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MELBOURNE.- Las chicas que hoy dominan el circuito explotan su feminidad al máximo; tienen en común el irrenunciable sentido de la coquetería. Son modelos vestidas de tenistas. Serena Williams, por ejemplo, ingresa en el gimnasio del Melbourne Park como si lo hiciera en un shopping, con un bolsito en el que lleva a sus nenas, Lorelei y Jackie, sus pequeñas perras. La atractiva italiana Flavia Pennetta, ex novia de Carlos Moya, acude a las conferencias de prensa maquillada meticulosamente. Sin embargo, todas ellas tienen una amenaza en los courts; menos glamorosa, menos llamativa, igual de millonaria, pero mejor campeona. Justine Henin, tras 18 meses sabáticos, volvió al ruedo y cómo lo hizo. Derrumbó a jugadoras más jóvenes, con más oxígeno, pero menos calidad; aunque no se conforma, ya logró lo que añoraba: sentirse útil otra vez.
Por lo pronto, ya está en semifinales del Abierto de Australia tras vecer anoche a la rusa Nadia Petrova (19a) por 7-6 (7-3) y 7-5. Y es apenas su segundo torneo desde que emprendió el regreso. Su reaparición resultó como un soplo de aire fresco en un circuito aletargado. Y detrás de ese gran fenómeno belga, hay un argentino, un mentor criollo: Juan Carlos Tití Rodríguez.
Nació en Vicente López, es hincha "de Platense y de River", jugaba al tenis, aunque, según él, con escaso talento. "No era muy bueno que digamos? [sonríe]. Jugaba algunos torneos de ATP por dinero, me empezó a gustar la vida en Europa y como financieramente no podía vivir del tenis en la Argentina, me mudé a Bélgica, donde tuve amigos que me ayudaron a integrarme. Ya hace 24 años que me fui, desde 1988 que no voy a mi país, tengo dos hijos belgas, de 6 y 11 años, y mi mujer es austríaca. No tengo nostalgia, aunque me hubiera gustado que mis hijos tuvieran un poco más de calle, de picados. Ibamos a ir este fin de año, pero cuando en julio pasado Justine me dijo que quería volver a jugar, tuvimos que posponerlo", explica Rodríguez.
-¿Cómo conoció a Henin?
-No fue por azar, porque yo trabajaba en una academia y su padre me pidió que la entrenara. Era una niña. Yo estaba con otra chica top 10, Dominique Monami. Pero cuando la vi a Justine, la conexión fue inmediata. Hoy, creamos una academia juntos en Bruselas, con una sucursal en Orlando, y en China, a partir de septiembre. Además, creé una compañía en la que damos seminarios para empresas.
-¿Cómo manejó el tiempo de la inactividad?
-Fue difícil, porque ella salió del tenis como una estrella y pasó al anonimato. Pero nos permitió conocernos mejor.
La madre de Henin, Françoise Rosière, profesora de historia, falleció por una cruel enfermedad cuando la belga tenía 12 años. Fue un duro golpe, porque además de la unión sanguínea, Françoise había llevado a Justine, de niña, a Roland Garros, quizá como una premonición: Henin conquistó el trofeo cuatro veces en París. Su crecimiento fue acompañado por sufrimientos personales: tuvo una relación conflictiva con sus hermanos, con su padre y hasta un divorcio en 2007. En esa tormentosa vida, Rodríguez actuó como soporte psicológico de la ex número 1.
"Es sensible, muy simple, reservada, generosa y fiel -cuenta Tití-. No tiene delirios de grandeza o de estrella. Tiene los pies sobre la tierra. La campeona es ella, yo me gano el pan como puedo. Sé que durante este tiempo los sponsors del circuito femenino estaban retirándose, decían que no era atractivo, que no había nivel. Pero pienso que Justine y también Kim Clijsters van a darle un plus al tenis. El problema es que la gente quiere que los chiquitos a los 15 o 16 años ya sean buenos y es humanamente imposible de crear un jugador completo a esa edad. Si no entienden eso, el tenis seguirá en su mediocridad. Los padres son víctimas de la gente que entiende, de los entrenadores, agentes, sponsors? Justine hasta los 17 o 18 años no jugó un Grand Slam, siempre me han criticado por eso."
-¿Por qué cree que no surge una argentina que se mantenga en la cima?
-No lo sé. Cuando veo la calidad de jugadores y entrenadores de la Argentina, que dicho sea de paso son los mejores del mundo, no me lo explico. Quizá sea un problema de contagio.
-¿Entrenaría a un argentino?
-No, porque la mentalidad es muy diferente y se me va a hacer difícil adaptarme. Tengo una forma de trabajar que quizá no cuadre con la Argentina. En Bélgica, me encontré con un país estructurado, pero muy profesional. No sé si todos los argentinos se adaptarían a mi estilo.
-¿Qué le provoca la aparición de Del Potro?
-Ojalá tenga los hombros sólidos para soportar la presión. Está muy bien acompañado por Franco [Davín]. Después de Vilas y Clerc, la Argentina tiene un potencial número 1 del mundo por muchos años. Me parece que tiene calma y eso es fundamental.
"Primero está uno y luego, tu equipo." Así respondió Rafael Nadal a la pregunta sobre si prefería ganar el Abierto de Australia, o que la selección española de fútbol se consagrara campeona del mundo en el Mundial de Sudáfrica.

