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El 14 de noviembre de 1992 llega una de las victorias más significativas de la historia de los Pumas: en un test disputado en Nantes, derrotan al seleccionado francés por 24 a 20 y protagonizan el primer éxito de nuestro seleccionado en el Viejo Continente; la sorprendente actuación llega por una notable tarea de los forwards y por la tarde inspirada del tucumano Santiago Mesón, que anota 21 puntos gracias a la eficacia de su patada.
Pocos meses después de que se pusiera en marcha la modificación reglamentaria que le otorgaba al try un puntaje de cinco puntos en lugar de cuatro, los Pumas enfrentaban una gira por tres países europeos. El equipo argentino venía de perder en forma abultada con Francia en una serie disputada en Buenos Aires en julio de 1992, y de quedar eliminado en la primera ronda del Mundial jugado el año anterior, en Gran Bretaña.
Esos antecedentes hacían que el plantel no gozara de mucha confianza en el momento de comenzar el recorrido que los llevaría por España, Rumania y Francia. La conducción seguía a cargo de Luis Gradin, aunque ahora tenía a su lado a un hombre que sería protagonista en los Pumas en la década que comenzaba: José Luis Imhoff.
"Creo que lo más lindo de esa gira fue que estuvo bien pensada. Se fue de menor a mayor, jugando con España, Rumania y sólo después en Francia, cuando el equipo alcanzó su máxima expresión. Viajamos con un equipo consolidado, con un pack de forwards muy fuerte y equilibrado y con backs con gran capacidad como Cuesta Silva, Arbizu, Terán y Salvat", cuenta Santiago Mesón, el fullback y pateador del equipo que salió a medirse con Francia en Nantes. Antes, los Pumas habían disputado siete partidos con triunfos ante los seleccionados de España y Rumania, y los combinados de Madrid, Rumania B, Roussillon y Limousin-Auvergne; la única derrota fue contra Costa Vasca.
Una nueva generación había invadido el seleccionado en 1990 y, aunque la mayoría de sus jugadores ya tenía una valiosa experiencia como el Mundial en sus alforjas, el equipo seguía adoleciendo de una cuestión fundamental: un pateador confiable.
El tucumano Mesón tenía todo el potencial para convertirse en ese hombre que buscaban los entrenadores, sobre todo porque también aportaba en otras facetas del juego y había demostrado que podía actuar con solvencia en cualquier puesto de la línea de backs. Sin embargo, él mismo explica por que no terminaba de asumir esa misión con eficiencia: "Yo empecé a patear en 1988, en el seleccionado tucumano, pero era tanta la responsabilidad que muchas veces el tema me superaba. Y en los Pumas tenía partidos en los que le pegaba horrible a la pelota, como nunca le había pegado en mi vida. Hubo un partido con Canadá, en 1990, en el que jugué bien con las manos y fui un desastre con el pie. Sentía la presión de patear. Me entrenaba el doble, pero el tema era que no estaba maduro mentalmente."
Como admite el actual médico, especialista en oftalmología, sus altibajos eran notorios, pero cuando estaba enchufado podía definir un partido. Y en aquella tarde de Nantes sumaría nada menos que 21 puntos con el pie: "Unos días antes de jugar con Francia pensaba cuándo sería el día del batacazo. Nunca había vivido un éxito trascendente en los Pumas. Arrancó el partido, y a los pocos minutos perdíamos 15-0. Me dije que se venía otra desazón, otro mal trago. Pero el equipo se fue acomodando, tuve la suerte de tener buena puntería, gracias a la confianza del equipo y de los entrenadores, y viví una jornada inolvidable.
"Ya en el 92 empecé a abstraerme y a sentirme respaldado. Además, para esa época tuve la suerte de integrar el equipo con otros tucumanos, por lo que se generó un ámbito de compañerismo que permitía transferir a otra escala lo que hacíamos en nuestro clubes. Ninguno estaba sólo y el grupo hacía todo fácil y bien. Fue un tiempo en el que me sentí a pleno en el plantel", describe Mesón, que integraba un equipo con una fuerte influencia del espíritu de lucha tucumano, ya que entre los titulares también actuaban el octavo José Santamarina, el hooker Ricardo Le Fort y el wing Martín Terán.
Los Pumas, que tenían como flamante capitán a Lisandro Arbizu, con sólo 21 años, habían alcanzado cierta paridad en los choques con los franceses en los años 80, pero nunca habían conseguido derrotarlos como visitantes. Aunque llegaban precedidos de buenos resultados contra equipos de segundo nivel, no había demasiado espacio para soñar con un batacazo ante los franceses, que esperaban a los argentinos con el antecedente de una victoria reciente sobre los Springboks en París (29 a 16).
Tal vez en ese éxito francés empezó a gestarse la sorpresa de los Pumas. Sobre todo porque el entrenador Pierre Berbizier realizó muchos cambios para recibir a la Argentina, subestimando de alguna manera el poderío del equipo de Gradin. Apenas se destacaban la vigencia de Philippe Sella entre los backs, la conducción de Fabien Galthie y un tercera línea de gran jerarquía como Abdelatif Benazzi. Con la derrota consumada, Berbizier habló de "traición" y de que sus jugadores no habían "honrado la camiseta". Demasiado tarde.
Pedro Sporleder, hoy a punto de jugar su cuarto mundial, había llegado al seleccionado argentino en la renovación generacional que introdujo Gradin en el 90. Después de ganar el Mundial juvenil de ese año con los Pumitas, el jugador de Curupaytí era seguido atentamente por los entrenadores y con sólo 19 años viajó a la gira por Gran Bretaña. Su carrera en el seleccionado tuvo una gran similitud con la de otro histórico: Eliseo Branca. Ambos surgieron del mismo club, debutaron a una edad muy temprana para su puesto, y ocuparon por más de una década la segunda línea de los Pumas.
Sporleder integró el equipo que derrotó a Francia en Nantes y recuerda así los pasos previos a ese choque: "Eramos un grupo de jugadores que venía de dos años sin tener ninguna alegría. El equipo no terminaba de arrancar, pero en esa gira, los que éramos más chicos empezamos a asentarnos. Más allá de que los partidos que jugamos en Francia fueron los más complicados por el nivel de juego, la parte más dura de la gira fue la de Rumania. Las condiciones de hospedaje y de viaje eran muy difíciles. Hacía poco tiempo que había caído la cortina de hierro y todo era muy precario. Para colmo, el tucumano Fernando Buabse sufrió una lesión muy fea en la cara en esa parte de la gira.
"En Francia también fue muy duro porque todavía se jugaba el rugby de los 80, con combinados muy fuertes que convertían cada partido en una batalla. Se jugaba de noche,con niebla o con lluvia, y con la banda tocando al costado de la cancha. A pesar de eso nos fue bien en los partidos provinciales y llegamos confiados al test con los franceses", comenta Sporleder."
Con respecto al triunfo en el test, el jugador oriundo de Puerto Madryn dice: "Francia era el candidato después de ganar con comodidad la serie en Buenos Aires y de derrotar a los Springboks unas semanas antes. Pero nosotros llegamos afilados, con ritmo de gira. Teníamos un pack de forwards muy consolidado y aguerrido, que obligó a los franceses a cometer muchos penales, y por suerte contamos con Santiago Mesón iluminado.
"Mi recuerdo más fuerte del vestuario después de la victoria es el abrazo que nos dimos con Germán Llanes. Habíamos jugado juntos en la segunda línea los dos años anteriores y estábamos muy emocionados porque por fin podíamos festejar algo importante con los Pumas. Fue el partido soñado. Todo el grupo lo necesitaba mucho".

