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BERLIN.- Por sus encantos y atracciones de todo tipo, ésta es una ciudad para no perderla. Pero ¡cuidado, mucho cuidado con perderse en ella, porque debido a su vorágine el peligro está siempre presente y aumenta, como es lógico, los fines de semana, a partir de la tarde de los viernes!
Jugadores y simpatizantes de la selección que lleguen aquí deberán tomar en cuenta que se encontrarán con un ambiente tan amable y correcto como son en las formas todos los ambientes de este país, pero algo hostil, dadas las circunstancias, detrás de eso.
Al regresar de Leipzig en la madrugada de ayer, grupos desencajados de hinchas alemanes que advertían por la credencial de la FIFA colgada como un amuleto del cuello LA NACIONalidad argentina del cronista se deshacían en todo tipo de ásperas afirmaciones sobre el destino que aguarda en la capital a los hombres de Pekerman.
Para enfrentarlos, es necesario mantener la cabeza fría. Resultarán inútiles tácticas como la elegida en su momento por el jefe comunista ruso Nikita Khruschev, que dijo: "Prefiero tener veinte millones de alemanes de mi parte antes que setenta millones en contra", y dividió a Alemania en dos, con las horribles consecuencias conocidas.
Habría que averiguar si los 40.000 mexicanos ya se fueron, y si ha quedado alguno, pedirle apoyo y asistencia terapéutica camino del estadio, puesto que ningún alemán, ni del Este ni del Oeste, ni de la izquierda ni del neofascismo, aceptará respaldarnos en esta circunstancia. Se abrazarán, como siempre, a las reglas, pero como son reglas que inventaron ellos siempre hay algún recoveco que el visitante no entiende o no domina.
No por nada, en los juegos infantiles con prendas se manda a los castigados a Berlín. No por nada se llama Berlín la calle circular de la que sólo los elegidos salen, en el corazón del laberíntico barrio porteño de Parque Chas. Minuciosamente alimentado y adiestrado, el Minotauro berlinés aguarda a nuestros valientes jugadores y a nuestro bravo técnico en el Mitte (es decir, en el centro), camino del Olympia Stadion, hacia el Jardín Zoológico o hacia la Isla de los Museos.
¡Cuidado, Pekerman! No se resuelve la desorientación tomando cualquier taxi. Cuestan caros, a veces no sirven y hay que estar listos para dar explicaciones complejas. Existe en Berlín una calle llamada Néstor, otra llamada Kirchner y otras dos llamadas Niederkirchnerstrasse, lo que significa "cerca de la calle Kirchner". Al ordenarle al taxista que nos conduzca a la Niederkirchnerstrasse, seguramente nos dirá: "Claro, es la que está en Potsdam Platz", y hay que tener el carácter necesario para replicar: "No, yo voy para otro lado, para el lado de la calle Friedrich "
Que nadie nos lleve por las narices; que nadie nos maree. Como consecuencia de la fusión de barrios en un solo "gran Berlín", hecha en 1920, esta ciudad, de más de 80 kilómetros de largo, tiene decenas de nombres repetidos. Hay, por ejemplo, cinco Bismarckstrasse, tres de las cuales están muy próximas. La propaganda del hotel Arte Luise, que está en la calle Luisenstrasse número 19, dice así: "¡Cuidado! En Berlín existen cuatro calles que llevan el nombre de Luisenstrasse. La nuestra es la única de ellas que está en el centro".
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Hay que adoptar una estrategia clara, ya sea defensiva u ofensiva. Cuando preguntemos cuál es el camino que lleva al estadio, nuestra desconfianza debe ser mayúscula si nos sugieren que consultemos en el mapa. No es seguro, pero hay una probabilidad muy alta de que estén buscando que nunca lleguemos. Llegar a las semifinales por despiste del equipo adversario, amigos de Alemania, sería una cosa fea.
Pero los planos y los mapas de Berlín son muy competitivos; tienen la idea de un desafío a la ignorancia ajena. Entender con qué concepto fueron trazados le daría a nuestro entrenador pistas sólidas sobre la mentalidad del rival que, una vez reveladas, lo dejarían sin defensa.
Esto, en otras palabras, significa: "Descubrir cómo piensa el rival es la mejor manera de vencerlo". Aclarado este oscuro pasaje, diremos que en los planos de Berlín está Berlín entera, y es probable que eso, que es todo, resulte demasiado. Ninguna de las cien mil informaciones que contiene incluso el mapa más pequeño se destaca de las otras. Paradas de taxi, aeropuertos internacionales, teatros, shoppings, iglesias, parques, pasajes, oficinas de correo y líneas de colectivos están indicados en el mismo tamaño. Nada de un "usted está aquí" destacado con un círculo rojo en los planos callejeros a la salida del subte. Se ven miles de números, de códigos, de letras, de siglas, eso sí, aclaradas en pequeños recuadros laterales.
Sólo es posible llegar a la meta, piensa el alemán, si uno está acostumbrado a no descuidar ningún detalle, pues para eso ha reflejado científicamente en un papel la auténtica complejidad y la verdadera multiplicidad de la vida. El genio consiste en saber descifrar ese caos dibujado, pero ¿qué pasa cuando alguien les sacude bien el mapa y mezcla así sus curvas, diagonales y estaciones, sus números, sus letras y sus ríos?
Si José encuentra respuesta a esta pregunta, se irá seguramente el viernes por la noche de Berlín sin haberse perdido.


