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De un salto se sube a la lancha temblorosa por un motor casi irrespetuoso . Llega con el tiempo justo para observar la parsimoniosa salida de la 51a regata Olivos/Buenos Aires-Mar del Plata, disputada por primera vez en 1932 (el viento mermó, caprichoso ). Trae en cada mano un enorme bolso, de un azul que encandila cuando es iluminado por los rayos del sol, poderosos. El mediodía se acerca. ¿Qué llevará allí adentro Eduardo Guevara? "Los spinnakers que se olvidó mi tripulación", aclara el dueño del velero Baccarat, con una sonrisa. Coloridas velas sin las cuales navegar con viento en popa resultaría un desperdicio.
Ya está en marcha la prueba oceánica de 265 millas náuticas (unos 490 kilómetros), etapa inicial del Circuito Atlántico Sur 2003. Largan pasados Sur, Bizarro y Baccara III; deben dar un giro de 180° y volver a salir. Arranca así la temporada local. ¿Cómo? ¿El año náutico no comenzaba con la tradicional pierna Buenos Aires-Punta del Este, estrenada en 1956 y parte del Sudamericano Oceánico desde 1990?
"Es cierto -contesta Guevara-. ¿Qué sucedió esta vez? Las amarras que necesitábamos en el puerto de Punta del Este, con capacidad para 400 embarcaciones, costaban 25.000 dólares por siete días y para todos. Imposible. No estamos en condiciones económicas de afrontar semejante gasto en este momento. Esperábamos una mejor predisposición de los uruguayos, pero bueno... Aunque ellos también sufrirán la ausencia de muchos turistas ¿eh?, porque habitualmente les llevábamos unas 800 personas, como mínimo. Si calculamos entre 90 y 130 veleros, llevando ocho tripulantes cada uno..."
La debacle económica ya había producido cimbronazos el año último, pues el arrendamiento de las amarras fue acordado antes del fatídico diciembre de 2001 y en un monto de 25.000 pesos ( el famoso 1 a 1 todavía estaba vigente). Unos días más tarde, aun con el Circuito Atlántico Sur 2002 encaminado, surgió un inconveniente: la Dirección Nacional de Hidrografía uruguaya reclamaba el pago en billetes verdes, dilema que todavía no ha sido dilucidado. Por eso llama la atención que, además del Yacht Club Argentino y el Yacht Club Olivos, aparezca entre los organizadores de esta pierna hacia Mar del Plata el Yacht Club Punta del Este. La explicación es sencilla: sólo por cortesía la entidad oriental decidió figurar en un torneo en el que apenas compite una embarcación de su país: Memo Memulini, de Ricardo Fabini.
Pese a los cambios, ayer, desde las proximidades del kilómetro 16,2 del Canal Emilio Mitre, partió una flota compuesta por 40 embarcaciones, medidas en las fórmulas IMS -divisiones Regata, Crucero y ORC- y PHRF. Para ocho de ellas, este tramo significa la fecha inaugural del Campeonato de Dobles (la siguiente, Buenos Aires-La Panela-Buenos Aires, se disputará el 21 de marzo próximo). Todas -encabezadas por el célebre Flash Gordon III, ex Azur de Puig de la infanta Cristina de España- llevaban posicionadores satelitales, mediante los cuales podrán ser localizadas en la página de Internet del yacht Club Argentino, www.yca.org.ar .
Seguramente, más de un navegante se sorprenderá en un primer instante cuando esta noche o mañana, a primera hora, comience a divisar edificios poco familiares para esta época. Acostumbrado a las imágenes esteñas, recapacitará sólo después de un rato. Quizás en el momento en el cual una brisa marplatense rebote en su frente y le recuerde que los espejismos también tienen un precio.
Una vez en Mar del Plata, las naves del Circuito Atlántico Sur navegarán durante otras cuatro jornadas: el miércoles se realizarán dos recorridos Barlovento-Sotavento; el jueves, un trayecto fijo; un día después, otro par de Barloventos-Sotaventos, y el sábado, el último tramo fijo.



