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SAN CARLOS DE BARILOCHE (Especial).- En un escenario majestuoso, impactante, aunque algo atípico, se escuchó el desahogo de Hindú, que venció por 17 a 13 a San Luis en la definición del 12° Campeonato Nacional de Clubes por la Copa Toyota, que se disputó en esta ciudad.
El conjunto de Don Torcuato logró así su cuarto título del certamen federal; pero, más allá de eso, para el equipo la victoria tuvo sabor a revancha, como una demostración contundente de que la eliminación en las semifinales del torneo de la URBA fue sólo un tropezón. Y ayer Hindú evidenció que está de pie y clausuró un año casi sin fallas de la mejor manera: gritando campeón.
Si antes del partido había un favorito ese era el ganador. Los antecedentes así lo mostraban (de los últimos 25 choques ante su rival había vencido en 22). Pero resultaba una incógnita saber cómo iba a responder este equipo aún golpeado por la derrota ante el CASI. Y el equipo respondió. Tal vez sin el brillo que vislumbra en cada una de sus presentaciones, pero sí con la personalidad y la experiencia suficientes para jugar este tipo de encuentros.
Desde el comienzo el conjunto de Patricio Noriega impuso el ritmo, evidenció por qué es el conjunto más ganador del Nacional de Clubes. A pesar del fuerte viento arremolinado y de la intermitente lluvia, se las ingenió para jugar y sacar provecho de cada ataque. Después de obtener una buena diferencia tras un gran movimiento de los backs, siempre bien guiados por el apertura Santiago Fernández, disminuyó un poco en su producción. Y a partir de entonces se vio lo mejor de San Luis, que poco a poco se acercó en el marcador mediante los kicks de José Altube (goleador del torneo con 79 puntos).
Durante los primeros movimientos de la segunda mitad continuó el protagonismo de los platenses, que se pusieron en ventaja en el marcador tras un try de Esteban Zannini, que se logró filtrar entre los tres cuartos torcuatenses como unos pocos rayos de sol en la fría tarde sureña.
Pero Hindú es implacable. Y no perdona. Sólido en defensa, recuperó la pelota y jugó el rugby que más le gusta. Buscó por todos los medios y finalmente fue Gonzalo Feijoó el que apoyó en el in-goal rival, bien cerca de la línea de touch. Así, el combinado de Don Torcuato retomó el poder en el tanteador y ganó en tranquilidad. Para colmo, San Luis se quedó con un hombre menos los últimos diez minutos al haber sido amonestado el pilar Hernán Giralt por un innecesario golpe de puño desde atrás.
Durante esos instantes finales el equipo marista, con más ímpetu que orden, intentó quebrar la marca de Hindú, que para entonces mostraba cierto nerviosismo, tal vez con los recuerdos frescos de lo que había sucedido en ese minuto dramático sobre el epílogo de la última semifinal del torneo de la URBA.
Pero salió ileso ante un indolente avance platense. Obtuvo un line out, una de las formaciones que más le rindió durante toda la temporada, y desde éste, con algo de desprolijidad, Nicolás Fernández Miranda tiró la pelota afuera para desahogar ese grito que tanto significado tiene cuando el calendario marca el fin de año.
Hindú se puso de pie, ratificó que este torneo le sienta bien, pero sobre todo, iluminó un cierre de año que para muchos había oscurecido de golpe con aquella eliminación ante el CASI. Algo que se merecía.

