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¿Quiénes son esas que se arrastran por el fango, muertas de risa, irreconocibles? ¿Es Alejandra Gulla esa que corre por todo el club Lomas en busca de más compañeras para enchastrarlas en el barro? ¿Son, acaso, ésas las chicas que apenas un par de minutos antes aplastaron a Santa Bárbara y gritaron campeonas antes de tiempo?
Sí, son ellas, que no paran de gritar, cantar, saltar. Son las campeonas del Metropolitano femenino de hockey sobre césped de 2003. Son las chicas que usualmente visten de verde, pero que tiñeron todo de ese marrón que les envuelve el cuerpo. Ni la cara les queda libre de tanto barro. Pero eso no impide ver la satisfacción en sus rostros. Una fecha antes de que termine el certamen, las jugadoras de Lomas festejaron el título, el 15° de su historia.
Lo hicieron a su manera, con mentalidad ganadora, como explicó su entrenador, Roberto de Bianchetti, después de la consagración. "Fue el mejor equipo. No sólo porque tuvo a las mejores jugadoras, sino porque tiene otra virtud esencial: no se desespera ante las circunstancias negativas. Los otros equipos lloran cada vez que pierden a una jugadora. Nosotros, por ejemplo, perdimos a Silvina Mas por su embarazo. Y no tengo dudas de que fue la mejor del torneo. Pero seguimos adelante."
Lo dice convencido. Pero esa convicción, antes de ser enunciada, se mostró en el campo de juego. Es cierto que enfrente tenía a un rival de inferior categoría, que ya está descendido. Pero las diferencias que se presumían las hizo evidentes desde el arranque, con ese gol al minuto de Gulla. Luego llegaron los otros siete, para que se destaque Mariana Lategana con cuatro tantos.
Cuando faltaban un par de minutos, Paula Stella, desde el banco, empezó a gritar por el campeón. Es que en otra cancha, Ciudad, el escolta, empató con Mitre y le cedió el campeonato a Lomas. Aunque en la próxima fecha Ciudad iguale el puntaje del campeón, la definición se toma por cantidad de partidos ganados. Y en ese rubro, el equipo del Sur tiene ventaja.
Por eso suena la chicharra del final del partido y se desata la fiesta anticipada, en el centro de la cancha. Todos se abrazan, pero Lorena Galván, tiene un llanto desconsolado, que no se frena. "Lo esperé mucho tiempo -dice mientras se enjuga las lágrimas-. Yo ya fui campeona, pero éste era especial porque me sentí muy parte del equipo, más protagonista."
Pero se escapa. La espera el resto del plantel para esa ceremonia del barro, a un costado del césped sintético. Allí perdieron sus signos distintivos y fueron casi irreconocibles. Lo que sí se percibió fue la satisfacción de todas. Bien por ellas.
Debía ganar su encuentro para mantener las aspiraciones, pero Ciudad de Buenos Aires apenas igualó con Mitre 1 a 1 y permitió el festejo anticipado de Lomas. En el segundo tiempo, Salani adelantó a Mitre, pero enseguida igualó Ubeira. Y a tres minutos del final, la arquera Julieta Griguoli le contuvo un penal a la capitana de Muni , Pzellinsky. Allí se le escapó la última oportunidad.




