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SYDNEY.- El impecable tren sale desde la estación de Bondi Junction. El pasaje no cuesta nada: sólo mostrar la entrada para el gran acontecimiento habilita a pasar sin pagar. En los vagones se observan los mismos rituales que en los bares periféricos. Banderas, gorritos y camisetas por todos lados. Los diarios locales no habían mentido con sus numerosas páginas dedicadas al hecho. La gente delira detrás de una pelota ovalada en Sydney, aunque nada tiene que ver con el Mundial a punto de dar inicio.
El fanatismo se vuelca por otro tipo de rugby, el que más pasión despierta en la costa este de Australia. Se trata del Rugby League, una modalidad totalmente distinta, en la que actúan 13 jugadores por equipo (el que conocemos en nuestro país en Australia se denomina Rugby Union). Es el rugby del pueblo, según describió alguien al pasar con precisión de cirujano. Es el deporte que enciende un total fanatismo por este lugar (en otras ciudades de Australia no es conocido) y lo confirma el cartel de boletos agotados que ocupa cada una de las ventanillas del imponente Telstra Stadium. Sí, el mismo que los Pumas pisarán en el debut el próximo viernes, ante Australia, en la inauguración de la Copa del Mundo.
Con echar un vistazo a las tribunas no hace falta cotejar la arrogante información del cartel electrónico, que se apoya en la voz de un locutor para celebrar que en el estadio hay... 81.166 espectadores (un día antes, la final del torneo de rugby union juntó apenas 13.000 asistentes). Todos ellos para ver el encuentro decisivo de la temporada entre los Penrith Panthers y los Sydney Roosters; lo que el diario Daily Telegraph, en las once páginas dedicadas al partido, bautizó como el enfrentamiento del Oeste contra el Este del Estado de New South Wales.
El rugby league tiene características muy diferentes del otro rugby. No existen las formaciones móviles y tanto el scrum como el line no tienen oposición: sirven para poner en juego la pelota. El desarrollo es monocorde: pura penetración y tackle. No hay demasiadas variantes en el juego.
No importa. La gente lo sigue ciegamente. Apoyado en un marketing asfixiante, de la mano del empresario Rupert Murdoch, propietario de los derechos (también posee los del Tri Nation y el Super 12).
"Esto es el verdadero rugby. Acá hay pasión, todos cantan. No están callados como en el rugby union", dice Phillip, australiano pero enfundado en una camiseta de Boca Juniors obsequio de un amigo. "Es la de Riquelme", aclara, mientras busca la puerta para ingresar y a su lado la universal voz de la reventa ofrece entradas de todos los colores.
Dentro del estadio se vive la fiesta como si fuera la definición del Super Bowl. Hay coreografías con porristas, fuegos de artificio y artistas que le ponen música a la espera. Mientras el grupo de rock Meat Loaf hace estallar los parlantes, los espectadores (hombres y mujeres) desfilan tomados de la mano de su acompañante ideal: el vaso de cerveza. Tomarán hasta tambalearse. Celebrarán los que ganaron y... también los que perdieron. Todos entremezclados, sin importar los colores.
Finalmente, un tal Luke Rooney se convirtió en el héroe de la noche. Autor de dos tries (cada uno vale cuatro puntos), les dio la victoria a los Panthers por 18 a 6, bajo una imparable lluvia que no amilanó los deseos de celebración de las miles de sonrisas que eligieron pasar el domingo alentando a su equipo favorito.
Desde hace rato el Telstra Stadium está concentrado para el kick-off de los Pumas v. Australia. Pero no quiso perderse de albergar al rugby que le hace perder la cabeza al este australiano. Al otro rugby. El rugby del pueblo.
SYDNEY (De nuestros enviados especiales).- El DT australiano Eddie Jones sumó un inconveniente en la preparación que los Wallabies realizan en Coff Harbour. El centro Stirling Mortlock sufrió un virus gastrointestinal y abandonó la práctica. Mortlock es uno de los titulares para el debut ante los Pumas y, aunque no se descartó su presencia, la dolencia marca un toque de atención en el búnker australiano.
