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Que nadie se atreva a decir ahora que todas las etapas decisivas son aburridas, tediosas, amarretas hasta el hartazgo. Después de la electrizante y colorida definición que se disputó ayer en el agobiante Don Torcuato, nadie podrá arrogarse el derecho de refunfuñar de antemano porque se imagina a los contrincantes especulando, reservándose lo mejor de sí por temor a equivocarse, quitándose de encima a los golpes cualquier imprudencia imaginativa que pueda complicar un resultado favorable.
Hindú y Duendes demostraron en la décima final del Nacional de Clubes que la conciencia jamás sufrirá temblores mientras uno haya sido fiel a sus convicciones. Se dirá que Hindú, vencedor por 31-27 y tricampeón, gozará como ninguno. Es cierto, pero los rosarinos apaciguarán la amargura con la tranquilidad de saber que respondieron al máximo de su potencial.
Los locales desplegaron todos sus chiches en la primera etapa (22-3). Apabullaron a los visitantes -frágiles en el scrum, lentos en la traslación y los reposicionamientos- con la incontenible dinámica de sus backs (Hernán Senillosa y Juan Ignacio Gauthier a la cabeza). Marcaron tres conquistas en ese lapso: una, del pilar Pablo Henn, tras un movimiento line-maul; la segunda, un try-penal generado luego de otra penetración del Chori Senillosa y un posterior tackle alto a Gauthier, y la tercera, merced al laborioso ala Guillermo Aguilera, que interceptó una patada del fullback Ramón Miralles y se zambulló en el in-goal.
"°Volvamos al partido, volvamos al partido!" , gritaban desesperados desde el banco rosarino. Pero nada, nada hubo del campeón del Interior hasta el emocionante complemento. Y valió la pena la espera, porque en ese período reaccionó de manera electrizante y apoyó cuatro tries (el parcial finalizó 24-9 en su favor).
Los artífices de la formidable recuperación fueron el hooker Matías Reyes, que concluyó un mortífero contraataque luego de una recuperación central del segunda línea Camilo Boffelli; el peligrosísimo wing derecho Agustín El Mono Bianchi (22-25), que desparramó oponentes, talento y picardía en dos ocasiones tras un par de indecisiones ajenas, y el centro Maximiliano Nannini, que celebró cuando expiraba el tiempo (27-31).
Claro que cada vez que Duendes se acercaba, el botín del cerebral Juan de la Cruz Fernández Miranda se encargaba de disipar la angustia, como cuando a la salida de un scrum se perfiló displicente y ejecutó un drop letal que derrumbó definitivamente los sueños adversarios (31-22). La alusión no es casual: el genial Manasa se erigió en el estandarte de este Hindú tricampeón.

