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PEKIN.- Hace dos meses, en Buenos Aires, un grupo de periodistas chinos comenzó a hacer entrevistas para publicarlas en su país. Reportearon a representantes de la mayoría de los medios que tendrían enviados especiales en los Juegos Olímpicos, para contar cómo vivirían Pekín 2008 los argentinos. Pero algunas preguntas llamaron la atención. Por ejemplo, "¿usted escribirá sólo de deportes o tocará también temas sociales?" Aunque no se puede ligar directamente una cosa con la otra, no hace falta repetir lo mucho que se habló del control que el servicio de inteligencia chino podría ejercer sobre la prensa acreditada.
En julio pasado, el senador republicano Sam Brownback presentó un informe en el que indicaba que el gobierno chino estaba desarrollando un sistema para espiar y recoger información de cada turista, periodista o familiar de deportista que se hospedaría en un hotel durante los Juegos Olímpicos. Esto generó cierta incomodidad en las empresas de alojamiento: "Los hoteles están enojados con toda razón, ya que se hallan en la incómoda posición de tener que comunicar a sus clientes que sus consultas, comunicaciones, búsquedas y teclas accionadas serán espiadas por el gobierno chino", dijo el legislador norteamericano a la agencia Reuters.
La única respuesta de las autoridades ante esta situación fue que las medidas eran para "promover el desarrollo saludable y ordenado de Internet, salvaguardar la seguridad del Estado, mantener el orden social y proteger los intereses públicos", según narra en una nota José Reinoso, del diario español El País.
Los servicios de Internet de banda ancha en la gran mayoría de los hoteles son gratuitos. Línea de entrada a la máquina segura y controlada. Los chinos se jactan de tener lo que llaman "The Great Firewall". El firewall es el elemento de seguridad informática que, complementado con un antivirus, protege a la computadora. En este caso, aprovecharon el juego de palabras con la Gran Muralla (The Great Wall).
Lo cierto es que uno se siente permanentemente vigilado. Pero debe de ser para nuestra seguridad Durante la ceremonia inaugural, las señales de Internet y comunicación vía msn en los pupitres de prensa se vieron interrumpidas sistemáticamente, pero, ¿a quién no se le cayó alguna vez la conexión?
Hay más. Primer día de un enviado en Pekín. A la vuelta de una cena, su placa inalámbrica para conectarse a Internet sin usar el servicio del hotel por cables ya no estaba en la habitación. El cronista recorrió cada centímetro en busca de ella, pero no estaba en ningún lado. En la recepción del que es uno de los hoteles oficiales de los Juegos atendieron el reclamo; salieron chinos de todos lados para preguntar qué había pasado. Nadie sabía nada, no entendían lo que ocurría.
Dos días más tarde, la placa apareció bajo un sillón, en la misma habitación. Las demás cosas estaban en su lugar. El periodista, ahora, temía ser tratado como un paranoico. "¿Acaso no la habré visto en aquel momento? ¡Pero si revisé cada rincón!", manifestó, dudando.
Lo mejor, siempre, es seguir adelante, pensar que nada pasó. De lo contrario, uno puede volverse loco.
Siempre es bueno que un hotel tenga caja de seguridad. Lo más probable es que uno no quiera llevar todo el dinero siempre consigo, o que pretenda guardar documentación que considera valiosa, como los pasajes de regreso y su pasaporte, siempre que tenga otro documento que lo acredite en su estada en una ciudad extranjera; en este caso, la credencial olímpica.
Pero, ¿qué pasa si al regresar se topa con que, al abrir con su clave electrónica la caja de seguridad de su habitación está el pasaporte de otra persona y no el suyo? Esto es grave. Se busca al dueño del pasaporte, alojado en el mismo hotel y... "magia china", como lo denominaría luego un miembro de la embajada argentina. Esta otra persona, también periodista, halló nuestro pasaporte en su caja de seguridad. Alguien los revisó e intercambió. Seguramento por error...
Esta vez fue más duro el pedido de explicaciones. "Señores, tal vez ustedes salieron juntos y los cambiaron sin darse cuenta", dice la recepcionista, que se ríe, con cierta ingenuidad... Luego habla en chino con sus superiores, por teléfono y a los gritos.
En la caja de seguridad había mucho dinero, pero no faltó ni un centavo. El único detalle es que teníamos el pasaporte de otra persona. No hubo robo ni pruebas contundentes de la invasión a nuestra privacidad. No habrá denuncia. ¿Sería más confiable llamar a la policía, tal como lo ofrecieron en el hotel?
"Mañana le daremos una respuesta", contesta la misma recepcionista. Nunca la habrá. "Me parece estar viendo una película de espionaje", se sorprende otro periodista argentino que observó toda la discusión. Falta mucho para el cierre de los Juegos. Hay que hacer lo que ellos: estar atentos, reforzar nuestra visión periférica. Seguir trabajando. Pensándolo bien, al fin de cuentas... aquí no ha pasado nada.



