se había nutrido con una interminable velada de bridge era reemplazado por el esfuerzo de pisar la cancha casi envuelta por las sombras de un demorado crepúsculo, para dominar la tierra batida y jugar con los mejores de aquel tiempo argentino. Cuando nuestro país era granero para el mundo.
Otra podía ser en el bucólico atardecer de un rincón de la Recoleta, cuando el desafío lo asaltaba tentándolo con aquel juego macho con el caballo y el campo de polo. Y reemplazar, sin pretenderlo, la figura maciza de potencia y mansedumbre del "Paisano" Andrada por el estereotipo de un nuevo jinete fino, sutil, que era el sexto hombre capaz de ganar los 10 goles grandes de handicap. Cruzado por una banda, camino de la gloria. O abrazado con ella...
Y así en el golf, ganándole al tiempo y sobrando calendario, por el año pedido un mediodía en plena reunión hípica de San Isidro, para caminar como el más dispuesto, pisando firme los 18 hoyos de la vida sana del golf, que todavía se desarrollaba como morosamente en un país que tenía baja la arboleda del británico St. Andrews y era posible acceder al hoyo trampa 14 haciendo pasar la pelota por arriba del follaje entonces corto, todavía. Esto, empezando apenas con una ventaja de 5, "que a mi juicio era un imposible punto de partida", recordado siempre por el invariable aire estupefacto de Emilio Serra.
¿Qué cosa podía hacerlo retroceder? ¿Qué actividad podía poner freno a su astucia para encontrarle la vuelta al secreto más escondido, desnudándolo a su inteligencia naturalmente desenfadada?
¿Los más duros caminos de cualquier parte? ¿Los más complicados circuitos? ¿Las más diversas cilindradas y modelos? Nada le impedía ser un privilegiado discípulo de Fangio en las ráfagas del tiempo que le dedicaba al automovilismo aterciopelado del monoposto, porque como advirtiendo que su tiempo iba a ser inexorablemente poco, "Charly" quería hacer de todo. Con todo.
Carlos Menditeguy, con sus virtudes y defectos, resultará ser para siempre un interlocutor apreciado e inolvidable, aunque por inercia se sostenga todavía que moría el sábado 28 de abril de 1973; uno aún lo tiene al lado, porque los notables perduran. Trascienden. Son referentes a perpetuidad. Por eso viene del siglo XX, cuando deporte era "sport". Y atleta, un ejemplar distinto que burilaba la naturaleza, seleccionándolo como ejemplo.
Aquí está. En el nuevo siglo. Con su sonrisa leve de triunfador. Con su aire distinguido de "sangre azul". Y con su leyenda escrita por una memoria agradecida. ¿Quiere saber más? Aquí no hay lugar para epitafios...


