Bienvenidos, aquí está el rugby profesional

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
Facundo Isa
Facundo Isa Crédito: Instagram
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22 de febrero de 2017  • 23:59

La mini serie del verano del rugby doméstico alrededor de la marcha de Facundo Isa al poderoso Toulon de Francia bien podría llevar este título: “Bienvenidos al profesionalismo”. El octavo santiagueño, de 23 años, el mejor jugador argentino en 2016, optó por la suculenta oferta (se menciona una cifra superior a los 350 mil euros por temporada) que le trajeron de Europa y, en consecuencia y a raíz de la disposición de la UAR, no podrá actuar en los Pumas hasta que regrese al país o siga su carrera en otro equipo del Hemisferio Sur. La UAR y el Board de Jaguares lo despidieron el martes con un escueto comunicado en el que le agradecieron “la entrega a lo largo de estos años” y en el cual especificaron que el jugador tuvo que pagar una multa por rescindir el contrato que vencía a fines de 2017.

Hasta aquí, nada que sorprenda de lo que sucede habitualmente en cualquier deporte profesional. El núcleo de la cuestión es que estos tires y aflojes económicos con jugadores son novedad para el rugby argentino. Antes, las informaciones de todo tipo de negociación llegaban desde Europa. Ahora, suceden acá. Es un escenario nuevo, y habrá que ver cómo responde de aquí en más lo que lisa y llanamente es el mercado.

La partida de Isa no abrió todavía un panorama de incertidumbre con el resto de los jugadores, pero tampoco hay que desoír algunas alarmas que se encendieron alrededor. También sirvió para elaborar otros análisis. En ese sentido, hubo algunas voces que se alzaron criticando al staff de Pumas/Jaguares y a la UAR por separar a Isa de los entrenamientos con vistas al inicio del Super Rugby y por no facilitarle una competencia interna hasta junio, cuando empiece a jugar para el Toulon (al final lo hará en el Lyon hasta ese mes). Esto es profesional y tanto Daniel Hourcade como Raúl Pérez deben ir preparando un reemplazante para el santiagueño, que, vale aclararlo, decidió irse. Los jugadores –ya lo dijo alguna vez uno de los líderes del Bronce 2007– no pueden gozar de los beneficios del amateurismo y del profesionalismo al mismo tiempo. Cuando optan por uno, dejan el otro.

Lo que sí es cierto es que los mensajes que a veces bajan desde ciertos sectores de poder de la UAR tienden a embarrar la cancha. Y en esa vía se deslizaron otro tipo de problemas con Isa, que siempre conducen al mismo punto: separar o denigrar al que piensa distinto o al que busca otras alternativas. Ese mensaje es tan perverso que a veces llega a límites sorprendentes. Por ejemplo, gente que gana dinero con el rugby critica a gente que quiere ganar dinero con el rugby.

El profesionalismo que recién da sus primeros pasos en el rugby argentino tendrá que ir construyendo su camino (meta: que los Jaguares no estén por encima de los Pumas, como a veces parece suceder) y desde la UAR se deberán ir marcando los límites con el amateurismo, para que uno no se coma al otro. No alcanza sólo con jugar el Super Rugby. Hoy por hoy es un híbrido, sin olvidar que se trata de un escenario nuevo, y si no se empieza a avanzar en qué se quiere hacer con el adentro, pronto todo puede quedar en un limbo peligroso. ¿Se analizó con la debida amplitud la realización de un torneo profesional doméstico, de reuniones o uniones, con todos los pladares? ¿Qué va a pasar con el embudo cuando haya dos franquicias y Argentina XV?

Como se verá, la partida de Facundo Isa no conlleva sólo haber perdido a un excelente jugador –otro más– para los Pumas. Bienvenidos al profesionalismo.

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