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Iban cinco minutos del segundo tiempo cuando empezó con los movimientos precompetitivos. Se movía por el in-goal y en cada pasada cosechaba elogios. El partido seguía su curso, pero todos estaban pendientes de él: Lisandro Arbizu se dio el gusto de volver a la Primera de Belgrano. Promediaba el segundo tiempo cuando los entrenadores cantaron el cambio. Entonces, Sebastián Gastaldi miró para el costado y vio a la leyenda elongando al límite del campo de juego. Un trote corto los encontró cara a cara y ahí sí, a los 40 años, tras 15 de ausencia en el primer equipo de Virrey del Pino, el capitán más joven de la historia de los Pumas entró para jugar su último partido con la camiseta Marrón, la que lo vio nacer; la camiseta de sus amores.
Movedizo y participativo, Arbizu se mostró en excelente estado físico en los 20 minutos que estuvo en la cancha. Hasta se dio el lujo de participar en el try de Masera. Su club, Belgrano, con él en la cancha, venció a Lomas, por 40 a 10. Pero eso quedará como una anécdota.
"¿Cómo me sentí dentro de la cancha? Perfecto y natural, nunca quise forzar este día." Así definió el primer rugbier argentino en convertirse en jugador profesional su despedida. Pero el de ayer no será su último partido. Es que a los 40 años la vida como jugador le tendrá un último desafío en el Viejo Continente, dónde será jugador y entrenador del VRAC Valladolid por un año, con la intención luego de seguir desde afuera de la cancha. El próximo domingo viajará rumbo a España.
Referente histórico de los Pumas (camiseta que defendió en tres mundiales), opinó sobre el Rugby Championship: "El rugby creció y hay una proyección a futuro lindísima. Ahora que entramos en el primer mundo hay mucho trabajo por hacer a nivel deportivo y humano. Para trascender en el tiempo debemos apoyarnos en las históricas armas de los Pumas: el alma, corazón, esa presión asfixiante y el tackle. Y por otro lado, hay que incorporar la cuota ofensiva, pero creo que hay potencial para hacerlo", se explayó el histórico centro.
El pasillo del final con los jugadores de Belgrano y Lomas, sus amigos y sus fanáticos de siempre, aplaudiendo a rabiar, fueron la última caricia para el hijo dilecto de uno de los clubes fundadores. Arbizu, Lisandro, Liso... como siempre, sereno y analítico, se despidió con su gente del rugby nacional.



