Newell's y Central prometen fútbol

Fernando Pacini
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24 de julio de 2015  

El clásico de Rosario es especial. Tiene singularidades que lo distinguen del resto de los clásicos. La atmósfera que se construye durante meses en la ciudad llega a su punto máximo. El riesgo de tanta presión siempre ha sido que basta con una chispa para que se produzca un incendio. Pero cuando esa locura no se apodera del clásico, entonces es una verdadera fiesta, un símbolo exagerado de la pasión por el fútbol que tenemos los argentinos.

Tanto Newell's como Central llegan en buena forma, con propuestas claras, entrenadores audaces y algunos muy buenos futbolistas. Es que en Rosario, y en toda esa zona, basta tirar una semilla en la tierra para que nazca un jugador. Siguen naciendo futbolistas, ¡y gambetean! Eso si que es escaso en el mundo.

Newell's ha decidido recuperar el rumbo del que se había apartado momentáneamente sólo por algunos resultados adversos. Con lo costoso que es identificar a una institución con un estilo, los contratiempos y las transiciones también deben entenderse como parte del crecimiento y no como una señal de cambio de modelo. La designación de Bernardi viene a corregir la hoja de ruta.

Tan sólo lleva dos partidos en el cargo, pero ya deja ver sus intenciones futbolísticas, con jugadores consagrados aún vigentes, pero con la necesidad de insertar paulatinamente a otros que despuntan para atenuar las irregularidades propias de las transiciones. Le toca a Bernardi gestionar esa mezcla, y lo hace jugando al fútbol, volviendo a poner la pelota como centro y optando por la audacia en lugar de la cautela, receta siempre más cómoda y menos atractiva.

Central también es un equipo emocionante. Juega con determinación y sin descanso. Tiene un poco de todo: corazón, músculo y talento. Cuando el talento y el corazón gobiernan al músculo, el equipo te levanta de la silla, juega, ataca y martilla. Cuando el músculo decide por encima de la comprensión, es cuando pierde un punto de claridad, disimulado por una energía inagotable y contagiosa.

Marco Ruben es, probablemente, el mejor delantero del torneo. No se va jamás del partido, siempre ofrece profundidad, desmarca, tira diagonales... Participa en todo el juego de Central y se vuelve indetectable para las defensas rivales. Delgado y Jonás Aguirre suman virtudes al ataque. Y desde luego, Franco Cervi. Cualquier descripción breve de Cervi es insuficiente; merece una nota completa.

Tanto Newell's como Central tienen ataques muy calificados, con variedad de recursos colectivos e individuales. Sobresalen por ese vínculo natural de muchos futbolistas con el juego. Pero también son equipos bien estructurados en defensa, acaso porque con tanto ataque se defiende con más riesgos pero mejor.

¡Que nada impida que Newell's y Central jueguen al fútbol, y que nadie se interponga! Cada cual en su sitio, y en paz. Estos dos equipos se merecen este partido. Hay tensión deportiva, equivalencias y entusiasmo. Vale la pena disfrutarlo, sin romper nada, entregándose a un espectáculo fascinante.

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