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Hace 40 años el boxeo argentino vivía una jornada extraordinaria e irrepetible en la que las sensaciones encontradas penetraban hasta en el alma del ciudadano mas indiferente, haciéndole saber cuánto duele el dolor y cuan estremecedor es un triunfo épico y sangriento.
Aquel 22 de mayo de 1976 asociaba a la vida con la muerte. A Víctor Emilio Galíndez con Oscar "Ringo" Bonavena. Al surgimiento de un joven campeón y al asesinato de un veterano que se convertiría en leyenda. Todo es parte de una historia antigua y conocida, que por suerte no caduca. Por el contrario, crece y se recrea con el paso del tiempo tal si fuese un gran cuento narrado por diferentes autores.
Pasaron cuatro décadas desde que Galíndez tiñó de sangre la victoria más dramática del boxeo nacional de todos los tiempos. La coloreó de rojo en tiempos de TV de blanco y negro; cuando cada transmisión via satélite constituía un cita obligatoria y festiva, en una época en la que la presión militar no lograba aniquilar la pasión deportiva de un pueblo argentino devoto de cuatro santos: Carlos Monzón, Roberto de Vicenzo, Guillermo Vilas y Carlos Alberto Reutemann.
Aquella tarde del Rand Stadium de Johannesburgo fue colosal. Fue la consagración definitiva de Galíndez ante un país que todavía lo resistía, pese a dos batallas excepcionales frente a Pierre Fourie, un sudafricano blanco en tiempos de apartheid y de Nelson Mandela en prisión, que maravillaron al gran lote de negros pobres y sin libertad.
Ese boxeador era Galíndez. Y hacia allí volvía para efectuar su quinta defensa titular y afianzar su record de 41 exitos, 6 reveses, 4 empates y 2 cotejos sin decisión. Su rival era Richie Kates, un norteamericano de 25 años y un record de 32 exitos y un traspié, que con un cabezazo traidor reventó su ceja en los primeros minutos del match. Todo fue anormal a partir de entonces. Hasta la continuidad del combate. Eran tiempos duros, de política fiel y salvadora entre la Asociación Mundial de Boxeo ( AMB) y Argentina. Entre el panameño Elías Córdoba y Tito Lectoure, quien hizo magia con sus dedos y sus cicatrizantes en esa ocasión.
Galíndez, furioso, se quedó en el ring cuando todos intentaban irse. Siempre impuso su ataque y su desborde pese al mar del sangre y los fantasmas que invitaban al juez local Stanley Christodoulou a parar la pelea, segundo a segundo, round a round. Sin embargo, Víctor jamás perdió la primacía en las tarjetas ni en el manejo del combate pese a su visión entorpecida por la sangre. Su alma indómita y su corazón de acero transmitían una seguridad infrecuente desde el cuadrilátero pese a la situación calamitosa. Eran tiempos de 15 rounds y de otros boxeadores. Casi otros hombres que se extinguieron con el boxeo pasado.
Faltando 11 segundos, el gancho zurdo de Galíndez terminó con Kates y la pelea con un K.O. antológico y patrio.
A partir de estonces se "decretó" boxear a lo Galíndez, cada vez que se entona el himno nacional y la bandera argentina sube al ring. "El Leopardo de Morón" vuelve a engalanar las páginas de este diario. Habituales para él desde hace 40 años.
Su vida
Nació el 2 de noviembre de 1948 en Vedia y murió el 26 de octubre de 1980 en 25 de Mayo, a los 31 años, durante una competencia de TC
Su carrera profesional
Se extendió entre 1969 y 1980. Su récord fue de 55 éxitos ( 34 KO), 9 derrotas, 4 empates y 2 cotejos sin decisión.
Su reinado
Campeón mundial en 1974 ante Len Hutchins, perdió el cetro ante Mike Rossman, en 1979. Reconquistó la corona ese año ante Rossman y fue el primer campeón en lograrlo en la historia de esta categoría. Hizo 14 cotejos mundialistas.


