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PORTO ALEGRE (De nuestros enviados especiales).- Wanderley Luxemburgo es de esos técnicos que prefieren no dejar nada librado al azar. Por eso estuvo de acuerdo desde el primer momento con sumar a una psicóloga. Cuentan en el búnker verdeamarelo del hotel Plaza San Rafael que ella, Susy Fleury, se pasea por la habitaciones con una frecuencia inusual. Se reúne con los jugadores y mantiene varias charlas en el día. ¿El tema? Todo apunta a elevar el coraje y el amor propio antes del segundo duelo con la Argentina. Hoy es el gran tema en Brasil. El que llegó a quitarle el sueño a Luxemburgo.
"Nunca una noche se me hizo tan larga", confió el técnico cuando llegó a Porto Alegre. Se refería a la del sábado, posterior a la caída con la Argentina. No podía dormir. Caminó por el hall del hotel Sheraton, subió a su habitación en el piso 17, miró televisión y dio mil vueltas en la cama. Los ojos seguían bien abiertos. A las 4.15 pidió un Lexotanil y después de las 5, finalmente, se durmió. "Lo que pasa es que soy un mal perdedor. La Argentina jugó al máximo de su potencial, no va a jugar más de eso. En cambio, nosotros podemos rendir mucho más", dijo entusiasmado en la intimidad.
Ayer al mediodía atendió a la prensa. Junto con todo el plantel y de manera cordial. En ningún momento admitió que su malestar se debía -y persistirá hasta que sus jugadores le demuestren lo contrario en la cancha- a esa falta de entrega que lo fastidió. "La Argentina ganó bien, hizo los méritos, es incuestionable. Jugó y marcó. ¿Qué debemos cambiar? Los jugadores ya saben lo que deben corregir", contestó. En ese "jugó y marcó" que destaca está la clave. Entendió que los suyos no contagiaron fervor. Incluso, recriminó duro ante la prensa a Ronaldinho, a quien apuntó "por entregarse muy mansamente a la marca de Samuel".
Sin embargo, volvió a confiar en los mismos once apellidos. "¿Por qué? Porque debo ser coherente conmigo, creo en estos jugadores y este esquema de juego. Por un mal partido o flojos 45 minutos no puedo ser lapidario con nadie. Si vos un día escribís un mal reportaje no te gustaría que inmediatamente te echen, sería injusto... Bueno, yo acá aplico lo mismo", analizó. Otros dicen que la cabeza de Ronaldinho no rodó porque el partido se juega aquí, y el garoto de Gremio es el mimado de Porto Alegre. Diplomacia, que le dicen.
Luxemburgo reclama otro compromiso de sus jugadores con la marca. ¿Lo pueden hacer o el brasileño sólo es jogo bonito? "No, eso es mentira, la marca la siente. Yo tengo grandes jugadores y prefiero convencerlos de que marquen y no cubrir la cancha de zagueros para asegurarme más combatividad. Es más fácil pretender que el que sabe marque, en lugar de que el que tiene que marcar invente", analizó.
Brasil será local y el DT no le teme a la impaciencia. Al contrario. "Es natural que nos hagamos fuertes como locales. Eso también te debe ocurrir cuando estás en tu casa y recibes a alguien. ¿No te sientes más ancho? En el fútbol también pasa." Luxemburgo confía, apuesta y espera respuestas.


