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Luciana Aymar se mira al espejo y se reconoce como una de las guías de las Leonas, que hoy debutarán ante Alemania en el Champions Trophy; frente al recambio y con tanta sangre nueva, ella encarna naturalmente, con su talento, el papel de líder.
Lucha Aymar, de 29 años, que partió en dos la historia del hockey femenino argentino, siente lo mismo que otras experimentadas: la necesidad de acceder a la final en Quilmes después de cinco años fluctuando entre el tercer y cuarto puesto en certámenes internacionales. ¿Podrán lograrlo las más grandes, acompañadas de muchas jugadoras que no superan los 22 años?
"Las chicas nuevas nos transmiten una motivación distinta, un incentivo, sus ganas de dar todo porque se trata de su primer torneo. Esta sensación ayudará para que nos vaya bien", comenta la jugadora rosarina.
-¿Qué es lo que buscan en el Champions Trophy?
-Nos hace falta una final. A todos: a las jugadoras y a la gente que nos sigue. Nadie lo dice, pero internamente nos duele, porque entre los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y el Mundial de Perth 2002 éramos un equipo que llegaba a todas las finales. Hace rato que no sucede lo mismo. Por eso, alcanzar como locales el partido decisivo sería una inyección anímica importantísima con vistas al futuro.
-¿Qué hacen ustedes, las más experimentadas, para favorecer el ensamble con las nuevas?
-Intentamos brindarles confianza, les decimos que jueguen lo más sueltas posible y las animamos permanentemente. Quizá nos gritamos cosas duras dentro la cancha, pero afuera está todo bien. Allí es donde más les hablamos.
-¿Cómo te sentías vos cuando te incorporaste en el seleccionado?
-A los 17 o 18 años no me importaba nada: jugaba como en un estado de inconsciencia y no pensaba en la gente ni en la prensa. Quería jugar, ganar y divertirme, como también les sucede a las más jóvenes de este plantel. Hoy la miro a Sofía Román, que tiene 18 años, y me recuerda a mí. También se dan situaciones un poco chocantes, porque hace dos años Silvina D Elía me pedía autógrafos y hoy somos compañeras...
-¿Qué puede suceder en el torneo, con este mix de jugadoras?
-Cada partido será terrible, como una final; no porque no tengamos equipo, sino porque es un seleccionado muy nuevo. Por ejemplo, yo sé cómo se mueve Soledad García, a dónde me va a pasar la pelota, en donde la quiere, por qué lado va a atacar. En cambio, falta conexión con las más jóvenes, conocer sus mañas. Pero esto no me preocupa, estoy muy tranquila porque nos sentimos muy bien en el aspecto mental.
-¿Extrañás a las desafectadas para este torneo, como Stepnik, Margalot, Gulla, Hernández y Arrondo?
-Sí, se las extraña. Pero no es que se les termina la carrera; seguramente retomarán en marzo para los Juegos Panamericanos. Pareciera que si alguna de nosotras no jugamos un torneo es la muerte, y no es así. En otros seleccionados es diferente, ya que algunas jugadoras renuncian a ciertos torneos. Acá nunca ocurriría eso de elegir certámenes porque amamos la camiseta.
-Respecto de los candidatos, la lógica indica que Holanda será uno de los finalistas...
-Y sí, si juega como sabe debería llegar a la definición. Pero todos los equipos serán duros: Australia tiene un semillero importante y no se le advierte el recambio, Alemania mantiene su esencia, Japón te pone perros de presa respirándote en la nuca, mientras que España saldrá a comernos ; no creo que se dé un partido similar al que le ganamos 5-0 en el último Mundial. Hoy, nosotras respiramos un aire nuevo; lo pasado, ya es pasado.


