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Maratón

Mariela Ortiz, la atleta de las cuatro décadas

Ezequiel Brahim
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2 de mayo de 2019  • 13:51

Mariela Ortiz tiene 9 años, y está enojada. Muy enojada. Su padre los vino visitar y salieron a pasear junto con sus dos hermanos. "Nunca me voy a olvidar, me regaló un buzo de Kitty", pero también unos mocasines. "Yo estaba indignada, ¡eran zapatos de varón!". En ese momento no lo sabía, pero sería la última vez que lo vería

Sus padres se separaron cuando ella tenía 3 años; su hermana Eliana, 4; y su hermano Federico, 6. Después de algunas visitas esporádicas, el padre no apareció más y Mabel, la madre, se puso la familia al hombro. Fueron años muy duros. "Recién ahora entiendo", confiesa Mariela, "por que la vecina nos daba un paquete de arroz: a veces nos faltaba".

A Mabel se le iba el día con su labor administrativa en el sanatorio Güemes: Mariela, Eliana y Federico se criaron casi solos. Recuerda que si no se lavaban el guardapolvo el fin de semana, el lunes iban con los puños sucios. "Mi vieja no daba abasto, la peleaba como podía", recuerda.

Pero a la escuela no sólo iban limpios, sino también estudiados. Varios años, por ser el mejor promedio, Mariela fue abanderada. "Recuerdo un día que la bandera me pesaba muchísimo", comenta. No era el peso de la responsabilidad; la procesión iba por dentro: en ese acto tenía unas zapatillas tan gastadas que habían perdido hasta las plantillas. ¿Se acuerdan de esas suelas que eran un enrejado hueco y cuadriculado, como las Flecha? Bueno, así de cuadriculadas le quedaron las plantas de los pies a la alumna Ortiz. Hoy es la imagen de Nike y elige el par de zapatillas que más le guste para hacer juego con la remera. "No me olvido nunca de lo largo que se me hizo aquel acto", cuenta, con media sonrisa.

Mabel no les podía lavar los guardapolvos ni tampoco llevarlos a hacer deporte; ni siquiera pudo estar en ese acto de zapatillas viejas. "No sé como hizo para criarnos sin estar, pero lo hizo. Fue la antimadre", la define Mariela. "Y sin embargo, para mí, fue la mejor mamá del mundo".

Lo más parecido que tenía a una actividad deportiva era jugar en el Parque Centenario. Vivían a la vuelta y podían ir cuando quisieran: "era feliz colgada de las plantas", repasa. Creció admirando a Nadia Comaneci, primero, y a Gabriela Sabatini, después. Le gustaba como lucían sus equipos deportivos impecables, ese entrenamiento disciplinado detrás de un único objetivo. "Pero la realidad me cacheteaba, nadie me iba a llevar a hacer un deporte", explica. Claro, había que conformase con soñar en el Parque.

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. Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Aunque a veces, muy de vez en cuando, la realidad te guiña un ojo. Una amiga que tomaba clases de tenis le pidió que la acompañara. Fue un par de tardes y el profesor le dijo que le veía condiciones. Pero no nos ilusionemos: una cosa es un guiño y otra es poder pagar raquetas, pelotas, profesores y turnos de canchas. "Jamás llegué a plantearle ese deseo a mi vieja", enfatiza. Tendría 10 años, pero Mariela ya entendía la realidad. "Su preocupación pasaba por qué no nos falte la comida", sostiene.

La infancia de los hermanos Ortiz pasó, Mabel formó una nueva pareja y todos se fueron a vivir, primero a Flores y luego ya a El Palomar. Para Mariela eran tierras desoladas, lejos del centro, y no estaba muy de acuerdo con la decisión de su mamá. "Fue re traumático que mi vieja formara otra pareja", confiesa. Y añade: "Le hice la vida imposible a todos". Pero el tiempo voló, la situación económica se hizo más estable, se anotó en la secundaria, hizo amigos, empezó a salir, casi una nueva vida, casi. Un 9 de junio recordó ese buzo de Kitty y pensó: "¿Se acordará este tipo que hoy su hija cumple 15 años? Debería acordarse". En realidad, nunca supo si su padre se acordó del cumpleaños.

Creció, empezó a trabajar, siguió estudiando, ahora profesorado de historia, descubrió su amor por la lectura y se abrió la puerta a nuevos mundos. Viajó por las Autopistas al sur con Julio Cortázar. Vio la realidad con otros ojos, a través de "Funes el memorioso" y la ceguera de Jorge Luis Borges. Multiplicó esos ciegos por miles en el "Ensayo sobre la ceguera" de José Saramago. Descubrió cuáles eran esos otros, en "El amor y otros demonios" de Gabriel García Márquez. Y con la nueva profesión, recorrió su época en la "Historia del Siglo XX" con Eric Hobsbawm. Así iba completando las hojas del álbum de su vida. Había estudiado, le iba bien en el trabajo, había formado una pareja, se había olvidado de las necesidades, pero en una hoja del álbum, faltaba una figurita.

Un cambio, una pasión

A Fernando Díaz Sánchez también le faltaba esa figurita, a pesar de que trabajaba en un kiosco de diarios y revistas. Todas las mañanas cruzaba la calle para comprar un cuarto de pan. Mariela Ortiz atendía esa panadería. Le embolsaba los miñones mientras charlaban de deportes, sin sospechar que juntos la iban a descubrir. Fernando empezó a trabajar en un gimnasio, Mariela empezó a ir a ese gimnasio. El le dijo que tenía que correr, ella que no estaba segura. Él le escribió una rutina de una semana de trote en un papel. "Yo todavía guardo ese papel", dice Mariela. Hoy ese papel ya tiene 13 años, Fernando consiguió así a su primera alumna y Mariela, a los 28 años, a su primer entrenador. Habían completado el álbum, habían encontrado su pasión.

La primera competencia de Ortiz fueron los 7 km del Día Olímpico, en Costanera Sur, y casi llega última. "Bueno, me sentía muy mal", se ríe, y explica: "Tuve que ir al baño a mitad de la carrera". Pero lo que no mata fortalece y quiso demostrarse que podía. Sus primeras carreras fueron los circuitos de Cross de Nike, pero empezó a ganarlos tan seguido que le sugirieron que no vaya a todos, así había más emoción. Luego se volcó de lleno a la calle. "Tuve esa época donde corrés todos los fines de semana, sea donde sea", apunta. Las marcas mejoraban; pero había un techo. Después de competir, trabajaba todas las noches en el restaurant que tenía con su marido. "A la 1 de la mañana le pedía por favor que me mandara a la caja, porque me explotaban las piernas". Pero no importaba si cerraban a las 2 o a las 3; al otro día estaba a las 7 de la mañana entrenando. El techo estaba ahí, en el trabajo. Y como golpe de gracia, su entrenador se fue.

Mariela Ortiz junto con sus amigas de la Agrupación Los Ñandúes en la pista del Cenard
Mariela Ortiz junto con sus amigas de la Agrupación Los Ñandúes en la pista del Cenard Crédito: Mauro Alfieri

En 2006, Fernando se radicó en Mendoza. La relación se cortó. Los tiempos empiezan a empeorar y no aparece el rumbo, aún no tenía tan claro lo que quería. Las prioridades marchan por otro lado, ya le iba bien económicamente y notaba que el tiempo corría pero no en una carrera, sino para ser madre. Y queda embarazada. Pero, como tantas veces es su vida, no todo fue tan fácil: a los tres meses lo pierde. Después del dolor, vuelve a quedar embarazada y ahí sí deja de correr por completo porque nace Olivia. "Cuando salí de la clínica con ella en brazos, terminé de entender que mi vida había cambiado para siempre". Ni sospechaba cuánto cambiaría.

Porque también en ese momento decide dejar de trabajar para dedicarse de lleno a entrenar. Fernando vuelve de Mendoza y el combo está completo: es el inicio de su despegué como atleta de elite. Pero también de los dobles turnos de entrenamiento, de la dieta rigurosa, de la ausencia de vida social, de los viajes a la altura para sumar muchos kilómetros con poco oxígeno. El otro lado de la foto. El otro lado de ser elite.

"Lloré como una nena", dice Mariela cuando quedó 2° en los 21k de Buenos Aires detrás de Florencia Borelli
"Lloré como una nena", dice Mariela cuando quedó 2° en los 21k de Buenos Aires detrás de Florencia Borelli Fuente: LA NACION - Crédito: Graciela Zanitti

Este año viajó dos veces a Cachi, en Salta, para entrenarse a 2300 metros de altitud. Fue la primera vez que se separó de Olivia. Durante casi un mes, su mamá Mabel se hizo cargo. Pero, por lo visto, la niña somatizó la ausencia y se enfermó todas las semanas. Mariela se enteraba en la altura cacheña, entre fondos largos y visitas al masajista. "Faltando cuatro días casi adelanto el pasaje y me vuelvo", recuerda. "Ya no aguantaba más. Los últimos tres entrenamientos los terminé llorando". No sólo era dolor físico; estaba la presión de dejar todo atrás y de jugarse por un sueño que no concede garantías.

Aunque esta vez el viaje tendría un final feliz. Al regreso de Cachi se consagró Subcampeona Nacional de 10.000 metros. Ya no podía parar: nuevamente a Cachi, ahora a preparar la media maratón de la marca que la viste. Otra vez brilla, podio en la Nike; se va mostrando como una de las atletas del momento. Y casi nos olvidamos que adentro de la atleta vive una persona.

Mariela festeja los triunfos con una sonrisa, saluda a la gente que la alienta del otro lado de las vallas. La atleta se impone tanto en la calle como en pista, pero la persona que está adentro mira al público y no puede olvidar lo que le dijo hace poco su hermano Federico: "Papá quiere volver a verte, incluso ha ido a algunas carreras". Las fotos, los saludos, los trofeos se suceden. Mariela Ortiz está en el punto más alto de su carrera deportiva. Luchó mucho en silencio estas décadas, pudo descubrir su pasión. "A mí el atletismo me salvó, en el mejor sentido. Si no hoy sería una señora preocupada sólo por el traje para el acto de la nena o por las alegrías del hogar". Así lo resume: "Hay gente que se muere sin encontrar su pasión; yo la encontré y me aferro lo que más puedo a ella".

Hoy sabe que las lágrimas no son sólo de dolor. "Cuando terminé el Medio de Buenos Aires (con 1h17m38s, fue 2da detrás de Florencia Borelli ) me paré debajo el arco y lloré como una nena". Y sabe por qué: "Esa carrera resumió el trabajo de muchos años. Creo que hice que valga la pena; me di cuenta que todo vale la pena".

Mariela Ortiz vivió cuatro décadas con pisadas de fuego. Ya se podría quedar acá ganando carreras de calle, pero busca empezar de cero: en 2017 debuta en maratón. La próxima primavera europea la encontrará largando los 42,195km de Rotterdam. Sabe lo que busca: "Quiero conseguir esas cosas que el dinero no puede comprar".

-¿Y si mañana fuera tu último día?

-No lo dudo, salgo a correr. Hago un fondo infinito; tan largo hasta que se me quiebren las piernas.

Los libros sugeridos por Mariela Ortiz

Los libros vinculados al atletismo y al running que pasaron por las manos de Mariela y ella suele recomendar: Correr con los Keniatas, De qué hablo cuando hablo de correr, El método Meb para corredores, Julio Rey Biografía, Método Fermín Cacho.

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