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River sumó otro título a su rica historia. Ayer, en Liniers, superó por 2 a 0 a Vélez, con goles del uruguayo Enzo Francescoli -además Chilavert le atajó un penal-, y conquistó el Clausura, cuando resta una fecha para el final del torneo.
El equipo que dirige Ramón Díaz consiguió el bicampeonato, pues en diciembre último se adjudicó el Apertura, también ante el mismo adversario.
River encontró dos aliados que le facilitaron la consagración: Ferro, que en el Parque de la Independencia de Rosario goleó a Newell´s por 4 a 1, y Huracán Corrientes que, también como visitante, derrotó a Independiente por 3 a 2.
Tras el final en la cancha de Vélez, los hinchas de River dieron rienda suelta a su alegría. Primero, con la vuelta olímpica en la cancha; luego, en la tradicional recorrida por el Obelisco, y, finalmente, en el Monumental. Francescoli, en medio de la euforia por la conquista, ratificó que su retiro está cerca. Deportes
Sin brillo de otras conquistas y sobre la base de sus individualidades, el equipo de Nuñez ganó su 26° título de la mano de Enzo Francescoli; autor de los goles, venció a Vélez por 2 a 0 y a una fecha del final obtuvo el torneo.
Otra vez. Por segunda ocasión consecutiva, por sexta en los ´90 y por 26a. en la historia, River se quedó con el rótulo de campeón argentino. Más adelante vendrán las discusiones sobre si es el mejor equipo de la década o si ese cartel le corresponde a Vélez. Por el momento, al menos, refrescó un concepto sin grietas para el contrapunto de opiniones: es el mejor conjunto de la actualidad.
Tenía que ser su figura más grande, su capitán, su salvador de tantas tardes quien lo condujera a la victoria. Como para que esa clave número uno del título (el peso individual del equipo) se cumpla hasta el día mismo de la vuelta olímpica. Primero con un cabezazo y después con un baile magistral a Sotomayor, Enzo Francescoli ofreció unos compases de su repertorio para que a River se le hiciera menos complejo el abordaje al campeonato número 26.
Que el azar de los resultados ayudó para que la vuelta olímpica no se postergara hasta el martes próximo no puede ni empezar a discutirse. Para que River se hiciera del Clausura, Newell´s debía caer como local ante Ferro. Se dirá que en el fútbol nada está dicho hasta que el árbitro señala el final de un partido, pero también resultará necesario resaltar que, en Rosario, el gran candidato era Newell´s. Bien... el conjunto que hasta hace cuatro días compartía la punta cayó. Y River, a cientos de kilómetros de distancia, festejó.
Su fixture le marcaba un escollo de nombre Vélez. Lo esquivó con una gambeta sutil elaborada por Francescoli. Y después se animó a soltar ese festejo contenido que por momentos se pareció más a un desquite.
Es que este repetido campeón argentino encontró en su ruta unas cuantas adversidades con las que no estaba acostumbrado a tratar.
Se quedó sin la magia de Ortega, sufrió el interminable bajón de Cruz, regresó a los tiempos cuando sus arqueros no ofrecían garantías, le aparecieron disputas internas que había sabido esconder, surgieron desencantos por suplencias que desembocaron en controversias públicas... y en el medio, lo castigaron dos palizas:el 4 a 1 de Estudiantes, y el 5 a 1 de Colón.
Con las mismas desprolijidades que utilizó ayer para derrotar a Vélez, sin brillo, sin sociedades de fútbol y con imprecisiones alarmantes, pero también con personalidad y una categoría individual destacables, River no se apartó del ruedo.
Una vez de la mano de Gallardo, alguna otra conducido por Berti, a veces con la fantasía de Francescoli y en ocasiones gracias a la potencia de Salas, la cuestión es que siempre se dio maña para mantenerse prendido arriba.
Que no lució se dijo.Tanto no gustó que su gente no llenó el estadio de Vélez. Y eso no es común en una etapa como la que vivió River ayer. Porque se sabía que podía dar la vuelta olímpica y en estas situaciones su público no falla.
Quizá lo que se vio en el césped del Amalfitani, entonces, alcance para entender qué ofreció el flamante bicampeón a lo largo de todo el certamen. l Primero, una carencia de juego colectivo que muchas veces quedó tapada por la generosidad de talento individual. Porque Gallardo y Berti no se juntaron, Salas y Francescoli muchas veces quedaron desconectados de los demás (sólo Gallardo se les acercaba), y Astrada y Monserrat nunca se sumaron al circuito de ataque. Así y todo, ello no quita que el conjunto que desde el banco de suplentes dirige Ramón Díaz haya sido el mejor de todos.
Con un banco de suplentes de lujo (le sobran tantos jugadores que Pena, Maisterra, Lombardi y Aimar actuaron en reserva) y unos cambios tácticos generalmente acertados por parte del entrenador, River se convirtió en el mejor equipo del Clausura.
Por allí Independiente jugó más lindo. Seguramente, este River bastante más mezquino que aquel de la Máquina no deleitó más que ninguno. Pero en un balance sí resultó superior a los demás.
Superó adversidades y adversarios, no se apartó del objetivo ni cuando los resultados le dieron una bofetada y tampoco se dejó vencer por el aburguesamiento. Este River que ganó, pero no goleó ni gustó demasiado, merece su 26» festejo. De eso no hay duda.
Como un hincha más, el presidente de la Nación, Carlos Saúl Menem, se sumó a la fiesta millonaria, olvidándose por un momento del protocolo.
"Vi el cotejo con amigos que están muy relacionados con River, como el Beto Alonso, el Japonés Pérez y Joaquín Martínez. Fue una alegría más que se sumó a las que nos tiene acostumbrados River", dijo el primer mandatario.
Del triunfo ante Vélez, destacó el trabajo de Francescoli. "Enzo estuvo por todos lados -señaló-;lo vi atrás; en el medio, como un excepcional lanzador, y además convirtió dos goles. Le pido que juegue un año más, éste y el que viene".
Sobre los éxitos que ultimamente acompañan al equipo de Núñez, agregó:"Esta década fue extraordinaria;además, hoy (por ayer) triunfamos ante Vélez, otro gran club que ganó todo".
Menem también saludó al técnico Ramón Díaz en un diálogo radial:"Te felicito, Ramón, porque sos el técnico más exitoso de los últimos años y porque sabés como trabajar para que tus jugadores rindan al máximo de sus posibilidades", le expresó.
Emocionado, disfónico y con los ojos brillosos. ºQuién hubiera imaginado esta historia llena de éxitos hace dos años, cuando Ramón Díaz comenzaba a escribir el capítulo como técnico en River!
Quizá ni él mismo. Pero los fríos números dicen que el Pelado tiene en su haber dos campeonatos locales y una Copa Libertadores de América. Después de escuchar el "es el equipo de Ramón", el técnico de River derrochó palabras. Como nunca.
"No quisera irme de acá. Me quedaría a vivir en River. Es increíble ver a la gente así, exultante, disfrutando de otro campeonato", comentó en medio de un vestuario pleno de bullicio, rebosante de alegría.
También tuvo palabras para aquellos que lo criticaron, que buscaban hacer leña ante cualquier resultado adverso: "Esos que hablan no saben nada de fútbol. Los resultados que conseguimos en River están a la vista. No forman parte de una ilusión: se trata de una realidad".
¿Y el futuro? "Me estoy peleando con el presidente (por Alfredo Davicce) para que este equipo siga intacto. La gente de River es exigente, siempre quiere títulos. Y nosotros, los que componemos el plantel profesional y el cuerpo técnico, también", dijo el hombre que festejó el segundo gol de Enzo Francescoli revoleando el saco por el aire, recordando, a lo mejor, alguno de sus goles con la camiseta de sus amores.
"Creo que fue un campeonato especial. Para ganarlo tuvimos que sufrir un poco más que en el Apertura. Pero ganarlo de esta manera tiene un sabor especial. Lo que más me alegra, lo repito, es que la gente no se cansa de festejar".
Claro que, antes de irse de los vestuarios en Liniers, no podía dejar de acordarse de Boca, el eterno rival. Sin nombrarlo, como es su costumbre, Ramón Díaz dejó la frase del final: "Sé que por nuestro nuevo título hay mucha gente que sufre y no le queda otra. A menos, por supuesto, que se hagan hinchas de River... Esto es distinto", remató antes de continuar disfrutando de una de esas noches que se recuerdan por siempre.
Heridos y detenidos. Cuarenta y cinco detenidos (30 antes y 15 después del encuentro disputado en Liniers) y veinte personas heridas, que fueron atendidas en el hospital Vélez Sarsfield, fue el saldo de una serie de incidentes entre simpatizantes de Vélez y River.
Los hechos más graves se registraron previamente al comienzo del partido, cuando muchos simpatizantes del equipo visitante, al haberse agotado las entradas populares, recorrieron los sectores locales en la búsqueda de una localidad.
En ese momento chocaron con hinchas rivales y se produjo una batahola que terminó con la enérgica intervención policial.
Dentro del estadio, el vocal de River Ricardo Grosso gritó desmesuraradamente el segundo gol de Enzo Francescoli y fue insultado por los plateístas de Vélez, que intentaron agredirlo, igual que al presidente del club de Núñez, Alfredo Davicce. Lamentable .



