Cómo está el Parque Olímpico a tres años de los Juegos de Londres

El escenario que albergó los Juegos de 2012 revitalizó una zona de Londres que estaba postergada, pero las propiedades se hicieron inaccesibles
Santiago Peluffo
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29 de octubre de 2015  • 23:59

LONDRES.- Hace unos años, los Pumas y Sudáfrica podrían haber entrado en el Estadio Olímpico para jugar el tercer puesto del Mundial de rugby protegidos por varios patrulleros. Stratford, en la zona 3 del Este de Londres, ha sido históricamente una de las más postergadas de la capital y con los índices de criminalidad más altos del Reino Unido. Desde la ejecución del plan maestro en 2005 para recibir los Juegos Olímpicos de 2012, el área está en permanente transformación: hoy es una suerte de Puerto Madero con un parque de 2260 kilómetros cuadrados y un shopping colosal, pero recibió críticas por el incremento de los valores de las propiedades, en manos extranjeras y accesibles para pocos.

La ribera del río Waterworks es el mejor testigo: diez años atrás había un depósito de heladeras viejas en tierra de nadie que era el hazmerreír de Europa; hoy los vecinos navegan por el parque olímpico los fines de semana. "Ahora es como un destino nuevo. Tengo una canoa y puedo ir al velódromo perfectamente", cuenta a LA NACION el argentino Pedro Reyna, vecino de la zona.

La creación del Parque Olímpico inyectó una dosis deportiva que prevaleció a los Juegos de 2012: los vecinos corren y andan en bicicleta, y el Centro Acuático -donde Michael Phelps se convirtió en el máximo ganador de medallas de oro (18) en la historia de los Juegos- se puede usar ilimitadamente por 45 libras al mes (US$ 68), lo mismo que en cualquier gimnasio municipal de Londres.

El espíritu olímpico trajo, sobre todo, claridad al barrio. La iluminación nocturna, junto con la seguridad las 24 horas alrededor del estadio, permite a los vecinos circular sin miedo al regreso del trabajo. "Hay más luz. Antes no había nada en la zona. Hasta la criminalidad bajó porque pusieron más cámaras y tenemos seguridad todo el día", dice Mohammed, voluntario del Mundial de rugby, en el estadio Olímpico donde Usain Bolt se convirtió en leyenda hace tres años y donde hoy los Pumas buscarán el bronce.

Aunque admite que el valor de los alquileres subió más del doble, Mohammed celebra la transformación de Stratford. "Yo no tenía trabajo hace unos años y gracias a la remodelación del área por los Juegos yo estoy acá ahora", cuenta.

El lavado de cara de la zona aceleró un proceso de desplazamiento poblacional, en Londres conocido como 'gentrification', presente en muchos barrios, donde las viviendas sociales fueron reemplazadas por emprendimientos inmobiliarios para las clases más pudientes. Pedro Reyna, que se mudó en 2008, advierte: "Se supone que la idea era darle vivienda a los londinenses; eso no se cumplió porque las inversiones fueron para la familia real de Qatar y todo fue muy comercial".

Junto al predio olímpico se construyó en 2011 el centro comercial urbano más grande de Europa, con 250 tiendas, 70 restaurantes, un complejo de cine con 17 salas y un casino. Su ubicación es estratégica: para entrar y salir de las estaciones de subterráneo y tren hay que atravesar el shopping y el patio de comidas -donde el olor a hamburguesas es constante-, como la parada obligatoria del free shop en los aeropuertos.

Frente al shopping está la joya del parque: el estadio Olímpico. Costó 1000 millones de dólares y desde la temporada que viene será la casa del nuevo West Ham London, que por US$ 300 millones más dejará luego de 111 años el histórico Boleyn Ground de Upton Park, donde el desfachatado Carlitos Tevez se lanzaba sobre los hinchas para celebrar sus goles que salvaron al descenso a West Ham United en la temporada 2006-2007. El nuevo estadio, que frenó las obras para los cinco partidos del Mundial de rugby, recibió este año una fecha de la Diamond League y en 2017 será sede el Campeonato Mundial de Atletismo.

El legado más complejo de evaluar post-Juegos Olímpicos es el de la villa de los atletas. Las tierras fueron adquiridas por el estado británico por US$ 1200 millones, luego vendidas al fondo Qatar Diar por US$ 840 millones y, desde el año pasado, unas 2800 viviendas fueron puestas a la venta en la remodelada East Village.

Los departamentos de tres ambientes, con vista al parque olímpico, superan el millón de dólares en una zona donde aun en 2014 se registraron las tasas más altas de delitos reportados en todo el país, con una ofensa criminal cada cinco horas, según la Oficina Nacional de Estadísticas británica.

Tres años después de los Juegos Olímpicos, y con un proceso de transformación que aún no termina, quizá la mejor definición del legado de Londres 2012 sea la de John Biggs, ex analista de la City y miembro de la alcaldía de Londres para los barrios olímpicos: "La principal preocupación es que la Villa Olímpica se convierta en una especie de ciudad dorada en una colina, rodeada por mares de pobreza".

sp/gs

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