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Hace apenas 9 meses, pensar que un piloto argentino podía llegar a la Fórmula 1 era poco menos que una utopía. La falta de proyectos serios en el exterior, minimizados por los inconvenientes que plantea una paridad cambiaria dificultosa respecto al euro y al dólar (sólo Esteban Guerrieri busca su espacio desde el Viejo Continente sobre la base de resultados y una campaña sostenida), no permitía proyectar una llegada de un representante nacional a la máxima categoría.
Por supuesto, el que más cerca había estado en los últimos tiempos era José María López, que se desempeñó como piloto de pruebas a través del Programa de Jóvenes Talentos del equipo Renault, cuando Fernando Alonso descollaba con su máquina celeste, en 2005 y en 2006.
Pero la idea de llevar a Pechito a la Fórmula 1 nació a mediados de 2009, cuando el empresario Víctor Rosso, propietario del Honda Racing Argentina, equipo con el que López consiguió dos títulos de TC 2000, se planteó: "Ya está demostrado que Pechito es el mejor piloto de la Argentina. Es una pena que no vuelva a intentar un lugar en la máxima categoría. Deberíamos trabajar en eso". Y así fue como propuso al padre del piloto esa "loca" idea de volver al ruedo internacional.
Para poner en marcha un proyecto serio comenzaron por el lugar lógico: el Automóvil Club Argentino (ACA). Pidieron una reunión con el presidente de la entidad, el doctor Jorge Rosales, a la que asistió también el ingeniero Carlos García Remohí, titular de la Comisión Deportiva Automovilística (CDA) del ACA. Rápidamente se pusieron de acuerdo y los representantes de la centenaria institución se comprometieron a trabajar en el tema.
El segundo paso de Rosso y del papá de López (el auténtico "Pecho", tal su apodo) fue contactar a quien desde que el piloto corría en karting en la Argentina se manifestaba admirador de él: Carlos Reutemann. Debido a sus compromisos políticos, el senador por la provincia de Santa Fe se comprometió a colaborar, aunque anticipó que no contaba con el tiempo suficiente para abocarse al proyecto. Durante toda la gestión que se realizó para que López llegara a la máxima categoría, el subcampeón del mundo de 1981 fue determinante para que las negociaciones llegaran a buen puerto.
Con las piezas clave para comenzar a transitar el sendero internacional de las gestiones se convocó al empresario Felipe McGough, de buena llegada a las altas esferas de la Fórmula 1 por sus vínculos a través de la organización de los grandes premios de la Argentina entre 1995 y 1998, su responsabilidad para gestionar las transmisiones televisivas de la categoría y su desempeño como director televisivo del Campeonato Mundial de Rally y los contactos con la FIA. McGough puso en marcha el engranaje para acercarse a Bernie Ecclestone, el máximo responsable comercial de la Fórmula 1.
Mientras Reutemann establecía algunos contactos y McGough buscaba alternativas dentro de la categoría, Rosales envió una carta formal desde el ACA a Ecclestone, para conocer los métodos adecuados para encaminar negociaciones serias con diversos equipos.
Al pedido de Rosales se agregó de inmediato un llamado de Reutemann. "Tenemos en marcha este proyecto. ¿Qué pasos nos recomienda seguir?", preguntaron al dirigente británico, que se mostró favorable a iniciar las gestiones correspondientes. El propio Ecclestone derivó las cartas de intención a distintas escuderías. Varias alternativas fueron abortadas rápidamente debido a las altas exigencias económicas. De todas formas, los lazos ya estaban tendidos entre el grupo argentino y la máxima categoría.
Durante diversas carreras de F. 1 hubo reuniones en las que participaron Rosales, García Remohí y McGough. Había un escollo que era lo primero que planteaban desde las contrapartes: los tres años sin participación internacional de López. Si bien descolló en la Argentina, con triunfos y títulos, ante los ojos europeos ése era un paso atrás del piloto cordobés.
Primero se apuntó a equipos del medio del pelotón, como Sauber y Force India. Pero al margen de los requerimientos económicos, la falta de competitividad internacional de inmediato marginó a López en las gestiones. De todas maneras, ciertas características favorecieron al argentino en su ingreso en la máxima categoría: la llegada de cuatro equipos debutantes en la F.1, más el retiro de BMW y de Toyota, provocaban cambios de pilotos y generaban butacas vacías, una situación muy particular que experimentaba la disciplina con miras a la temporada de 2010, que comenzará el 14 de marzo en Bahrein.
De las nuevas cuatro escuadras, de inmediato se descartó Manor, ya que allí se gestionaba el ingreso de Esteban Guerrieri y el grupo no quería interceder ni perjudicar intereses de un compatriota. La primera negociación fue con Campos. Luego llegó el turno de Lotus, equipo con el que no se podía compatibilizar el negocio con Malasia, donde tiene la sede. Finalmente, llegó el USF1. Si bien las negociaciones estaban más avanzadas con Campos, una limitación económica impuesta por el equipo cortó la negociación, ya que los requerimientos eran cada vez mayores, mientras que el presupuesto argentino no superaba los 6 millones de dólares.
La decisión de apuntar todos los cañones al estadounidense USF1 se dio en el Gran Premio de Abu Dhabi, el 1° de noviembre, cuando debutó el lujoso circuito de Yas Marina. Allí hubo una reunión entre McGough, Ecclestone y el directivo Peter Windsor, que ya estaba al tanto de López. En realidad, quien había dado a este último las mejores impresiones acerca de Pechito es el propio Reutemann, que aprovechó un viaje a Europa para visitar a Windsor en Londres. "El me convenció sobre López", admitió el periodista y director deportivo del USF1.
A partir de entonces se aceleraron las negociaciones. Tras varias idas y venidas, el acuerdo fue condicionado a 8 millones de dólares. Si bien el equipo norteamericano pretendía más dinero, desde la Argentina se informó que hasta allí llegaban las posibilidades, después de un gran esfuerzo económico, ya que el número que sostenían los representantes nacionales era de 6 millones. "Hay que compensar de alguna manera la falta de experiencia y de contacto internacional de los últimos años", se reiteraba en cada una de las gestiones.
En la Argentina había fuertes intenciones de apoyar la llegada de Pechito a la Fórmula 1. Su gran campaña de 2009, en el que salió campeón en TC 2000 y TRV6 y fue gran protagonista en Turismo Carretera hasta la última fecha, en la que se despistó tras pisar una mancha de aceite -el título quedó en manos de Emanuel Moriatis-, apuntaló las gestiones económicas.
Desde el gobierno nacional se esbozó la idea de acompañar a López. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, fanático del automovilismo, elevó el pedido a Presidencia. Cristina Fernández de Kirchner avaló el proyecto y derivó el apoyo a la Secretaría de Turismo de la Nación, para que López estuviera acompañado por la imagen de "Argentina", que se utiliza en el ámbito turístico.
"Me parece que aquel viaje que hice a Charlotte con López fue fundamental. Allí nos sentamos frente a Windsor y Anderson [Ken, el máximo responsable de USF1], cerramos la puerta y pusimos todas las cartas sobre la mesa. Nosotros vimos en el lugar cómo se trabajaba en función de los autos de Fórmula 1 y ellos vieron el entusiasmo y la seriedad de Pechito. Ese contacto fue clave", recordó McGough.
Surgió la empresa Tafirol, también relacionada con el automovilismo, a través del fanatismo de su propietario, Marcelo Argüelles, coleccionista de autos clásicos. Sin inconvenientes económicos, apareció la figura de Alejandro Urtubey, hermano del gobernador de Salta, Juan Manuel, y dueño de la categoría Top Race V6. Manifestó su intención de hacer un aporte significativo y así lucir su categoría y el nombre de la revista Corsa (también de su propiedad) mediante el desembarco de Pechito en la F.1.
En las últimas semanas se había negociado con la firma de comunicaciones celulares Kwan Movel, que comenzará a operar en la Argentina en los próximos meses y que iba a utilizar la explotación de mensajes de texto relacionados con la imagen del cordobés. Pero a último momento la gestión se neutralizó y apareció la compañía petrolera OIL M&S, cuyo principal accionista es el empresario kirchnerista Cristóbal López, que está en plenas negociaciones por la refinería de Petrobras en San Lorenzo. Asimismo, la compañía de tractores Pauny, que pertenece al padre de López, y otras empresas de la provincia mediterránea redondearon el presupuesto.
Todo estaba encaminado, pero faltaban 1.200.000 dólares. Primero se gestionó ante la petrolera YPF, que tras varias gestiones decidió no participar en el proyecto. Y la semana pasada, la compañía Lo Jack (recupero y seguridad vehicular con rastreo satelital) se sumó a la causa. El propio McGough, que trabajó para las emisiones de Fox Sports y de Canal 7 del Dakar, se ausentó durante tres días de la competencia para intervenir en las reuniones en las que se cerró el acuerdo.
Hasta el momento se sabe que el auto será azul y resta elaborar el bosquejo de la disposición de las publicidades en el auto (que se denomina "Type 1" y que contará con la motorización Cosworth) y en el buzo. En tanto, desde Fox Sports se efectuará una producción diferente en las transmisiones de la Fórmula 1, con al menos una cámara en el box de USF1.
Por lo general, las ideas "locas" son las que después terminan en los grandes logros. En este caso, el primer gran logro se hizo realidad: José María López cumplirá el sueño de competir en la Fórmula 1 como piloto titular. Ahora comienza otra historia...
El piloto ruso Vitaly Petrov (foto), subcampeón de GP2 Series (la categoría que en Europa es telonera de la Fórmula 1), ofrece 15 millones de euros -casi el triple que lo reunido por Pechito López- a la escudería que quiera contratarlo, según lo informó la agencia ANSA. Hasta el momento quedan libres tres asientos: uno en Campos Meta Racing (junto al brasileño Bruno Senna), otro en Renault (para acompañar al polaco Robert Kubica), y el restante en USF1. Petrov cuenta con el respaldo de Gazprom, la gran compañía gasífera rusa, y de Sberbank, un banco de Moscú.
Tras su accidente en la clasificación del GP de Hungría de 2009, Felipe Massa no había manejado un auto de Fórmula 1. Ayer lo hizo en Valencia. "Fue lindo volver a conducir un F. 1, pero no veo la hora de sentarme en el nuevo modelo", comentó el brasileño.


