Pablo Matera, el corazón de Jaguares y una experiencia que lo cambiará por siempre

El tercera línea jugó su último partido en la franquicia argentina y fue reconocido como el MVP de la final; "es el equipo de mi vida", aseguró
El tercera línea jugó su último partido en la franquicia argentina y fue reconocido como el MVP de la final; "es el equipo de mi vida", aseguró Fuente: AFP
Juan Manuel Trenado
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6 de julio de 2019  • 20:53

CHRISTCHURCH, Nueva Zelanda.- Apenas acaba de terminar el torneo. Los Jaguares todavía no terminaron de digerir la derrota con Crusaders. Pero Gonzalo Quesada ya se animó a hablar del Super Rugby 2020. El tema lo disparó una pregunta: "¿Uno de los desafíos desde ahora es que esto pase a ser un objetivo más que un sueño?". El entrenador argentino contestó: "Tratamos de darnos las herramientas para que estas cosas sean un objetivo para nuestro trabajo y no una utopía. Somos conscientes de que todos los equipos mejoran año a año. Nosotros tuvimos que encarar este año el desafío de reemplazar a Nico Sánchez, a Juan Hernández, a Leo Senatore. Y ahora Lavanini, Landajo, García Botta y Matera".

Todos los nombres son importantes, por supuesto. Pero ninguno más que Pablo Matera. El tercera línea es el corazón del equipo, la potencia, el tackle. El hombre que rompe la línea de ventaja del rival, gana metros con sus carreras. Todos son valiosos. Matera es irremplazable.

Está amargado, se nota que preferiría no hablar, pero sabe que tiene que hacerlo. "Ellos por momentos manejaron mejor el territorio, jugaron un poco más con el pie. Nosotros por querer salir jugando de nuestro campo perdimos una pelota que termina en el único try de ellos, pero después de esa jugada puntual no hubo mucha diferencia. Tuvimos dos oportunidades claras para marcar puntos y pudo ser para cualquiera la final. Ellos son los justos campeones", acepta.

Tiene 25 años y acaba de ser contratado por Stade Français, pero sabe que esta experiencia lo marcará para siempre. "Desde los cuartos de final salía con la idea de que podía ser el último partido. Y tuve el objetivo de ir a buscar siempre uno más. La verdad es que no puedo proyectar lo que va a pasar con mi carrera, pero hoy tengo que decir que este es el equipo de mi vida. Lo que vivimos acá fue muy fuerte. No sé si voy a tener otra oportunidad de vivir algo tan importante. Lo disfruté muchísimo. Estas últimas semanas tuve los días contados. Este grupo para mí va a ser eterno".

-¿Llegaron a lo máximo o les faltó algo?

-Los partidos perfectos no existen, pero este grupo lo buscó y varias veces nos acercamos mucho. Otras veces ganamos por otras cosas. Pero la mentalidad fue hacer el sistema perfecto, las carreras perfectas. Llegar acá sin ser un poco obsesivo no se puede. Cada día tenés que subir la vara. Ser un equipo más peligroso en ataque y mejor parado en defensa. Nosotros nos sorprendimos mucho por cómo se dieron las cosas. El 2 de enero nadie iba a imaginar esto. El 99% hubiera dicho que era una locura.

Cuando habla de obsesión, se refiere al exhaustivo trabajo de precisión y detalles en los que un jugador tiene que sumergirse para poder alcanzar lo que los Jaguares lograron. Desde estudiar los videos de un rival a revisar los propios en un entrenamiento, bajo el control de un drone. Matera es uno de los que más entendió que sin ese tipo de tareas todo esto hubiera sido imposible. Aunque no haya alcanzado, está orgulloso del procedimiento con el que se ubicaron en un lugar en el que nunca habían estado.

"El drone y las cámaras son la mejor manera de evaluar las líneas en el entrenamiento. Cada partido modificaba el sistema. Dependiendo de cómo defiende el rival, cómo ataca. Dónde están sus debilidades. Cada semana nos adaptamos a eso, lo trabajamos, lo estudiamos y tratamos de hacerlo en la cancha. Tenemos una base, pero tiene un montón de variantes". A veces alcanza, a veces no. Porque el rival hace cosas parecidas.

-¿Se puede decir que para jugar en Jaguares antes de los partidos tenés que estudiar como si fuera un examen?

-La idea es lograr que todo sea instintivo con la repetición del hábito, que no tengas que pensarlo tanto adentro de la cancha. A veces es difícil. Es tal cual como un examen. Nosotros nos juntamos, tuvimos reuniones, con nuestros cuadernos, nuestras anotaciones con el rol de cada uno en cada una de las secuencias de juego. Las estudiamos, las repetimos. Si alguien no sabe su rol o no lo estudió bien, el entrenamiento no va a ser bueno o no tendrá la dinámica necesaria. Todos tenemos que ser responsable y saber el rol que nos toca en cada jugada. Y después, lógicamente, ejecutarlo de la mejor manera.

No se dio esta vez, pero está convencido que esta es la manera: "No es casualidad que los cuatro mejores del torneo hayan llegado a las semifinales. Que los dos mejores llegaran a la final. Y que el mejor haya ganado. El laburo paga. Ahora estoy triste, porque la ilusión era muy grande. No vinimos a otra cosa que ganar. Fue un año muy fuerte y bueno del equipo. Los chicos tienen que seguir laburando, seguir buscando cosas más grandes".

-Más allá del resultado, ¿el método es el mejor legado que le queda al futuro del equipo?

-Lo que hicimos no nos asegura un resultado, o volver a una final. Pero sí una forma de hacer las cosas. La que el equipo eligió. Nosotros creemos que elegimos el camino correcto. En cuatro años formamos de manera forzada una cultura. Porque el equipo es nuevo. Y hoy puedo decir que se hizo carne. El equipo mismo te lleva a querer vivir esa cultura. Un jugador entra a Jaguares y a las dos semanas sabe perfectamente lo que se puede hacer y lo que no. El que no lo entiende no puede pertenecer.

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