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Habla y casi no se la escucha. No le gusta sentirse observada, estudiada, preguntada. Al menos, no ante la prensa. No hay en ese rasgo, empero, un atisbo de soberbia ni de altanería. Georgina Bardach se excusa. "Lo que pasa es que soy muy tímida. Y ahora estoy hablando un montón. Antes no sabés lo que era..." Cuesta imaginarlo, por cierto. Las palabras no le salen con facilidad a esta nadadora, probablemente la mejor de la actualidad en la Argentina.
¿Dónde se siente cómoda? En el agua, porque es ahí donde desarrolla lo que le gusta hacer a esta chica de 20 años, pero que parece algo menos de los que tiene. Y en Córdoba, su ciudad, también está a gusto. "No me gusta venir a Buenos Aires."
Sin embargo, no es una típica cordobesa. ¿Escuchás cuarteto, la Mona Giménez?, se le pregunta. "Nooo, nada que ver. Me gustan Red Hot Chili Peppers, Coldplay y, de acá, Babasónicos y Juana La Loca. Todos me preguntan lo mismo, pero el cuarteto sólo me gusta para divertirme", dice y sorprende.
Bueno, pero seguro estará entusiasmada (o dolida, según el color de la camiseta) por este buen presente de Talleres, se la inquiere. "No, yo soy hincha de River. Si me insistís, tengo alguna simpatía por Belgrano, pero nada más."
Definitivamente es atípica Georgina Bardach. En todo aspecto. En el personal, por ejemplo, porque es la mayor de los cuatro hijos del matrimonio de Jorge y María Adela (Jennie, de 19; Ignacio, de 16, y Victoria, de 12), pero siempre las responsabilidades las tuvo Jennie. "Cuando salimos, ella es la que lleva las llaves o la que tiene las obligaciones. Yo soy muy desbolada", admite.
En lo deportivo, también va en contra de la corriente. Porque a cuatro meses de los Juegos, ella dice que no sueña con Atenas. Una frase repetida por buena parte de sus colegas, pero que ella no acuña. ¿Cómo es eso?
"No es que no tenga enormes expectativas. Las tengo. Pero yo aspiro a meterme en una final en Atenas; ésa es mi meta principal. No puedo hablar de una medalla; no me quiero adelantar, porque no tengo la madurez ni la técnica ni la mentalidad para eso. Soy muy joven todavía. Me quiero tomar las cosas con calma, no a la ligera. Por eso yo siempre digo que mi gran objetivo es Pekín 2008, donde ahí sí creo que estaré en condiciones de subirme a un podio", explica con claridad. Asombra su pensamiento, ante un contexto que parece desconocer que hace falta un par de ciclos olímpicos para llegar a la cima. En una sociedad que reclama éxitos a corto plazo.
Dice que le falta crecer, pero sus palabras sorprenden por la madurez. No saca los pies de la tierra. No quiere apurar sus pasos, a pesar de que ya tiene una enorme experiencia encima: en julio de 2003, en Barcelona, se convirtió en la primera nadadora de nuestro país en meterse en la final de un Mundial de piscina larga. Un logro que ni siquiera José Meolans alcanzó.
"Me moría de los nervios antes de la final. No sabés lo que era. Yo pensaba que iba a ser muchísimo más fácil estar entre los ocho mejores, pero cuando llegué y vi el nivel que había me di cuenta de que estaba equivocada", cuenta. Aquella vez, terminó 7ª en los 400m combinados, su prueba preferida. En Atenas también participará en los 200m mariposa.
"Sí, aquello fue una experiencia increíble. Y sé que fue una buena prueba de que estoy bien para los Juegos. Allá estaban los mejores y se supone que en Atenas podría darse lo mismo."
Los minutos, la charla, van animando a Bardach. Más desinhibida cuenta que está feliz con lo que hace. "Me encanta la vida que llevo. Vivir de lo que te gusta: viajar, conocer gente, pero sobre todo competir. La competencia, esa adrenalina que sentís antes de una final, es lo que más me atrae. A veces no recorro las ciudades que visito para quedarme viendo competencias."
Disfruta todo eso, por el momento. Pero ya sabe, a pesar de su juventud, que no le gustaría estar ligada al deporte toda su vida. Quiere estudiar gastronomía. Mientras tanto, se divierte. Y más, si el viaje lo comparte con Florencia Szigeti, mendocina, su gran compinche, residente desde hace un par de años en Arizona. "Con la Negra nos entendemos con sólo mirarnos. Tiene el mismo humor que yo", explica de Szigeti, que también está clasificada para los Juegos.
Georgina Bardach será protagonista en Atenas. A pesar de que ella sabe que apenas está comenzando su crecimiento. Ojalá ella sea la muestra de un éxito basado en la sensatez y el trabajo a largo plazo.
Desde hace varios años, José Meolans se convirtió en la gran atracción de la natación argentina. Sus triunfos en Copas del Mundo, sus récords y su título mundial en Moscú 2002 (piscina corta) lo elevaron a la categoría de estrella del deporte nacional. Y su charme, lo convirtió en una celebridad, incluso, más allá de su actividad.
Quizá por la luz que irradia la figura de Meolans, le quitó relevancia a varios éxitos de Georgina Bardach, con apenas 20 años. Ella también ostenta varias marcas sudamericanas, fue medallista en Moscú 2002 y hasta consiguió algo que ni el propio Meolans logró: se metió en la final de un Mundial de piscina larga, en Barcelona, en julio de 2003. Pero la repercusión no fue la misma.
-¿Sentiste en algún momento que tener a José Meolans por delante te resultaba negativo en ciertos aspectos?
-No, para nada. Nunca lo sentí así. De hecho, creo que es muy bueno que José sea una figura, porque hizo que todos se fijaran en la natación, que hasta entonces estaba olvidada. En realidad, está bueno que él sea la estrella, porque en las fiestas o en otros lugares, todos lo van a ver a él. Así me evita tener que atender a los periodistas.
Se ríe Bardach por su broma; de ella misma y de su timidez. Pero después reconoce que sí hay un aspecto en el que es complicado vivir a la sombra de Meolans. "Y... se hace difícil conseguir sponsors, él se los lleva a todos", admite con otra sonrisa.
Sin embargo, reconoce que ella se las ingenia para conseguir apoyo, que va desde la Agencia Córdoba Deportes hasta Lumilagro, pasando por Loma Negra y Solidaridad Olímpica, un programa especial del Comité Olímpico Internacional. "Sí, es verdad, todo eso me ayuda. Pero a veces te obliga a cumplir con ciertas cuestiones de formalidad que no me gustan del todo, como venir a Buenos Aires. Pero bueno... vale la pena."




