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LYON.- En el primer contacto se comprueba, con inequívoca certeza, que nada cambió. Al menos su forma de ser, de comportarse, es idéntica. Es un Gaitán auténtico. Se lo ve jugar al ping-pong con sus amigos en el gran salón del primer piso del Hôtel Métropole, se ríe y se divierte, como siempre. Hasta su timidez, de la cual parece que nunca podrá despojarse, lo tiene como retraído, porque no quiere -ni le gusta- invadir la intimidad; sus compañeros del seleccionado tienen que buscarlo e invitarlo, o hasta como llevarlo, para que se sienta uno más en la convivencia y participe de los movimientos del plantel nacional. "Es que no quiero molestarlos; ellos están en lo suyo, y yo voy a donde me dejen", explica, casi sonrojándose, Martín Gaitán, que está de vuelta con los Pumas desde anteanoche, luego de la operación en Gales por un incidente cardíaco que padeció en el vestuario del Millennium Stadium, tras el amistoso ante los Dragones Rojos.
La primera noche en el búnker la pasó en la habitación 519 de su amigo Agustín Pichot -no estaba porque había ido a su casa en París-, pero desde ayer está en un cuarto para él. El capitán argentino le consiguió como recuerdo la casaca N° 23 del combinado Bélgica XV, partido en el que ya no estuvo, y el Negro, fiel a su estilo, no pudo guardarse una broma: "Ahora voy a tener que empezar a coleccionar camisetas, para armar un museo. Además, en el club el otro día me hicieron patear el kick-off en el amistoso con Leinster y eso se lo hacen a los que se retiran", disparó con una carcajada.
Las razones de esta gratificante visita de Gaitán, que convivirá con la delegación hasta el jueves próximo, son simples y describen a la perfección su estatus de gran persona : "La última vez que vi a los chicos estaba tirado en una cama y todo conectado; no me olvido de las caras de ellos shockeados la verdad, era una imagen bastante fea, horrible, y no quería que se quedaran con ese recuerdo de mí. Entonces, aproveché ahora que no había ningún partido y van a estar un poco más tranquilos para venir, para ver cómo están y para que la última imagen que tengan de mí no fuese la del hospital", explicó el paranaense, de 29 años, que manejó desde Biarritz -demoró ocho horas-, la ciudad donde vive, para reincorporarse al seleccionado nacional, ahora como el Puma N° 31.
En tres días se cumplirá un mes de la intervención en la cual le colocaron un stent en una arteria, y sobre su condición, el ex CASI comentó: "Estoy bien, en ningún momento sentía nada. Fueron sólo los días que estuve en el hospital y desde que salí hice vida normal. Las recomendaciones de los médicos es que tengo que estar tranquilo, no hacer ningún esfuerzo físico, pero en general no hay mucha diferencia de cómo me comportaba antes", expresó.
-Entonces, ¿la única restricción es la de no hacer esfuerzo físico?
-Sí, pero también tengo que tener cuidado de no golpearme, de no lastimarme, porque estoy tomando pastillas anticoagulantes, para que la sangre sea más fluida, entonces si tengo una herida importante me podría desangrar. Tengo que cuidarme con eso, pero nada más; incluso, de las pastillas voy a tener que seguir tomando sólo una de por vida.
Por el momento, el Negro no habla de proyectos, planes, pero sí tiene asumido que ya no será un jugador profesional: "¿Qué voy hacer de mi vida? No sé, pero el médico me dijo que me olvide de jugar al rugby de manera profesional, y no por algún problema del corazón, sino porque con el tema de los golpes, puedo tener una hemorragia interna y eso sería demasiado riesgoso. Esto no quiere decir que no vuelva a hacer deporte, pero ya no en el alto nivel.
-Por ahora, nada, muy tranquilo. En todo momento, digan lo que digan, lo primero que me viene a la cabeza es la imagen del médico galés diciéndome: "La verdad, no entiendo por qué estás vivo". Entonces, poco importa que me haya perdido el Mundial, que no pueda volver a jugar, sabiendo que de casualidad estoy vivo. Darme cuenta de eso ya me pone feliz, contento; todo lo que venga después es gratis.
-Entonces, no te afecta tanto eso de ser "un ex jugador".
-No. Al menos eso es lo que siento ahora, después no sé cómo me va a caer, si me van a dar ganas de insultar. Estoy mentalizado y asumiendo que soy un ex jugador, pero te repito, eso poco me importa en este momento. No sé si voy a volver a jugar o no, pero lo único que me hace feliz es saber que estoy vivo. Y cuando estaba en el hospital sólo pensaba en poder hacer una vida normal, y el médico me dijo: "¡No veo por qué no!". Eso me hace estar feliz en estos días, después veré qué hago. Por lo pronto voy a seguir en Francia porque por dos o tres meses no puedo viajar en avión y, además, van a pasar como seis meses para que el corazón se adapte al stent . Entonces, mucho no puedo hacer ni decidir. Lo único que me interesa es tener una buena recuperación y estar bien, después, no sé tendré que adelantar el retiro y ponerme a laburar [risas].
La llegada de Gaitán produjo una profunda emoción en el plantel nacional, en él no estuvo ajeno a esa revolución interior de sensaciones: "Ahora que los vi, estoy mejor. Pasamos mucho tiempo juntos y de repente yo me tuve que alejar, y por más que los veía por televisión y hablaba todo el tiempo por teléfono, no es lo mismo. Estoy muy contento de verlos, y a mí también me hace bien. Cuando estaba en el hospital, los veía tan preocupados a ellos que no me permitía sentirme mal. Todos se ocuparon de mí; Agustín [Pichot] se quedó a dormir en un lugar que no se podía y no le importó nada; Mario [Larrain, el médico del plantel] no se fue de mi lado hasta no estar seguro de que no me faltaba nada esas cosas sirven", comentó Blackie.
-No, porque la televisión francesa no las mostró, pero me enteré por los chicos y, no tengo más que palabras de agradecimiento para todos. Los jugadores, los entrenadores, los dirigentes, todos me brindaron su apoyo incondicional y, la verdad, eso me hace sentir muy bien y me ayuda un montón.




