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PARIS.- No hay mayor prueba de la impotencia para un deportista que quedarse en las fronteras de un partido o una competencia por una lesión. Le sucedió a Lucas Ostiglia, ausente de los Pumas entre 2004 y 2007 por una serie de infortunios físicos que lo obligaron a reflexionar sobre si debía abandonar el rugby o no. Después de un prolongado paréntesis, el Ruso regresó al seleccionado en febrero último y fue parte del plantel que viajó a la gira por Inglaterra. Pero un nuevo problema en la rodilla derecha lo relegó hasta un mes previo al arranque de la Copa del Mundo. Convencido de su restablecimiento, Marcelo Loffreda lo respaldó y llegó a Francia con los tiempos de recuperación ajustados. La decisión del entrenador fue un acierto rotundo.
La historia de Ostiglia bien podría ser la de un guerrero perseverante que jamás se dio por vencido. Superó situaciones similares en los dos mundiales anteriores, cuando en 1999 relegó desde el silencio al Yankee Martín y en 2003, cuando se incorporó a último momento tras reponerse de una rotura de ligamentos. Antes del partido inaugural, un desgarro de Gonzalo Longo le abrió las puertas a la titularidad y él no desaprovechó la oportunidad. Asombra por su tackle y conquista por su condición de auxilio para sus compañeros, las dos principales virtudes que lo mantuvieron entre los 15 que enfrentarán mañana a Escocia, pese a que muchos insinuaron su salida tras la recuperación de Juan Manuel Leguizamón, que estaba afectado por un golpe en la cabeza.
Ostiglia fue empalagoso con Loffreda, a quien le agradeció por el apoyo y confiar en su recuperación, y el entrenador devolvió gentilezas. "Jugó muy bien contra Francia e Irlanda y nos dio gran rédito en el juego sin pelota, es un jugador clave", respondió acerca de las razones de incluirlo ante los escoceses.
En la cuenta regresiva al Mundial, en Bruselas, Ostiglia había admitido que no imaginaba ser titular en el certamen. "No sólo las lesiones me relegaron, también la juventud. Aparecieron grandes jugadores como Legui, Juancito Lobbe, Cuta Schusterman", decía, guiado por la humildad y el valor de reconocer las cualidades ajenas. Entonces, ausente Leguizamón, ¿la experiencia superó a la juventud? "Necesitamos de las dos cosas. Hoy me toca entrar a mí, pero mañana tal vez ante otro rival le toque a otro. Pasa más por una elección del entrenador que por un tema de experiencia o juventud", responde, quizás algo incómodo.
Dueño de una singular filosofía y siempre con perfil bajo, da la sensación que este es su gran año. Durante la pretemporada en Bélgica debió hacer un alto por el nacimiento de Francesca, su hija, y luego llegó el Mundial y las connotaciones que todo ello trajo hasta hoy. "Si rebobino un poco, ni loco me imaginaba todo esto. Después de la lesión de Chalo [por Longo] alguna esperanza de jugar tenía, pero después no creí que pudiera seguir. La verdad que es increíble y estoy feliz. Los elogios me dan más ganas para lo que viene", dice sonriente, a unos pocos pasos del remate de su carrera. Tiene 31 años y después del Mundial regresará a Hindú, el club que lo vio crecer.
-¿Con Escocia será el partido más importante de tu vida?
-Si bien el anterior también lo era, podría decir que este es el partido más importante de mi carrera. Si ganamos, será inolvidable.
-¿Te sorprendió que hayan modificado el horario del partido entre River y Boca?
-No se puede creer, hay una locura en la Argentina que hasta que no pasó lo del superclásico no nos dábamos cuenta. Es un termómetro de cómo lo están viviendo allá. Ojalá que sea una inyección grande para la gente. Me contaba Roro [por Roncero] que en Deportiva Francesa se había anotado mucha gente para comenzar a jugar al rugby.
Ostiglia apresura la charla porque el parlanchín de Hernán Senillosa le insiste por cuarta vez en ir a jugar a los naipes. Falta uno para la mesa de la Podrida. Antes de retirarse, Lucas hace público un anhelo: "Este año quedará en la memoria para siempre, pero sería ideal si ganamos y seguimos en el Mundial y después me pueda tomar un descanso con mi familia y mi hija, que me están esperando". Es el sueño sencillo de un cultor del coraje y la perseverancia. Es el deseo de Ostiglia.

