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San Lorenzo es un buen equipo. Una formación sólida, estructurada, confiable. Que sabe levantarse de la mala, cuando lo gobiernan los golpes, como aquel, al salir de la rueda inicial de la Copa Libertadores, un año después de haberse consagrado por primera vez. Se levantó el Ciclón, con las armas de siempre, solidez, compromiso táctico, optimismo al extremo. El esfuerzo es tan amplio, tan generoso, que tiene su recompensa: acaba en el tope en la rueda alocada del torneo de los 30 equipos, antes del corte por la Copa América. Nadie puede pasarlo, ni hoy, ni mañana. Sin embargo, su rostro no se exhibe rozagante. Algo le falta. Algo que tiene y que no muestra.
El empate sin goles contra Belgrano, en realidad, es un engaño: los arqueros son figuras imprescindibles. Olave, el de Belgrano, contiene cuatro ocasiones de riesgo serio. Torrico, el de San Lorenzo, resuelve un penal a Chiqui Pérez (una inocente falta de Buffarini a Velázquez) y un mano a mano con Zelarayán. Pudo haber ganado San Lorenzo si encontraba la puntería extraviada, como en aquel disparo de Blanco que chocó contra un poste, luego de un taco de Cauteruccio. No se trata, precisamente, de este encuentro solamente. San Lorenzo no muestra todas sus cartas. No se trata de una acusación al equilibrio de Edgardo Bauza, el conductor que supo encontrar pimienta en un equipo que solía jugar sin condimento. Sin embargo, tiene jugadores de sobra, y confianza en la estructura global para aspirar a algo superador. Por ahora, le alcanza. Prefiere gastar lo justo y necesario, sin excesos.
Empezó mal y acabó bien el semestre. Hubo una ovación para Julio Buffarini, que posiblemente se irá a Brasil. Otra para Torrico, que encontró en San Lorenzo su lugar en el mundo. Las palmas, los cantos, surgen luego del espectáculo entretenido, en el que Belgrano hizo su parte: no fue un espectador circunstancial en la casa del poderoso. Ahora, el equipo que dirige el Ruso Zielinski arriesga, se entrega, ataca con mayor fervor. Reúne a algunos exponentes del juego audaz y se asume como tal. No le hizo la vida fácil a San Lorenzo.
Los volantes y los delanteros de San Lorenzo no tuvieron una tarea destacada. Ni Romagnoli, ni Blanco (tal vez, jugó su último partido con la camiseta del Ciclón, sin haber dejado su huella), ni Cauteruccio, ni Matos tuvieron chispa para transformar las buenas intenciones en ocasiones de riesgo vital. El Ciclón es un equipo aguerrido, estructurado, que no tiene un intérprete estelar cuando cae en el embudo de la lógica. No le sobran galeras ni bastones, aunque cuente con un ejército de bien intencionados y obedientes. Cuando no encuentra el resquicio, se repite, no se transforma.
Es el líder, entre otros asuntos, porque es optimista, porque sabe sus limitaciones y porque tiene una virtud extraordinaria: no caerse jamás. Es un sello distintivo del Patón, que seguramente pedirá dos refuerzos de jerarquía para el último semestre de su gestión, que seguramente volverá a instalarse en el exterior. Tiempo al tiempo: ahora piensa en la diagramación de la pretemporada, que se hará entre el 21 y el 28 en Salta. Eso sí: sin la presencia de Leo Franco, de 38 años, el ex arquero de la selección que analiza retirarse del fútbol.
"Vamos a pelear para seguir manteniéndonos en lo alto", asume Bauza. Seguramente, tiene todo San Lorenzo para seguir en el primer lugar. Podría agregarle a esa lucidez mental una buena dosis de atrevimiento colectivo.
Bauza, en el balance
"Enfrentamos a un rival muy duro, por eso creo que sumamos un punto. No tuvimos un comienzo bueno de año, nos quedamos fuera de la copa, pero nos reacomodamos y estamos arriba en el torneo", fue el análisis de Edgardo Bauza, el DT de San Lorenzo.
Torrico le gana a Pérez
Sebastián Torrico le contuvo otra vez un penal a Chiqui Pérez y en el mismo arco del Nuevo Gasómetro: le adivinó el remate al defensor de Belgrano como en 2013, cuando acertó contra el zaguero que jugaba en Boca. "Es una racha, sólo le adiviné la intención. Esta vez me tiré para el otro lado", aclaró.



