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En los últimos días, su nombre se paseó de Lomas de Zamora a Núñez, hizo escala en San Pablo y pasó por Avellaneda. Darío Sala finalmente es la nueva incorporación de River, pero fue pretendido también por Corinthians e Independiente. Dos grandes alegrías en poco tiempo para el arquero cordobés: hace ocho días concretó el ascenso a primera con Los Andes, y desde anteayer, se entrena con el equipo bicampeón del fútbol argentino.
Sala, de 25 años, tiene una singular historia. Comenzó en la actividad como delantero; fue subteniente de Infantería, estuvo en El Palomar en el Ejército y volvió a su Córdoba natal, a los 20 años, donde comenzó su travesía por el fútbol. "Comencé a hacer deportes jugando al handbol, para el Círculo de ex Cadetes y para el Liceo Militar. Hasta llegué a la selección juvenil, pero mi historia con el fútbol es muy particular...", afirma Sala, que hasta hace poco era visitador médico.
"Yo jugaba en Deportivo Colón. Era nueve en la reserva y hacía algunos goles. Pero un día, pateando al arco antes de empezar la práctica, fui a atajar. Llegó el técnico de primera, Miguel Vallejos, y me dijo «Usted Sala, como 9 es un buen arquero». Me destruyó, pero tenía razón", comenta entre risas.
Enseguida bromea: "Como 9 era una mezcla de Riquelme y Palermo, pero me decían Romario, mitad ropero, mitad armario. En serio, un día, mi padre me fue a ver cuando jugaba de 9 y cuando terminó el partido le pregunté: «¿Papi como me viste?», y me dijo: «Querés que te mienta o te diga la verdad»..."
Así comenzó la historia de Sala en la valla : "Era el quinto arquero; había dos de primera, dos de reserva y yo. Como el arquero suplente de la reserva no fue a la práctica, me tocó ir al banco. Pero el domingo, cuando llegamos a la cancha, el titular estaba un poco borracho y no podía caminar. Así que el entrenador me dijo: «Chilavert, ponete la 1». Y salí con un miedo... Al otro fin de semana fui al banco de la primera, y como expulsaron al arquero, debuté. Me fue bien, a los dos meses salimos campeones de la liga de Córdoba", cuenta con orgullo y sorprendido.
Pero su carrera sufrió varios vaivenes: "Dejé el fútbol porque no ganaba plata y me dediqué a buscar trabajo". Poco duró su intento, y otra vez la fortuna le sonrió: "Un cura le debía plata a mi viejo y le propuso que yo jugara en el equipo y él me pagaba. Así empecé en la reserva de Juventud Católica, de Río Segundo, y también salimos campeones. Chocolate Baley se enteró que andaba bien y me llevó a Talleres".
Pero Sala no jugó en la primera y se fue a Buenos Aires; Héctor Veira lo quería en San Lorenzo. Finalmente, Sala volvió a Córdoba y jugó para Racing el Torneo Argentino A. Hasta que se lo llevaron de Belgrano. Fue un ascenso vertiginoso. Agobiado por estar sentado en el banco de suplentes llegó hasta Lomas de Zamora: "El ascenso fue un sueño cumplido. Me emocioné mucho. Cuando se suspendió el partido con Quilmes caí: habíamos ascendido y me puse a llorar".
La realidad de Sala está marcada por la sorpresa: "Lo de River superó todas mis expectativas. Sólo quería afianzarme para volver a jugar en primera con Belgrano, pero nunca me imaginé que iba a terminar en un monstruo como River. Cambiarme al lado de Bonano va a ser impresionante. Se me cumplió el sueño. Al final, todo se dio como yo quería. A pedir de Sala".
El cordobés Darío Sala se recibió de subteniente de Infantería. Hizo sus estudios en el Liceo Militar General Paz, de los 13 a los 18 años. "En los cinco años de servicio, salí entre los diez primeros promedios. Además, estuve siempre en el cuadro de honor", cuenta con orgullo el arquero.
Luego continuó en el Colegio Militar, en la Primera Compañía de Infantería. "Después estudié un año de abogacía, pero no era lo mío. Y al final, en diciembre último, me recibí de visitador médico. Pero no me voy a quedar con esto, algo voy a seguir estudiando", cuenta Sala.




