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Marcelo Salas jugó ayer su último partido por torneos oficiales de la Asociación del Fútbol Argentino. Y el próximo jueves frente a América, de México, por la Copa Libertadores, será su despedida definitiva de los hinchas de River. Se va a Italia para jugar en el campeonato más exigente del planeta. En enero último, Lazio pagó más de 23.000.000 dólares por su pase.
Claro que antes de llegar a esa cifra escalofriante, el delantero chileno, con su juego y sobre todo con sus goles, se fue metiendo en el corazón de los hinchas de River como pocos jugadores lo hicieron en los últimos tiempos.
El romance comenzó en su primer partido completo como titular, nada menos que frente a Boca, en la Bombonera, y marcando un golazo, aunque no sirviera para evitar la derrota en el clásico.
A partir de ese momento los goles y las grandes actuaciones se fueron enhebrando como las cuentas de un rosario. Goles y campeonatos, una fórmula soñada para cualquier futbolista profesional.
Y como si fuera poco, sus actuaciones sirvieron para que Chile tuviera su lugar en Francia luego de 16 años de ausencia. Posibilitó que en su país se desatara la "salasmanía". Y detrás de ella arribaron los dólares que lo obligarán a aprender a hablar el italiano.
Ahora, a punto de irse, no pasa por su mejor momento. Pero, más allá de cualquier bajón en su juego y su eficacia goleadora, en los espectadores la última impresión que le quedará grabada en la retina, será el saludo taurino luego de cada conquista del chileno.
Algo que en su adiós al Clausura no pudo verse. Estuvo cerca dos veces. En los primeros minutos del partido Passet le sacó un cabezazo; luego, perdió el gol al llevarse por delante la pelota y devolvérsela al arquero que no había podido retener un remate cruzado de Hernán Díaz. Fueron sus únicas maniobras destacadas frente a San Lorenzo. Y su rendimiento general en el Nuevo Gasómetro estuvo muy por debajo de lo esperado.
Le quedan noventa minutos para sentir el cariño de la hinchada que lo adoptó. Y los simpatizantes esperan que frente a los mexicanos reaparezca el Matador que tanto los hizo gritar. Quizá por eso la retirada de ayer no lo tuvo como protagonista de los gritos. Se fue como si volviése en la próxima fecha. Como uno más dentro de un mediocre River.
Sucedió el sábado. Alfredo Davicce, vicepresidente de River, se encontró con Ricardo Schlieper, representante de Juan Antonio Pizzi, para buscar un acuerdo de modo que el delantero de Barcelona cambie Cataluña por Núñez.
Pedido por Ramón Díaz para reemplazar a Marcelo Salas, la intención de los dirigentes de River es que Pizzi se sume a préstamo por seis meses, después del Mundial.
En realidad, el problema más grande es la definición de la Copa Libertadores, que se realizará una vez concluida la Copa del Mundo. Para ese entonces, River ya no podrá contar con el chileno, pues el delantero trasandino se irá a Italia para jugar en Lazio.
Ahora habrá que ver si Pizzi acepta venir por seis meses y si, después, se pone de acuerdo en los aspectos económicos.
River presionará para que Gijón pague, porque, además de necesitar el dinero, no tiene intenciones de que Trotta regrese a Núñez. En el caso de que no se pueda llegar a un acuerdo, los millonarios buscarían negociar inmediatamente el pase del ex defensor de Vélez y Racing.
River jugará el jueves contra América, que ayer quedó eliminado del torneo mexicano al perder por 2 a 1 con Toluca.




