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La antagónicas equivalencias quedaron visiblemente expuestas. A pesar de su ardor, el CASI no pudo disimular las penurias que lo atormentaron en el curso de toda la temporada, mientras que el SIC simplemente pisó en terreno seguro a partir de su distintiva consistencia. Fue superior, indiscutidamente, pero el conjunto de Boulogne no ejerció un dominio abrumador sobre un adversario que ni en la despedida logró quitarse de encima los contratiempos. La indeclinable estabilidad de los Zanjeros los condujo hacia la fiesta más anhelada: victoria inobjetable por 38-12 para la clasificación a las semifinales.
En el primer capítulo prevaleció la puja física, la cautela y el estricto respeto por no apartarse de la estrategia; cerca de media hora transcurrió sin mayor peligro, hasta que el incontenible De Vedia -buen salteo de Piccinini- desbordó por la punta derecha. La estocada no rindió a la Academia, que, sustentado en la enjundia de los forwards, consiguió igualar con la anotación de Campero (irrumpió hacia el in-goal desde un ruck).
En el juego y en el tanteador se advertía una inclemente monotonía, sin ninguna conducta dominante. Pero a poco de ir al descanso, el SIC dio una señal de lo que era capaz de hacer: el pack arrasó con un maul que avanzó unos 15 metros, después de la liberación del balón y un preciso cruce en el centro de la cancha entre Vago y De Vedia, quedó el horizonte despejado para que Soiza llegara hasta debajo de los palos. Una estupenda conquista para apuntar el camino hacia la eclosión decisiva.
Luego del descanso, emergieron los Zanjeros con sus mejores recursos. Leonardi tomó el balón en un line y a toda potencia embistió para propinarle otro golpe a un rival que empezaba a perder su visibilidad. En otra proyección profunda y con una buena utilización del ancho del terreno, Artese definió sobre la bandera. Estas dos anotaciones terminaron por desmoronar, en un cuarto de hora, las esperanzas de la Academia que, para colmo, agravó su endeblez con las amonestaciones de Buquete y Gambarini.
Los beneficios les desobstruyeron la tarea a los vencedores, ya sin obstáculos para ejecutar sus ideas. Leonardi amplió la ventaja al levantarse desde un scrum, y en un fijo el árbitro decretó try-penal para un resultado ya inalcanzable (38-7). La veloz escapada de Vidal quedó como imagen de consuelo para la despedida de la insustancial temporada del CASI.
La floja temporada del Atlético de San Isidro dejó este balance: ganó sólo nueve de los veinte compromisos (de las dos ruedas) y sufrió once derrotas. Para el año próximo hay que esperar qué resolverán Santiago Sanz y Pablo Gambarini, que podrían ponerles punto final a sus trayectorias.
42 superclásicos ganaron los Zanjeros desde que se disputó por primera vez (en 1937); el historial lo domina el Atlético, con 62 victorias, y además hubo una decena de empates. El CASI no vence en su cancha desde el 12 de julio de 2003 (venció por 13-6); de ese cotejo al de ayer, se midieron cuatro veces.



