Rara manera de medir el carácter

Andrés Prestileo
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9 de mayo de 2015  

El superclásico de anteanoche hizo florecer un lugar común, la idea de que River prevaleció fundamentalmente por una cuestión de temperamento. Los clichés son superficiales, ahorran el esfuerzo de pensar y disimulan cuestiones muchas veces importantes. No vamos a ignorar que River apoyó eficazmente su idea sobre una presencia anímica robusta, que buscó prevalecer en el lugar de la cancha donde el fútbol decide casi todo -los principales ejecutores de ese propósito de Gallardo fueron Ponzio y Kranevitter- y que le fue bien en su intento de no dejarse llevar por delante. Pero en el ya trillado concepto de que "ganó a lo Boca" hay ingredientes peligrosos y hasta repudiables.

Si a la patada con que Vangioni sacudió a Gago hay que incluirla en ese inventario de "virtudes", entonces existen cuestiones serias por revisar. Hacerse respetar a golpes es una negación del juego. Llama la atención que desde Boca se hayan levantado voces, seguramente empujadas por el fastidio, que se reprocharan tibieza o blandura por no haber devuelto esas monedas en la misma proporción. A la luz del resultado -el factor que a menudo trastoca y acomoda los criterios-, River puede ufanarse por esa muestra de reciedumbre. Es un mal criterio: Vangioni debió haber sido expulsado; si eso ocurría, más allá de que el curso del partido desde entonces pudo haber sido muy distinto, con toda lógica el propio universo de River hoy le reprocharía haber dejado al equipo disminuido.

Y haberlo hecho, en particular, cuando sobre él se posaba la lupa enorme que cae sobre los reincidentes. Vangioni parece no haberlo registrado. "Los clásicos se juegan así. Le pedí disculpas a Fernando. Me van a matar otra vez. Yo juego así, sin mala leche", dijo después del partido, la misma fórmula dialéctica que su compañero Barovero ensayó después del primer juego por la Copa Sudamericana del año pasado. No hay por qué dudar de la intención de Vangioni y aquella vez, a diferencia de anteaoche, la agresividad de River fue manifiesta, pero de esa idea de pisar fuerte como sea sería importante eliminar hasta el último resabio.

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