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Otro caso de doping con duro final para el tenis argentino. Un nuevo revés en medio de grandes resultados. Cara y ceca es la realidad de la Legión, que deslumbra con sus conquistas, pero que desde hace cinco años recibe golpes por esta circunstancia.
Mariano Hood es el castigado. Pero para ser concretos, también se trata de un damnificado de un código establecido para perseguir a quienes buscan la trampa y que no es capaz de atender ningún tipo de contemplaciones.
En el mundo del tenis, Hood es considerado uno de los mejores tipos del circuito. No es un dato menor. Desde hace diez años, el Niño, como se lo conoce, lucha contra la caída del pelo. Y desde entonces, ingiere unas pastillas que contenían finasteride, sustancia que hasta principios de 2005 no figuraba en el Código WADA, norma a la que la Federación Internacional de Tenis tuvo que suscribirse para seguir perteneciendo a la familia olímpica.
La falla de Hood fue no haber advertido la modificación de la regla y no haber anunciado que estaba consumiendo esa sustancia. Marche preso, sin piedad, entonces. Sin medias tintas, pues para el tribunal, un perdón significa establecer jurisprudencia.
Y encima, Hood tuvo la mala suerte de pasar un semáforo en rojo sin darse cuenta, justo en el momento en el que la Federación Internacional de Tenis encara su combate más duro contra el doping.
Basta repasar los recientes castigos para comprobar que no hay mano blanda. En trece años de programa, nunca se había sancionado a una mujer. Y en enero apareció la primera: la adolescente búlgara Sesil Karatantcheva, con dos años. Sin contar, en el medio, las mismas dos temporadas para Cañas y las ocho para Puerta.
Hood recibió un mazazo que le puso fin a su carrera. Más allá de su error, también es cierto que en un caso como el suyo no hay contención para los protagonistas. La ATP, el ente que los nuclea, parece más preocupada por el marketing y la expansión de un negocio que por la educación de los profesionales. En el medio está la ley, fría y tajante, que no diferencia al justo del pecador.


