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Observar a Hindú tal vez les infunda cierto temor a sus rivales. Mantiene el esqueleto del equipo bicampeón, con los hermanos Fernández Miranda al poder, y con su juego intacto, desarrollado a la velocidad de un rayo, siempre dinámico y contundente. Sus jugadores históricos descansan en el atrevimiento y en la calidad de los juveniles, y a éstos, cada vez que se los llama a tomar el mando cumplen siempre a la perfección. La simbiosis entre la experiencia y la juventud es un lazo fuerte, casi inquebrantable. Por eso, cuando uno ve a Hindú, no es sencillo escoger a una figura. Siempre hay más de un destacado y se debe, inevitablemente y quizá por rigor, elegir al guía o, si no, al hombre que rescata al equipo de los pocos baches en los que suele caer. A veces, Hindú se refleja en el espejo de la perfección.
Lejos de quedarse con los elogios, Hindú siempre echa mano de la bolsa de los esfuerzos, la constancia y la superación. Jamás vislumbra un atisbo de conformismo. Ese espíritu insaciable podría ser una vía directa y veloz hacia el tricampeonato. Es cierto que el torneo recién da sus primeros pasos, pero aún es más cierto que ninguno de los otros equipos tiene la talla rugbística de los de Don Torcuato.
El paraíso en el que reposa Hindú muy pocas veces sufre variaciones. Pero cuando las cosas no salen tal cual se previeron, el equipo cae en los abismos de la inestabilidad y se toma un tiempo para reaccionar. Algo de esto sucedió ayer en Longchamps. El ímpetu de Lomas en el comienzo lo asombró a Hindú, que en un santiamén se encontró con el marcador desfavorable por 15 puntos. Después, Lomas se tropezó con su realidad y su problemas tácticos (los backs no le encontraron la vuelta a cómo marcar al rival) y físicos (pues hubo una notable baja en el segundo tiempo) lo expusieron a una derrota que se desarrolló al ritmo de Hindú: juego ágil y vistoso, y con la música del try a toda orquesta. El poder de Hindú sigue vigente y el equipo cada día juega mejor. Hay motivos para sonreír.
La voz de mando
La elección de Manasa como la figura de Hindú responde a su liderazgo y capacidad de guiar al equipo a un nuevo triunfo. Marcó 13 puntos, pero sobresalió, porque su voz de mando hizo reaccionar al equipo cuando iba en desventaja y estaba desorientado. Es necesario destacar a los goleadores Mateo Iachetti, Juani Gauthier y Belisario Agulla. Y porque no al poderío del pack en su plenitud.



