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MELBOURNE (De un enviado especial).- La música de tambores retumba en el Telstra Dome. Parecen sonidos al mejor estilo maorí, y todo sucede mientras los All Blacks se despiden de su gente en pleno clima de algarabía. El delirio está vestido de negro, el color que desde bien temprano decoró la pasividad de la ciudad desplazó el verde irlandés, que desde hace una semana se ve por aquí en cada rincón por donde uno vaya.
Se siente como tiembla Melbourne. No es para menos la amenaza kiwi se ha instalado definitivamente en Australia, y quiere amedrentar. Desafía con su intimidante Dream Team, y los de afuera no quieren ser menos; ellos también juegan en este Mundial y buscan imponer admiración.
En la multitud, los sudafricanos fueron clara minoría los neozelandeses tomaron esta capital del estado de Victoria -la fiesta siguió por la noche en los bares-, en pocas horas emigrarán como golondrinas hacia Sydney, escala el sábado próximo de la explosiva semifinal con los Wallabies. Otro desafío de alto vuelo, de adrenalina pura.
En las inmediaciones del estadio se palpitó, unas dos horas antes del kick-off, quién era el actor principal del show inaugural de los cuartos de final. Un grupo de una quincena de maoríes, con su vestimenta original, ofrecen un espectáculo de su cultura; hipnotizan a los ocasionales espectadores con distintas versiones de la danza del haka. De repente pasan liderando un contingente turístico dos ex leyendas de los All Blacks: Sean Fitzpatrick y Gary Whetton; el malón este de negro de pies a cabeza. En el recorrido no dejan de verse personalidades de Nueva Zelanda; el carismático Zinzan Brooke se pasea por el palco; también está Richard Loe, y Eric Rush se acomoda en su sector para participar como comentarista de la televisión.
Los fanáticos se identifican inmediatamente porque todos, sin excepción, lucen una prenda negra. Por supuesto que las camisetas con el helecho plateado son distintivas, así como los rostros pintados. Cantan sin parar, se los ve felices, y es comprensible: el equipo inspira confianza y los sudafricanos no provocan tensión de ningún tipo. Los litros de cerveza también hacen lo suyo para favorecer la desinhibición.
¿Quiénes son los dueños de casa esta vez? Cualquier distraído bien podría creer que se encuentra en una ciudad neozelandesa. ¡No! Estamos en Australia, aunque no parezca. La única referencia aussie es una pareja que tiene como piel la camiseta wallabie; también se ven algunos ingleses sueltos o unos poquitos franceses. Todos conviven sin problemas, civilizadamente. Se hace placentero el paseo antes de ir hacia el lugar de trabajo.
El espectáculo conmueve, así como después despertarían admiración Spencer, Rokocoko y Cía. No hay duda: los All Blacks pisan bien fuerte en esta cita universal. Son el "enemigo" por vencer.




