

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

PARIS.- Lección de francés N° 3. La palabra Galia, así como su gentilicio (galo), proviene del latín "gallus", que significa "gallo" en español.
Fueron los romanos -vaya uno a saber por qué- quienes impusieron el nombre de "Galias" no sólo a la región comprendida entre las actuales Francia, Suiza y Bélgica, sino también a lo que hoy es Italia. Había una Galia cisalpina (norte de Italia) y otra transalpina (Francia, etc.).
Por esa razón, llamar genéricamente "galos" a los franceses es un error tanto histórico como geográfico. Excepto -claro- cuando se habla de deportes.
En ese terreno, los franceses han asumido con seriedad su calidad de galos: no sólo la mascota deportiva nacional es el gallo, sino que cuando una actitud es considerada el colmo del patrioterismo, ellos mismos la califican de "cocorico". Con ese adjetivo al borde del ridículo asumen al mismo tiempo su calidad de gallus y la existencia de un nacionalismo exacerbado que, seamos justos, no es patrimonio exclusivo de esta nación cuando se trata de medirse con otro país.
Hay que reconocer que, en muchos casos, el "cocorico" francés es justificado: tienen los mejores vinos y quesos, una gastronomía fabulosa, el tren bala más rápido del mundo, una literatura clásica que modeló a la humanidad, un savoir-faire legendario, las mujeres más elegantes del planeta, una moda de vanguardia y la Torre Eiffel. Las cosas son más discutibles cuando se trata de deportes.
Sin embargo, como ése suele ser el terreno predilecto para expresar ese tipo de desviaciones, aquí van algunos ejemplos de "cocorico" vistos y oídos desde que comenzó el Mundial de rugby.
Diez días después de la derrota ante la Argentina en el partido inaugural, segundos antes de que los azules enfrentaran a Namibia, el comentarista estrella de la cadena privada de televisión TF1 hizo la siguiente afirmación: "El Mundial comienza hoy. Podemos decir sin temor a equivocarnos que por fin veremos rugby de altísima calidad".
Una semana después, cuando la Argentina enfrentó a Irlanda en el Parque de los Príncipes, los tres comentaristas principales -entre los que se contaban dos ex jugadores célebres, Eric Champs y Thierry Lacroix- anunciaron al aire sus preferencias sin ruborizarse minutos antes del partido: "Irlanda, digámoslo desde ya, que cuenta con nuestro apoyo y nuestra simpatía, tiene todas las posibilidades de ganar este match".
¿Hace falta decir que el entusiasmo duró lo que canta un gallo? A medida que los irlandeses se inclinaban ante unos Pumas maravillosos, los comentarios se volvieron cada vez más circunspectos. Pero la resistencia seguía allí: "En fin, quizás habría que reconocer que hay algo de talento en el equipo argentino", concedió uno de ellos.
Ni siquiera la realidad, que terminó por caerles encima como la miseria sobre el pan, consiguió desalentarlos.
"Y ¿ahora? Vamos camino a Cardiff a enfrentarnos con los All Blacks. Este es el peor de los escenarios ", se animó a sugerir un joven movilero a Bernard Laporte.
"No, no enfrentaremos a los All Blacks. Enfrentaremos a Nueva Zelanda. Y les podemos ganar", lo corrigió el entrenador de los Bleus, transformado en aprendiz de Lacan.
Repetida hasta el cansancio por diarios, radios y cadenas de televisión, la consigna había logrado que, el viernes, 50% de los franceses estuvieran convencidos de que Francia aplastaría a los All Blacks (perdón, a Nueva Zelanda) en el estadio Millennium de Gales. Lo que pasó en Cardiff ya es parte de la historia.
En todos los rincones del planeta, los franceses festejaron el triunfo hasta que salió el sol. "La victoria no me sorprendió: cuando uno viste la camiseta con el gallo sabe cuáles son sus obligaciones", declaró Eric Champ.
Como si se tratara de una final, los diarios hicieron eco del sentimiento nacional: "Gigante", "Enorme", "Inmenso", proclamaron los titulares. El más "cocorico" fue el deportivo L Equipe , que cruzó su portada con un imponente: "¡Tan francés!".
En el fondo, ¿por qué criticar a los simples mortales cuando el colmo del chauvinismo fue alimentado por el mismo Napoleón? "Imposible no es francés", decía el Emperador. Todavía no sabía que a cada Bonaparte suele llegarle su Waterloo.
50 por ciento de los franceses consultados en las encuestas creía que el equipo vencería a los All Blacks.



