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Es de esos pilotos que no suelen destacarse con un puesto de privilegio. Con más de 200 carreras en el Turismo Carretera, sólo se impuso en tres ocasiones. Pero eso es estadística pura. Nada más. Carlos Sáiz es de esos luchadores de mitad del pelotón, que buscan escalar posiciones entre las fricciones de las carreras y los apuros que generan los coches de adelante y de atrás.
No todos los días se cumplen 200 carreras en la categoría más legendaria del automovilismo argentino. Debutó en 1979, con un Torino, luego de hacer escuela, desde 1973, en el Turismo Nacional con sendos Fiat 128 y 125.
"Deje de estudiar cuando cursaba el sexto grado.Mi padre estaba muy mal económicamente y comencé a trabajar en un taller para ayudarlo. Y ahí me prendió el gustito por esto. Entre mecánicos siempre se quiere mejorar cualquier vehículo, por más malo que sea. Y de a poco llegué a tener lo que tengo, un taller mecánico en Turdera", confiesa Sáiz, un aguerrido representante de Burzaco en el viejo y querido TC.
Carece de recursos, como la mayoría de los participantes, pero siempre se las ingenia para ubicarse entre los de adelante. "No cuento con presupuestos buenos -agrega-, pero con mi experiencia trató de emparejar ese déficit que padezco con relación a otros competidores. Algunos compran elementos nuevos. Yo, en cambio, utilizó todo al máximo".
Eso sí, es para destacar la prolijidad con que corre Sáiz: "Es muy difícil no tener un toque cuando uno marcha en el medio del pelotón. Gracias a Dios nunca sufrí grandes accidentes. Eso es algo que rescato de mi trayectoria: la actitud ante los rivales".
El piloto de Burzaco, nacido el 9 de junio de 1950, fue testigo privilegiado de los últimos 18 años del Turismo Carretera, período en el que vivió todo tipo de sensaciones: "Si hay un piloto que admiro de todos los que corrieron conmigo, ese es Oscar Castellano.Fue muy prolijo, muy correcto y, ante todo, fue un grande de verdad. Ganó campeonatos, sabía acelerar y administrarse. Un grande. De los actuales, el que me sorprende es Guillermo ortelli. Ese chico tiene mucho futuro".
Apasionado por el ambiente que rodea a la categoría ("me gusta todo, la gente, los autos, el clima que se crea en los autódromos"), pone en tela de juicio algunas características del TC: "No estoy de acuerdo con que se efectúen pruebas los jueves previos a las carreras. Porque se agregan más entrenamientos y se producen más gastos. Pero hay muchos intereses..."
El año último, en las Dos Horas que terminaron con el bochornoso final entre simpatizantes de Ford y Chevrolet, el Falcón de Sáiz fue noticia por su acompañante, Oscar Larrauri: "Fue una mala experiencia. El corrió en mi auto porque tenemos un amigo en común, pero me quiso cobrar por estar a su lado. Al final, le tuve que pagar viáticos, cuando muchos pilotos querían estar en el Falcón", dijo Sáiz, que ve con cierta incertidumbre el futuro: "Si me compran el Ford, me retiro del TC. Ya no quiero seguir luchando contra todo el mundo porque no tengo plata".
Sáiz se forjó con mucho trabajo. Y una actitud tan devaluada en estos días bien merece un reconocimiento.
