Deporte en el siglo XXI. Más público, más jugadores, mejores equipos y esos fabulosos All Blacks: el rugby disfruta su globalización

All Blacks, una aplanadora en resultados y en mercadotecnia: el conjunto neozelandés es tan conocido por su supremacía como para su haka.
All Blacks, una aplanadora en resultados y en mercadotecnia: el conjunto neozelandés es tan conocido por su supremacía como para su haka. Fuente: AFP
Alejo Miranda
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18 de julio de 2020  • 23:59

En Australia 2003, los Wallabies vencieron por 142-0 a Namibia, con lo que constituye la diferencia más amplia en la historia de los mundiales de rugby; en Japón 2019, la distancia en promedio entre los equipos top (Tier 1) y el resto (Tier 2) fue de 30,5 puntos por partido,la menor en los 32 años de esos torneos. Otro dato: en sus primeras cinco participaciones, Japón apenas había conseguido una victoria, en 16 partidos (sobre Zimbabwe, en 1991); en el certamen realizado en su casa, llegó por primera vez a los cuartos de final y ahora aspira a ingresar en el corto plazo al Rugby Championship y a enfrentarse año tras año con rivales como Nueva Zelanda, que en Sudáfrica 1995 le anotó la mayor cantidad de puntos que se registra por la Copa del Mundo, con un 145-17.

Las mayores competitividad y paridad son índices que permiten calificar a los últimos años como los mejores en los casi dos siglos de vida del rugby. La explosión de popularidad, la emergencia de nuevos actores principales (encabezados por la Argentina) y la expansión hacia nuevos mercados internacionales son otros factores. Del otro lado, la excesiva sistematización y la prevalencia del poder físico siembran un manto de dudas respecto a si aquello se corresponde con lo que ocurre en el terreno de juego. Una cuestión subjetiva, en definitiva. Como sea, el debate está planteado.

Lo que no deja margen de dudas es la contundencia de las cifras. De los 4.241.094 jugadores de rugby en 115 países (95 miembros y 20 asociados) que había en 2007 según los registros oficiales de World Rugby se pasó a 9.600.000 en 123 (105 miembros, 18 asociados) en 2018, la última información disponible. Un crecimiento de 126% en 11 años.

En el propio año 2007 se dio un hito que no tiene precedentes cuando por primera vez un país externo al núcleo tradicional (constituido por Inglaterra, Francia, Escocia, Gales, Irlanda, Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica) alcanzó las semifinales de un mundial. El tercer puesto conseguido por los Pumas en Francia obligó a modificar el mapa del rugby internacional. La Argentina recibió un lugar en una competencia anual (el Rugby Championship, con las potencias del sur), un certamen que al menos antes de la aparición de la pandemia de coronavirus pretendía expandirse y tenía a Japón y Estados Unidos en la mira.

Estos dos países son los principales focos de expansión hacia adonde apunta World Rugby, debido a su potencial tanto económico como poblacional. Japón fue la primera nación externa al eje tradicional del rugby en albergar un mundial, en una movida arriesgada de World Rugby, pero que resultó acertada: 1.840.000 entradas vendidas, que configuraron 99,3% de ocupación en los estadios, un récord para el certamen. Es decir, 38.333 espectadores por partido, bastante más que los 15.000 registrados en el estreno de la Copa del Mundo, en 1987, aunque lejos de los 51.600 de Inglaterra 2015.

El equipo de Japón, con su asombroso rendimiento en el mundial de su país en 2019, fue un ejemplo de cuánto se acercaron los seleccionados del segundo nivel a las potencias, que históricamente los goleaban.
El equipo de Japón, con su asombroso rendimiento en el mundial de su país en 2019, fue un ejemplo de cuánto se acercaron los seleccionados del segundo nivel a las potencias, que históricamente los goleaban. Fuente: AFP

Más allá de los números, algo que se percibía claro era el entusiasmo de los japoneses en torno a cada partido, aun cuando ése fuera su primer contacto con el deporte. Nunca hubo tantos aspirantes al título como en el último mundial y, aunque todavía lejos de las potencias, surgieron países de interesante potencial, como Georgia.

Japón 2019 fue uno de los mejores sino el mejor mundial de todos los tiempos, y ciertamente el más impactante en términos de llevar el juego a nuevas audiencias y atraer nuevos fanáticos al deporte.
Bill Beaumont, presidente de World Rugby

Estados Unidos fue el anfitrión del Mundial de Seven en 2018, más precisamente la ciudad de San Francisco, que recibió 100.00 espectadores en tres días de acción y cuya jornada final tuvo una audiencia de 1.360.000 televidentes en la cadena NBC. Según un estudio de la consultora Nielsen, el rugby es el deporte de mayor crecimiento en el gran país del norte. El hecho de que el seleccionado estadounidense haya finalizado segundo en el Circuito Mundial de Seven 2018/'19 también da cuenta del fenómeno.

Sin dudas, un gran impulso para el rugby fue recuperar su estatus de deporte olímpico después de 92 años, ahora en la modalidad de juego reducido. Esto hizo que naciones desprovistas de tanto bagaje recibieran incentivos externos para el desarrollo del deporte, entre las cuales el caso de Estados Unidos es el más significativo. El crecimiento del rugby femenino, con un incremento en el número de jugadoras de 28% sólo entre 2017 y 2018, va de la mano con este fenómeno.

Este período, además, coincide con el esplendor de los All Blacks, equipo que desde el Mundial 2011 hizo méritos suficientes para ser considerado el mejor de todos los tiempos al ganar 100 de los 114 partidos jugados, con una efectividad de 87,7%.

En cuanto a clubes/franquicias, se consolidó la Copa Europea de Campeones, se expandió el Súper Rugby a nuevos países y nacieron ligas profesionales, como la estadounidense Major League Rugby, que en su tercer año empieza a convocar figuras de renombre, y la Súper Liga Americana, apenas estrenada antes de la cuarentena por la Covid-19.

Rugbiers como Dan Carter, Richie McCaw, Jonny Wilkinson, Bryan Habana, Brian O'Driscoll y Beauden Barrett contribuyeron a la difusión del rugby con su carisma y su capacidad de deslumbrar en el campo. No obstante, es en el orden del juego donde más se pone en tela de juicio la veracidad de la hipótesis de esta nota, aun con los denodados esfuerzos por hacerlo más dinámico, cambios reglamentarios incluidos. El juego en sí también cambió. La apertura a la profesionalización (ocurrida en 1995), la instrumentación de la tecnología para el análisis del juego, el perfeccionamiento de las defensas y la preeminencia del poder físico eclipsaron algunas cuestiones que son centrales en el espíritu del rugby: el talento y la improvisación.Importa más hacer "lo que pide la jugada" y no "crear" una jugada de la nada. Rugbiers como Hugo Porta, Tim Horan y Gareth Edwards parecen una especie en extinción. Juan Martín Hernández aparece como el último exponente. ¿Cuándo fue la última vez que se vio un try de scrum como el de los Pumas a Australia en 1985? Cuestión de gustos, en definitiva.

El rugby atraviesa un momento de apogeo. Que el crecimiento alrededor del juego no empañe lo que pasa cuando 15 se enfrentan contra 15 en la cancha es el desafío.

La expansión y los impactos del rugby en números y datos

  • 400 millones de espectadores fueron la audiencia televisiva global de Japón 2019.
  • La cantidad de jugadores en el mundo creció 126% en 11 años, entre 2007 (unos 4.240.000) y 2018 (9.600.000).
  • El tercer puesto de Argentina en Francia 2007 lideró la emergencia de nuevos países entre las potencias.
  • Los All Blacks ganaron 100 de sus 114 partidos desde 2011, mérito como para ser considerado el mejor equipo de todos los tiempos.
  • La realización del primer mundial fuera de los países centrales, en Japón, permitió expandir el rugby a Asia.

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