Del sorteo del Mundial 2023, con las necesidades de los Pumas, a la situación política de Agustín Pichot

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
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5 de febrero de 2020  • 23:59

La decisión de la World Rugby (WR) de sortear los grupos de la Copa del Mundo de 2023 en noviembre de este año se inserta en las entrañas argentinas en dos de sus frentes: el del juego y el político. Por un lado, obliga a los Pumas a lograr buenos resultados en la ventana de julio (dos partidos ante Francia y uno con Italia) y en el Rugby Championship para no volver a caer en una zona con dos potencias como ocurrió en Japón 2019. Por el otro, reafirma la salida de Agustín Pichot, aún vicepresidente y candidato a presidente, de las decisiones importantes de la entidad madre del rugby.

Los Pumas hoy están situados en el 10º puesto del ranking que elabora la WR. Delante están los cinco grandes del 6 Naciones, los otros tres del Rugby Championship y Japón. Italia, rival en julio, figura 12ª, por detrás de Fiji. Si bien el objetivo es ampliar la base y seguir mejorando en el juego, hay que tomar la experiencia de lo que pasó en el período 2016-2019. La Argentina tuvo malos resultados en ese lapso, en el que descartó a los jugadores que estaban en Europa, y esa fue la consecuencia primera de quedar en una zona junto a Inglaterra y Francia en el Mundial de Japón.

Es verdad que si los Pumas crecían en su nivel, podían atravesar esa barrera y llegar a los cuartos de final. Pero eso no ocurrió y habría que revisar si es aconsejable seguir bajo ese libreto. Porque además, y al margen de lo que pueda tocar en Francia 2023, el seleccionado está necesitado de triunfos para al menos recuperar la confianza. Se viene de cuatro años con un signo de derrotas en un proceso que tocó fondo en el Mundial.

Mario Ledesma, coach de los Pumas, y la UAR decidirán si para julio y el Rugby Championship 2020 se convoca a todos los que estén disponibles, acá y afuera, o si se sigue con el esquema que privilegia a los que están en el país. Asegurarse estar entre las dos primeras filas para el sorteo puede tener un doble efecto: recuperar la senda de buenos resultados y planear 2023 con más oxigeno.

En cuanto a lo político, a la decisión de la WR, Pichot contestó a través de Twitter que él no sabía y ni lo habían consultado. Más aún: ya había expresado con anterioridad que le parecía ridículo que el sorteo se hiciera tres años antes de la competencia. Está claro que su relación con el presidente Bill Beaumont quedó rota desde que durante el Mundial de Japón manifestó su voluntad de competir por el sillón mayor de la entidad. El inglés acaba de presentar el Mundial femenino en Auckland también sin Pichot a su lado.

Las acciones del argentino en el poder del rugby están entre alfileres. El francés Bernard Laporte primero le dijo que iba a ir con él en la fórmula -lo que le aseguraba prácticamente el triunfo- pero luego se quedó en el bloque europeo y, finalmente, será el compañero de Beaumont. Si Pichot no consigue los votos de Estados Unidos y Canadá, carecerá de posibilidades de ganar. Pero no se dará por vencido, aunque esté diciendo que lo pensará mejor. Tiene tiempo hasta mayo. Por lo pronto, aunque no pueda vinculárselo con este tema, el domingo estuvo en el Super Bowl.

Lo que está pasando en la política del rugby es otra versión de la vieja disputa Norte-Sur. El eje de la Sanzaar domina el juego y lo ratificó con el título de los Springboks en Japón 2019. Pero Europa tiene el dinero. Esto último es lo que está en disputa. Y quedó claro cuando desde la WR, con la idea de Pichot pero con Beaumont apoyando, se propuso una especie de Mundial anual que le daba posibilidad de crecer a otros países, y que los dueños del poder del Norte rechazaron abrazados al negocio y la tradición del 6 Naciones.ß

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