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Carreras de largo aliento son las que caracterizan a Sandra Edith Torres Alvarez. Simpática y tenaz, esta cordobesa nacida hace 29 años en Villa Giardino será la segunda atleta argentina en competir en la maratón en los Juegos Olímpicos. Una prueba clásica por disputarse en el lugar donde tuvieron su origen los Juegos, algunos siglos a.d.C.
Torres Alvarez fue designada el 24 de abril último por la Confederación Argentina de Atletismo para correr esa distancia en Atenas. Su pasaje lo logró un par de semanas antes en Santa Rosa, La Pampa, cuando corrió los 42.195 metros en 2h40m43s, cumpliendo la marca mínima "B" de la Federación Internacional (IAAF), que la fijó en 2h42m.
Su antecesora fue Griselda González, que en Atlanta 96 terminó en el 39º puesto. Cuatro años después volvió a participar en la agotadora prueba en Sydney 2000, pero en representación de España.
Casada en diciembre del año último con otro maratonista, Diego López, quien es su entrenador actual junto con Manuel Rivera, Sandra aspira "a estar entre el 30% de las primeras maratonistas, en una prueba que será muy exigente por la alta temperatura y el itinerario".
"Hasta ahora corrí cinco maratones, de las que gané cuatro y fui cuarta en la restante, todas en cinco años", le cuenta a LA NACION, con cierto orgullo, tras una sesión de musculación en el Cenard.
–¿Cuáles son las claves de una maratonista, además de las condiciones naturales que tiene que tener?
–Mantenerse física, técnica y psíquicamente en forma, ser disciplinada con los planes de entrenamiento y tener constancia. Creo que tengo esas condiciones y por eso digo siempre que yo nací para correr maratón.
–¿Cómo es, hoy en día, una semana de trabajo para vos?
–Trabajamos en doble turno. Los lunes, gimnasio; los martes, pista; los miércoles, carrera continua por la mañana y gimnasio por la tarde; losjueves, igual que el martes y los viernes, igual que los lunes.
–¿Cómo sigue la planificación?
–Ahora nos vamos a trabajar a Pampa de Achala, Córdoba, tres semanas, a una altura de 1250 metros y luego a Cachi, Salta, a 2480 metros. Cuando baje al llano se verán los resultados.
Cuenta que por semana está corriendo cerca de 150 kilómetros, pero que llegará pronto a los 200 "para estar a punto para Atenas". De su infancia relata su pasión por otro deporte, el ciclismo, que aprendió a querer por imitación de sus hermanos, Walter y Guillermo. Pero ahora, su hobby fuera de las competencias oficiales, está en el tenis y la música, en el relax de su casa porteña.
El principal apoyo económico está sustentado por la Secretaría de Deporte de la Nación, de la que percibe una beca de 300 pesos. "Pero recibo otras colaboraciones de particulares. Mi designación me abrió algunas puertas...", admite la cordobesa.
Torres Alvarez está en espera de los Juegos Olímpicos que soñó desde niña y, mientras tanto, sigue devorando distancias en entrenamiento. Quiere superarse en forma permanente y a su lado tiene un gran apoyo, su esposo Diego López, con quien habla el mismo idioma en todos los sentidos. Todo sea por cumplir con esa ilusión de largo aliento que cobija en su alma desde pequeña.


