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Esta vez no hubo fiesta, esta vez no brilló River. Pero igual ganó, con un lujo fantástico de Francescoli y con un trabajo mucho más complicado que en los partidos anteriores, por lo que le opuso Estudiantes. En el adelanto de la 10a. fecha del Apertura, River venció por 1 a 0 y se afianzó en la punta del torneo, en el que, al menos momentáneamente, amplió a seis puntos su ventaja sobre Independiente y Lanús.
Telaraña defensiva, mucha fricción y nada de espacios. Esa fue la propuesta de Estudiantes y, al cabo, la resultante del partido. Porque River no supo cómo contrarrestarlo y se enfrascó en la lucha que más le convenía al equipo de Daniel Córdoba.
El técnico del conjunto platense dispuso un cerrado dispositivo con tres marcas personales y más hombres con obligación de recuperar la pelota que con libertad para inventar. Zapata se le pegó a Francescoli, Azconzábal hizo desaparecer a Cruz y Rojas resultó el stopper de Ortega, quizás el que mejor supo lidiar con éxito contra su perseguidor.
Mientras en un palco Passarella seguía con atención todo cuanto sucedía en la cancha, el medio campo se convertía en la zona con mayor densidad de jugadores.
La razón era muy sencilla. Estudiantes se retrasó en su campo, con Nigro por la izquierda, Gastón Córdoba por la derecha y sólo Palermo en el ataque. La fórmula era tirar pelotazos para que el falso rubio se las arreglara como pudiera.
Y la verdad fue que le trajo demasiadas complicaciones a la defensa de River, porque Hernán Díaz decidió subir por su andarivel con demasiada asiduidad y Sorin se quedaba a mitad de camino. Y por arriba a Ayala le costaba marcarlo.
El antídoto era abrir la cancha. Jugar por las puntas con las subidas de los laterales, pero Hernán Díaz se cerraba cada vez que escalaba metros y Sorin no se animaba a irse del todo.
Para colmo, River estaba impreciso. Francescoli, Ortega y Cruz no conseguían despegarse de sus marcas, Berti y Escudero no aparecían y el que ganaba con eso era Estudiantes.
Y también le faltaba insistencia a River. Sobre todo después de que, luego del acecho de los primeros minutos, Estudiantes pareció encontrarle la vuelta. Por momentos daba la impresión de que se fastidiaba tanto con la marca cerrada del conjunto platense que bajaba la intensidad de sus ataques.
La tónica no varió mucho ni siquiera con el golazo que firmó Escudero, después de un pase de taquito que Francescoli sacó de su libreto. Cuando River no encontraba las llaves para abrir el cerrojo defensivo al que lo sometía Estudiantes, el uruguayo dejó parados a todos los rivales y solo a Escudero ante Bossio. El muy buen remate cruzado del volante le dio al equipo que conduce Ramón Díaz una victoria que merecía. Estudiantes debía salir y a River se le aparecerían los espacios, se suponía. Pero no. River le cedió la iniciativa, no salió a rematarlo y permitió que su rival se le fuera encima, algo más que peligroso. Y pudo empatar Palermo, con un cabezazo de emboquillada que Bonano contuvo con mucha dificultad. Sin embargo, no fue mucha más la oposición del conjunto de La Plata. River se dedicó a cuidar su ventaja y a sacarle provecho a una victoria complicadísima.
Esta vez no hubo un festival ni un adversario que le permitiera al conjunto de Núñez florearse o dar espectáculo. Yallí también reside el mérito de este River que se siente cada día más puntero.



